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Beber alcohol en ciertas cantidades podría limpiar el cerebro

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/16/2018

El alcohol podría limpiar el cerebro para bien, un tipo de reset que no es el de la borrachera

Aunque todos saben que beber mucho alcohol daña profundamente la salud humana, diversos estudios han revelado reiteradamente una correlación entre beber cantidades moderadas de alcohol y un menor riesgo de enfermedades mentales y cardiovasculares. Esta aparente contradicción -que en realidad muestra que el veneno o la medicina están en la dosis- ha sido algo que los científicos han intentado explicar sin mucho éxito, hasta hace poco.

En un reciente experimento, un grupo de científicos daneses estudió el efecto del alcohol en ratones. Los roedores recibieron dosis bajas (equivalentes a 2.5 bebidas para una persona de 70kg), medianas y altas, y se midió su afectación en el sistema glinfático (el cual se encarga de limpiar los desechos del sistema nervioso). Los resultados mostraron que las dosis bajas de alcohol mejoraron en un 19% el desempeño del sistema glinfático; los ratones que recibieron dosis medias no mejoraron y al final no se mantuvo el grupo de dosis altas, ya que muchos de estos ratones murieron. Por otro lado, se hicieron pruebas cognitivas y se notó que las dosis bajas de alcohol no afectan el desempeño cognitivo, pero las dosis medianas sí lo hacen, de manera negativa.

Los investigadores creen que estas pruebas podrían explicar por qué el alcohol en dosis bajas parece mejorar la salud del ser humano (particularmente, ayudando a evitar enfermedades neurodegenerativas en las cuales, aparentemente, juega un papel el sistema glinfático). Sin embargo, advierten que los resultados no pueden ser extrapolados al ser humano sin que se realicen otros estudios, pues los ratones no metabolizan el alcohol de la misma manera que nosotros. 

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Ikigai, el concepto japonés para encontrar satisfacción en la vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/16/2018

Encontrar el equilibrio de estos 4 ámbitos de la vida es la clave para la felicidad

El ser humano es, hasta donde sabemos, el único ser vivo que necesita dar a su existencia un propósito. Entre el momento en que nace y adquiere conciencia de sí y el instante de su muerte, su tiempo en esta tierra necesita estar animado por algo, lo cual a su vez va cambiando a lo largo del tiempo, pues el sentido de la vida no nos parece el mismo en la juventud –cuando comenzamos a preguntarnos sobre ello– que en la madurez o la vejez. 

Al respecto, vale la pena decir esto que a veces se olvida: no hay una sola respuesta a la pregunta por el sentido de la vida porque, de entrada, cada persona debe elaborarla por sí misma y, por otro lado, porque esa es una pregunta que es necesario sostener al hilo de nuestra existencia, que a veces, a la luz de ciertos hechos que vivimos, responderemos de algún modo y a veces de otro.

En ese curso, sin embargo, contamos con alguna asistencia de otros como nosotros que se han preguntado qué hacer con su vida. En el caso de la filosofía oriental, encontramos la idea del “ikigai”, una palabra japonesa que se traduce como “vivir la realización por la que habíamos esperado” y también como “aquello por lo cual vivir es valioso”. Nada más y nada menos. Recordemos que ya Albert Camus, al inicio de El mito de Sísifo, consideraba que no era otro el problema fundamental de la filosofía más que decir si la vida valía o no la pena de ser vivida. En Japón, esa respuesta está en el ikigai.

Aunque el desarrollo de esta idea es histórico, en años recientes ha cobrado nuevos bríos en razón, probablemente, de la insaciable búsqueda de sentido del hombre contemporáneo. Ahogados como vivimos en la prisa de vivir, en las múltiples ocupaciones, en la respuesta incesante a estímulos omnipresentes, el ikigai se ha presentado como una posibilidad de dar curso a la vida, de parar por un momento para reflexionar y decidir conscientemente sobre la dirección de nuestra propia existencia.

En ese sentido, el ikigai está basado en cuatro simples preguntas:

¿Qué amas hacer?
¿Qué eres bueno (a) haciendo?
¿Qué necesita el mundo de ti?
¿Por qué de lo que hagas puedes recibir un pago?

Si cruzamos esas áreas, el resultado es este:

Como vemos, la felicidad se encuentra ahí donde todo está en equilibrio: amas lo que haces, eres bueno (a) en lo que haces, esa ocupación genera un impacto positivo en el mundo y además recibes un ingreso a cambio que te permite vivir dignamente. 

Asimismo, cabe hacer notar que dicho balance se refiere tanto al individuo como a la sociedad, pues no es sólo que, egoístamente, puedas hacer lo que quieras, sino también que esto genere un cambio favorable en la comunidad a la que perteneces.

Fuera del papel puede parecer difícil vivir así, pero parte del propósito de filosofías como esta también es animarnos a construir el mundo que queremos. Quizá hoy tu ocupación principal te parezca vacía o insatisfactoria; quizá hoy amas lo que haces pero batallas para pagar las cuentas más elementales… ¿pero quién puede decir que mañana será igual? ¿Quién puede decir si no, quizá mañana, todos tengamos al menos una oportunidad de vivir una vida de plenitud?

 

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