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Efecto placebo o cómo tu cerebro libera opioides de manera natural

Salud

Por: pijamasurf - 03/14/2018

En un estudio se encontró que el giro frontal medio es la región del cerebro que mayor estimulación muestra a la hora de activarse el fenómeno

El efecto placebo, investigado por primera vez en el siglo XVIII por el inglés John Haygarth y definido como ‘placebo’ en una publicación de The Lancet (1920) por T. C. Graves, es la respuesta  positiva del cuerpo ante una sustancia o tratamiento que no posee propiedades terapéuticas activas. De acuerdo con los investigadores, se trata de un fenómeno tanto fisiológico como psicológico que permanece en el misterio, pues no se sabe exactamente cómo funciona realmente en el cuerpo humano.

Ahora, poco a poco se han ido realizando avances que develan la complejidad del efecto placebo. Entre ellos se encuentra la investigación de un equipo de la Universidad del Noroeste en EEUU, quienes observaron las imágenes de resonancia magnética –fMRI– de 98 voluntarios con osteoartritis crónica de rodillas, con el fin de identificar la región específica cerebral relacionada con el efecto placebo. En el estudio se encontró que el giro frontal medio es la región del cerebro que mayor estimulación muestra a la hora de activarse el fenómeno.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores eligieron aleatoriamente a 39 voluntarios y usaron la mencionada técnica para identificar a aquellos que respondían positivamente al tratamiento. Los investigadores lograron identificar el 95% de las ocasiones en que estos voluntarios respondían al tratamiento de placebo, lo cual permitió no sólo eliminar de las pruebas clínicas a aquellos particularmente afectados por los placebos, sino también leer con mayor precisión la eficacia de las drogas en función de la contabilidad del efecto placebo.

En palabras del equipo de científicos, este tipo de investigación podría ayudar a “predecir a las posibles personas que responderían positivamente al placebo en una población que sufre de dolor crónico y así ayudar a desarrollar medicamentos personalizados y cimentar el éxito de las pruebas clínicas”. Es decir, al identificar la región específica del cerebro que se activa durante un período de dolor crónico, es posible desarrollar una droga o medicamento que ayude a reducir la actividad de este punto.

Desgraciadamente, la prueba se realizó con un grupo de control bastante pequeño y con dolor a largo plazo, por lo que, como explican los investigadores, es importante realizar un análisis en una población mayor y quizá con dolores aislados para comprobar su hipótesis. El objetivo de estos experimentos será entender por qué ocurre el efecto placebo en nuestros cuerpos.

Para Joe Hanson, de It’s Okay To Be Smart, “la eficacia del placebo se encuentra relacionada con nuestra percepción sobre lo sofisticado que es un tratamiento. Es salvaje –una cosa que no tiene un valor terapéutico puede funcionar mejor que aquella otra con valor terapéutico–”. De modo que podría decirse que se trata de una reacción de supervivencia del cuerpo para reducir la percepción misma del dolor, aguantar la insoportable realidad que puede agobiar a un individuo y liberar dosis sorprendentes de dopamina o de opioides. Para conocer más sobre el tema, dale clic al siguiente video.

 

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Por: pijamasurf - 03/14/2018

Quejarse es una conducta que entrena a tu cerebro a perpetuar la ansiedad. Hay quienes comparan la ansiedad con una epidemia y consideran que existen ciertas conductas que facilitan su propagación

Hay quienes comparan la ansiedad con una epidemia y consideran que existen ciertas conductas que facilitan su propagación; por ejemplo, el consumo casi exacerbado de las redes sociales se ha relacionado fuertemente con síntomas de depresión y ansiedad. El doctor Robin Kowalski, profesor en psicología de la Universidad de Clemson, opina que las quejas excesivas programan al cerebro a volverse deprimido y ansioso. En otras palabras, el pesimismo eterno, aquel monstruo mental que nunca está conforme con nada y encuentra siempre razones para dejarse arrastrar por el lado negativo, posee el poder de ocasionar períodos de depresión y ansiedad.

Para Kowalski, no se trata de eliminar los pensamientos negativos o quejas acerca de las diferentes circunstancias de alrededor sino de reducir la incidencia y equilibrarlos con medidas adecuadas, soluciones y toques de esperanza. Dado que los picos de negatividad son normales y promueven un reinicio en nuestros sistemas tanto nervioso como psíquico, significa que son aspectos fundamentalmente positivos en nuestro día a día; sin embargo, su exceso puede resultar en síntomas de depresión, ansiedad u otros trastornos emocionales.

Según diversas investigaciones basadas en el principio de Donald Hebb –“las neuronas que nacen juntas, permanecen juntas”– los grupos de neuronas conectados en nuestro cerebro son el resultado de nuestras experiencias particulares de la vida. De modo que con “cualquier cosa que pensemos o sintamos o nos provoque sensaciones, miles de neuronas son disparadas y forman una red neuronal interna. El cerebro aprende a disparar las mismas neuronas con un pensamiento repetitivo”. En otras palabras, nos convertimos en aquello que pensamos y decimos; y si enfocamos nuestras creencias en la crítica, la preocupación y victimización, la neuroquímica del cerebro se regulará en función de dichos pensamientos influyendo directamente en nuestro estado de ánimo.

De acuerdo con Kowalski, existen cuatro actividades que ayudarán a mantener bajo el pesimismo:

– Mostrarse agradecido por los detalles.

– Estar consciente de uno mismo: de las sensaciones físicas, emociones, sentimientos y necesidades.

– Iniciar un nuevo patrón en donde uno se entrene a ver lo negativo y desarrollar soluciones para cambiar nuestra reacción ante la circunstancia que nos incomoda. Dado que nunca podremos obligar a los otros a cambiar, siempre podemos alternar nuestras reacciones y modos de enfrentar eventos que nos hacen sentir mal.

– Practicar el esfuerzo, recordándonos que la productividad forma parte de la naturaleza humana y, por lo tanto, de uno mismo. Es decir, continuar dando el mejor esfuerzo para cada una de las áreas de nuestra vida, buscando y llevando a cabo las soluciones pertinentes.

La principal idea, para Kowalski, es cambiar nuestros patrones de pensamiento de unos negativos a unos positivos para reducir la incidencia de cualquier trastorno del estado de ánimo; y para hacerlo es necesario un entrenamiento cognitivo, el cual permitirá incluso sanar viejas heridas que continúan afectando negativamente el autoconcepto.