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Autos que se manejan solos abundan ya en Arizona, pero no han logrado computar el factor impredecible del comportamiento humano

Para los que no lo han notado, la era de los vehículos que se conducen solos está calladamente entrando en vigor, y eso pese a que aparentemente no se ha logrado perfeccionar el sistema. Un Uber autónomo atropelló a una pedestre en Tempe, Arizona, el primer accidente mortal en Estados Unidos con autos que se conducen solos, si bien ya la compañía Tesla había reportado percances. 

La policía informó que el auto estaba en modo autónomo durante el siniestro -estando el operador dentro del auto- y atropelló a una mujer que caminaba fuera de la banqueta. Uber publicó sus condolencias y dijo que detendrá sus operaciones de autos que se conducen solos en las ciudades de Phoenix, Pittsburgh, San Francisco, y Toronto.

El hecho tiene además relevancia ya que uno de los accionistas de Uber es Google, la compañía que desarrolla muchos de estos autos autónomos; se cree que el plan futuro es que se prescinda de los conductores y todo se realice de manera automatizada.

La tecnología de los autos supuestamente debe ser capaz de detectar a pedestres y ciclistas. El incidente ha generado llamados a fortalecer las regulaciones en torno a estos autos robóticos, que aparentemente no son capaces todavía de predecir el comportamiento humano. Este es el ruido que sigue entrando al algoritmo. 

En Tempe se ha detectado con frecuencia el uso de estos vehículos en piloto automático, pero se ha notado que algunos autos sin operadores suelen circular por las calles, algo que obviamente puede ser un problema. Esto se debe a la política que ha implementado el gobernador, de dejar a las compañías de tecnología probar sus nuevos inventos en el estado de Arizona. 

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Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 03/19/2018

Una consecuencia inesperada de la geolocalización satelital aplicada en personas

El uso del teléfono celular se encuentra tan extendido y normalizado que muy pocas personas se preguntan por los efectos que esto tiene tanto en su vida personal como a nivel colectivo. Mucho se habla de la “adicción” a las redes sociales, de la distracción permanente a la que nos ha llevado este gadget, pero también se encuentra el hecho de que con teléfono en mano siempre estamos produciendo y consumiendo: produciendo data que otros capitalizan y consumiendo mercancías que nos mantienen embelesados mientras ocurre esa distracción. El grado de esta producción es tal –multiplicada por millones a cada instante– que seguramente está fuera de control, por más que se nos haga pensar lo contrario. 

Prueba de ello es un “incidente” en el que se vio involucrada la app Strava, que goza de cierta popularidad como “asistente” portátil de entrenamiento físico y, según se supo (aunque no por las mejores razones), es usada también por personal militar de Estados Unidos, Rusia y Turquía (entre otros países), quienes en varias ocasiones salieron a correr con la app funcionando y en algunos casos incluso la mantuvieron activa mientras realizaban pruebas de vuelo y, como resultado… la app reveló la posición de bases militares que hasta hoy eran secretas. Al parecer, aun cuando el personal se encontraba en zonas remotas, inhabitadas, hubo quien creyó que era buena idea llevar la cuenta de sus pasos, los kilómetros que corrió ese día y quién sabe, quizá hasta compartir su récord personal en Facebook.

En noviembre pasado, la compañía que posee la app liberó información sobre más de 3 mil millones de puntos de geolocalización satelital (GPS) y quizá nadie habría notado nada en ese maremágnum de data de no ser por un análisis del Institute for United Conflict Analysts (IUCAnalysts), una consultoría incipiente, especializada en los flujos de información relacionados con conflictos militares, inteligencia, guerras, etc. En Twitter, Nathan Ruser, fundador del IUCA, ha sido especialmente explícito sobre estas revelaciones involuntarias.

El incidente tiene su lado irónico porque exhibe también, descarnadamente, el poder que los datos personales tienen en nuestros días, tan desmedido por su misma naturaleza y por la forma en que se generan y se recolectan, mientras que en ese sistema que se presenta tan perfecto y controlado en realidad hay fugas, huecos, puntos ciegos. 

 

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