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Lupercalia, las orgiásticas fiestas de las cuales se desprende el Día de San Valentín

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/14/2018

Las lupercales eran fiestas paganas de la fertilidad de las cuales, al parecer, se fue gestando el Día de San Valentín

A pesar de que los historiadores no tienen muy claro cuál es el origen de la celebración de San Valentín, parece que la Antigua Roma podría ser un buen punto de comienzo para entender el surgimiento de esta fiesta. Entre el 3 y el 15 de febrero los romanos celebraban la fiesta de lupercalia, un rito de fertilidad que llenaba Roma de mujeres y hombres desnudos.

Esta era una fiesta pagana, que hoy sería políticamente incorrecta en extremo. Los historiadores creen que las lupercalia eran algo así como la versión hardcore de otra festividad llamada februa, relacionada con la purificación de la primavera. En la lupercalia, los sacerdotes (luperci) ofrecían sacrificios a los dioses en una cueva donde supuestamente habían sido nutridos por una loba los míticos fundadores de Roma, Romulo y Remo (el término lupercalia significa "la fiesta de los lobos"). Después del sacrificio, básicamente seguía una orgía un tanto bizarra. “Los románticos romanos estaban alcoholizados y desnudos durante esta fiesta”, afirma Noel Lenski, de la Universidad de Colorado.

Es difícil saber hasta qué punto la naturaleza un tanto perversa y desmesurada de los romanos es exagerada, pero según se cuenta, siguiendo los relatos que hace Plutarco, la ciudad estaba llena de hombres y mujeres desnudos dándose latigazos. Se creía, por ejemplo, que los látigos (y los latigazos) de piel de ciertos animales hacían más fértiles a las mujeres. La visión histórica suele simplificar y hacer casi todo lo antiguo un rito de fertilidad. Posteriormente se llevaba a cabo una rifa en la que cada hombre sacaba el nombre de una mujer, y las parejas estaban destinadas a copular mientras duraran las festividades. No se podría decir que el amor no circulaba libremente en esta fecha, aunque lo hacía de una forma que probablemente hoy nos parecería denigrante. 

Hay que mencionar que la fiesta actual de San Valentín tiene un linaje bastante antiguo y no sólo orgiástico sino también romántico. Con el paso de años la celebración se fue suavizando y luego, de la mano de Shakespeare y Chaucer, se comenzó a romantizar y a popularizarse en el Reino Unido y el resto de Europa. Con el trabajo de estos poetas la festividad fue civilizando su paganismo y volviéndose más romántica (ya que, en realidad, lo romántico casi no existe sino hasta el amor cortés de finales del Medievo). Shakespeare hace mención de la fecha en A Midsummer Night's Dream, como la fecha en la que los pájaros se empiezan a aparear, sintiendo los primeros bríos energéticos del año. Los tórtolos de San Valentín. Incluso fue antes, poco después de Chaucer, cuando se comenzó a hacer tarjetas de papel con mensajes amorosos. Así que si bien se podría decir que la festividad tiene un origen un tanto oscuro, también es cierto que no fue "inventada" de la nada y celebra en cierta forma el triunfo de la civilización y la evolución, más suave, del amor. Y es que aunque algunas personas pueden hablar de la fiesta como una oda al consumo, sin duda son mejores las rosas y los bombones a los látigos (aunque, quizás, en la moda del bondage y el S&M tenemos un poco de la herencia original de esta lupercalia).

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¿Es una relación abierta la clave para un vínculo feliz?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/14/2018

Tomando en consideración que la monogamia es tan sólo uno de los muchos estilos que existen en la diversidad sexual, ¿por qué no considerar que se puede establecer un vínculo con una tercera persona mientras se mantiene una relación de amor, respeto e intimidad con la pareja de siempre?

Relaciones abiertas, poliamor, swingers y fuck-buddies, son algunos de los ejemplos de prácticas sexuales que desafían a la monogamia  y que dan una nueva perspectiva para vivir el amor de la manera más adecuada a las necesidades propias. Desgraciadamente, como lo menciona la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, “los espacios vitales más opresivos son los que […] presentan más resistencias al cambio” y, por lo tanto, cuesta trabajo aprehender estos estilos de vida con tanta naturalidad como la monogamia. Se les rechaza, se les acusa de impropios, impuros e incluso anormales; se les trata como un “permiso a la infidelidad sin recibir las consecuencias”. Ahora bien, ¿y si este tipo de apertura se tratase de la clave para una relación de pareja íntima, fuerte y feliz?

 

Tomando en consideración que la monogamia es tan sólo uno de los muchos estilos que existen en la diversidad sexual, ¿por qué no considerar que se puede establecer un vínculo con una tercera persona –sexo casual, poligamia o poliamor– mientras se mantiene una relación de amor, respeto e intimidad con la pareja de siempre? Basándonos en que monogamia y relaciones abiertas son vínculos sociales, ambos requieren del mismo esfuerzo, cariño, adaptación y crecimiento tanto personal como de pareja; sin olvidar el establecimiento de acuerdos acerca de la comunicación, los límites con la familia, amigos o compañeros, lealtad/fidelidad, limpieza del hogar, actividades u objetivos tanto en común como individuales, etc. Es decir, monogamia y relaciones abiertas podrían considerarse como dos caras de una misma moneda que necesitan un proceso de desarrollo psicoemocional y sexual para alcanzar un máximo nivel de bienestar en general.

Si bien es verdad que lo primero que surge como una cachetada en la cara es el miedo acompañado de una oleada de celos, las relaciones abiertas resultan una alternativa saludable para aquellas parejas que no pueden establecerse dentro de los límites monógamos. No porque se trate de una depravación, sino porque se puede sentir deseo y amor por dos o más personas al mismo tiempo; y ambas no tienen que competir entre sí por distinguirse como la mejor o peor, la primordial o secundaria, pues ese sentimiento que surge es puro, genuino y correspondido.

 

Para llegar a ese punto habiendo superado el escepticismo y los celos, es importante un mindset nuevo sobre el amor y la pareja como dos individuos con sus respectivas sexualidades que sólo deciden compartirlas con sí mismos, y la conciencia de que para construir intimidad, confianza y un amor que vaya más allá de las películas se requiere trabajo en equipo para superar errores y aciertos, altas y bajas y problemas de comunicación, y la motivación de seguir adelante en el proceso. En otras palabras, se trata del diagrama de Venn: el otro y uno son círculos que al unirse forman una intersección que, para que permanezcan juntos, necesita la inclusión del trabajo en equipo como pareja.

De hecho, y gracias a este nuevo mindset, se requiere continuar buscando y alcanzando objetivos personales, laborales o académicos permitiendo el empoderamiento propio –y del otro–, de modo que conforme uno se empodera de libertad al cumplir los sueños, se empodera a la pareja para que haga exactamente lo mismo. Entonces, y casi de manera natural, nos inunda una especie de renovación de autoconfianza que se extiende en la confianza en la pareja. No es novedad que el empoderamiento personal ayude considerablemente a reducir las oleadas de celos; sin embargo, en esta nueva etapa es importante ir introduciendo rasgos estoicos e introspectivos acerca de las inseguridades personales. En otras palabras, uno necesita observarse a sí mismo para discernir por qué las acciones de nuestra pareja viendo a otra persona nos hace sentir mal, y así poder contemplar diferentes alternativas para solucionarlo, tales como acuerdos enfocados en que la relación abierta sea sólo de coqueteo, sólo sexual o sólo emocional. Se trata, en otras palabras, de un proceso de autocuidado en que la base de la relación abierta es el bienestar de ambos, la libertad consensuada y el amor de un cuidado propio y hacia la pareja. Después de todo, la relación abierta se trata de un vínculo basado en la comunicación, los límites y acuerdos que pretenden generar estabilidad en cada uno de los implicados. Y eso, según sus practicantes, es lo que brinda felicidad en la relación y reduce significativamente tanto las peleas y los dramas como los celos.