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Las asombrosas similitudes entre los recuentos de experiencias cercanas a la muerte y el 'Libro tibetano de los muertos'

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/13/2018

Las descripciones que hacen las personas que han vivido una experiencia cercana a la muerte y lo que enseña el budismo tibetano sobre el mundo intermedio son sumamente parecidos y dejan mucho que pensar

El Bardo Thödol, mejor conocido como Libro tibetano de los muertos (aunque esta traducción es imprecisa), es un texto que se lee a los muertos en el  budismo tibetano con la intención de ayudarlos a navegar el mundo intermedio o bardo para que puedan lograr la liberación y no reencarnar en un lugar indeseado. El investigador Daniel Bourke ha comparado lo que se enseña en este texto, el cual es supuestamente el resultado de las experiencias de maestros budistas que recuerdan sus vidas pasadas y sus incursiones en el bardo, con las experiencias cercanas a la muerte que en los últimos años se han estudiado y de las cuales se han acumulado interesantes reportes en la literatura médica.

El Libro tibetano de los muertos es en cierta forma un manual de instrucciones para navegar el mundo intermedio, similar a las instrucciones que podría recibir alguien que quiere tener sueños lúcidos. Lo fundamental en el texto es que la persona que navega el estado liminal se dé cuenta de que lo que experimenta en este mundo intermedio o limbo es resultado de y responde a su propia mente. Padmasambhava, a quien normalmente se le atribuye el texto originalmente, señala: "¡Cuando la experiencia incierta de la realidad se presente, que pueda yo hacer a un lado todo pensamiento de miedo, terror o asombro, y que reconozca las visiones que aparecen como reflejos de mi propia conciencia". Todos los fenómenos que aparecen, como ocurre en un sueño, son las radiaciones imaginativas de la mente.

El texto, como enseñan otras tradiciones como la egipcia, sostiene que al principio el mundo que se experimenta suele moldearse de tal forma que se parece al ambiente y a los objetos que le son familiares al individuo. Una de las experiencias más documentadas de la literatura científica, la de George Ritchie, tiene paralelos en este sentido. Ritchie cuenta que cualquier pensamiento que tuviera aparecía instantáneamente, materializándose de manera expedita.

Bourke señala que existen muchos relatos de experiencias cercanas en los que las personas interactúan con seres que aparecen para confortarlos, algo así como hacerles menos terrorífica la transición con situaciones familiares. El filósofo A. J. Ayers, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte, dice: "La primera vez que traté de cruzar el 'río' me sentí frustrado, pero la segunda vez lo logré. Fue algo extraordinario. Mis pensamientos se convirtieron en personas".

Bourke dice que un tema recurrente en las experiencias cercanas es la sensación de un incremento de inteligencia o lucidez o una agudización de los sentidos. La persona está en muerte clínica o en coma profundo, pero aun así tiene estas experiencias, que además son en extremo nítidas y significativas. En el Bardo Thödol se dice que es importante que una persona escuche el texto, porque con sólo oírlo una vez y sin comprenderlo es probable que en el estado post mortem lo recuerde, porque "la inteligencia se vuelve nueve veces más lúcida" allí. Son numerosos los casos de individuos que al tener una experiencia cercana a la muerte sienten cómo su mente se vuelve más lúcida y pueden percibir con más claridad. Esto mismo es reforzado por la sensación de que lo que se vive no es una alucinación, sino algo más real que la realidad todavía. 

El almirante Sir Francis Beaufort, quien en 1795 sintió la muerte al casi ahogarse, describió la siguiente experiencia: "aunque los sentidos estaban apagados, no así la mente, la actividad parecía vigorizada, a un nivel indescriptible, puesto que el pensamiento se elevaba del pensamiento a una velocidad inconcebible". Esta es otra de las experiencias comunes, la noción de que el tiempo se comprime y se pueden experimentar instantes largos como años o eones. El doctor Eben Alexander, neurocirujano de Harvard, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte que transformó todas sus creencias, cuenta que la claridad de su visión y sus pensamientos le hicieron pensar en "una función cerebral, no más baja, sino más alta". 

Luego existen casos de personas que no podían ver u oír y que en estos estados pueden ver u oír con una novedad milagrosa. Esto es algo que el texto tibetano también afirma exactamente. El texto también señala que, en el bardo, la persona puede viajar a cualquier destino con sólo dirigir su intención. La literatura recoge el caso de una mujer llamada Lisa que, al encontrarse flotando por encima de la habitación, se preguntaba qué hacer. Sus entrevistadores señalan: "La respuesta le llegó instantáneamente. Se dio cuenta de que todo lo que necesitaba hacer era dejar que la mente le dijera a su alma a dónde moverse, y con sólo hacer esto, el alma viajaría a su destino".

Por otra parte, el psicólogo Charles Tart, estudiando experiencias de desdoblamiento o extracorporales, notó que lo más común es aparecer en un lugar en el que apenas un momento atrás habías pensado.

Tanto el texto como la literatura médica abundan en relatos de que la persona que experimenta no puede comunicarse con las personas vivas, y esto es una fuente de frustración. Incluso se ha especulado que las experiencias cercanas a la muerte podrían ser un "mecanismo evolutivo de confort" para los que mueren.

Otro tema que se repite frecuentemente es la noción de un juicio final, de una balanza en la que se ponen los actos o de una revisión de los hechos realizados durante la vida, lo que en el budismo tibetano se ha llamado "espejo de karma", episodio que a veces incluye un encuentro con el Señor de la Muerte. En los relatos modernos existen numerosas experiencias de evaluación y revisión, aunque muchas suelen ser evaluadas o revisadas solamente por el propio individuo. Se tienen experiencias típicas de "ver la película de la propia vida". En algunos casos aparecen ciertos seres como elfos o ángeles, que son los encargados en mostrar los sucesos. El anestesiólogo Goren Grip relata que en una experiencia cercana al muerte volvió a experimentar cada momento de su vida, tanto lo que él había vivido como la perspectiva de las personas a las habían afectado sus actos.

Daniel Bourke concluye que hay una completa correspondencia entre las experiencias cercanas de la muerte y el Libro tibetano de los muertos, lo cual no es una prueba de que exista una vida después de la muerte. Se podría tratar de paralelos en los estados de conciencia visionarios o místicos, donde se presenta una lógica onírica. De cualquier manera, las coincidencias son fascinantes.

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Es difícil rebatir que vivimos en tiempos materialistas. La visión materialista de la ciencia es altamente efectiva y el mundo se ha secularizado en parte por la hegemonía de la visión científica de la realidad -lo real es lo que se puede medir- y en parte porque las religiones organizadas se han vuelto en muchos casos instituciones decadentes, que no sólo han sido vinculadas con crímenes recurrentes sino que no han logrado brindar una visión coherente actualizada del mundo y, aún más, mantener vivas tradiciones que provean experiencias verdaderamente religiosas, es decir, que reconecten al ser humano con una realidad trascendente.

Aunque el valor de la ciencia es indiscutible, justamente en los beneficios materiales que provee hay algo de lo cual carece y de lo cual el mundo está hambriento: de sentido o propósito para la existencia. La ciencia describe el mundo de manera precisa y transforma la materia para producir herramientas que nos benefician, pero no puede en sí misma responder a las grandes interrogantes existenciales y explicar cosas cómo por qué y para qué estamos en el mundo. O, si es que acaso llega a responder a esto, sus respuestas no suelen ser satisfactorias, porque la visión materialista no encuentra sentido en la vida -más allá de pasarla bien mientras se diseminan nuestros genes-, ni directriz o inteligencia en el universo. El ser humano no tolera mucho tiempo un mundo sin sentido, inerte, ciego y azaroso. Para motivarse suele necesitar sentir un espíritu en las cosas, una conexión con algo más grande que él o ella, y tiende a querer encontrar una visión que le permita creer que podrá seguir existiendo y que sus actos tienen consecuencias más allá de la muerte. Algunas personas creen que por eso la idea de la divinidad y de la vida después de la muerte es tan poderosa y está tan enraizada en nuestra mente. De cualquier manera es natural que, pese a la llamada "muerte de Dios" y con el alma extraviada, el hombre recurra a la espiritualidad para encontrar sentido, si bien ahora suela deslindarse de lo religioso. 

El problema de esto es que en un mundo en el que las viejas tradiciones religiosas pierden poder, en el vacío que dejan, surge una espiritualidad diluida, asociada con el new age y con el mercado de bienes consumibles. Un materialismo espiritual, como lo llamó Chögyam Trungpa, en el que surgen innumerables ofertas, y los buscadores son consumidores que van de un producto a otro, generalmente buscando sólo afirmar su ego o cayendo en las redes de charlatanes y demás.

Algunas personas buscan lidiar con esto defendiendo la idea de que que no es necesario un gurú; fieles al individualismo moderno, creen que lo pueden hacer ellos mismos y no aceptan abrirse y entrar en una relación con un maestro espiritual, que los vuelve altamente vulnerables. Sin embargo, todas las grandes tradiciones espirituales de la humanidad han postulado la importancia fundamental de una maestro espiritual o preceptor, y no sólo, como suele creerse, las orientales, si bien es cierto que en el budismo o en el hinduismo, por ejemplo, el maestro espiritual no sólo es esencial sino que a veces es el sine qua non para poder practicar dentro de ciertas tradiciones, donde incluso puede llega a reemplazar la idea de una divinidad. Evidentemente existe con ello un gran riesgo, pero también una gran oportunidad de avanzar más rápido. En lo que se basa esto es en que si una persona es capaz de tener fe en el estado de iluminación o despertar de otra persona, nada será más poderoso e íntimo para que ella misma pueda conseguir este estado.

El budismo llama al tiempo de decadencia espiritual en el que vivimos "una época degenerada" y el hinduismo habla del Kali Yuga, la era oscura, la era de la ignorancia. En estos tiempos seguramente es muy difícil encontrar un maestro espiritual, pero quien realmente tiene una convicción de que existe una realidad espiritual y de que es vital trabajar la propia conciencia para poder descubrir la verdad, entenderá la necesidad de encontrar un maestro espiritual. En este sentido, creemos que las recomendaciones que hace el maestro budista Dzongsar Khyentse Rinpoche para la búsqueda de un maestro espiritual son relevantes.

Dzongsar Khyentse hace estas recomendaciones para las personas que buscan un maestro particularmente dentro del budismo tántrico vajrayana, y aunque este tipo de budismo tiene ciertas características muy especiales (entre ellas, que el alumno debe ver a su maestro como el mismo Buda y confiar absolutamente en él), creemos que pueden servir para cualquier tipo de practicante, ya que hablan en su mayoría de puntos que son comunes a todo tipo de senderos espirituales. Lo importante para estas tradiciones y lo que puede causar una disonancia cognitiva es hacer que una persona despierte, no seguir las buenas costumbres. En este hacer que una persona despierte hay puntos sumamente finos, donde se pueden violar las normas sociales con comportamientos que oscilan, a veces de una forma imperceptible, entre el abuso y la gran compasión.

En el budismo vajrayana es sumamente importante que el alumno evalúe a su maestro antes de tomarlo como gurú raíz; es aquí donde debe aplicarse el espíritu crítico que enseñó el Buda; luego, y siempre y cuando el discípulo tenga profunda fe en los principios básicos de las enseñanzas (como es, por ejemplo, creer en el hecho de que el despertar es posible, que la budeidad es algo que todos los seres tienen como naturaleza esencial y, por lo tanto, una persona puede encontrarse con un auténtico maestro que le sirve como un espejo para él mismo destapar estas cualidades), el alumno se entrega al maestro y decide hacer todo lo que éste le diga. Lo importante aquí, ya que esto es algo tan extraordinario, es que el alumno sea capaz de primero ejercer la razón crítica y luego suspender la duda. Ya que lo que solemos ver en el mundo son nuestras propias proyecciones, es imposible que se progrese mucho si no se tiene una fe clara y constante.

Dzongsar Khyentse señala en su libro The Guru Drinks Bourbon? que es casi imposible encontrar a un maestro que tenga todas las cualidades de un verdadero maestro de vajrayana, pero con que tenga varias de estas cualidades uno podría darse por bien servido.

El buen gurú:

1. Ha entendido la visión última [de la realidad]

Esto es, el gurú debe comprender las enseñanzas más altas (y bajas) de su tradición y vivir conforme a ellas.

2. Debe tener una mente abierta

Un buen gurú debe entender las diferencias culturales y sociales y tener cierta flexibilidad. "Un gurú de mente abierta debe entender (por ejemplo) por qué una estudiante lesbiana tiene problemas imaginando un consorte masculino" (en el tantra se visualiza a las deidades masculinas y femeninas en unión).

3. Es reluctante a enseñar

Generalmente, un buen gurú no hace proselitismo y se reserva para alumnos realmente dedicados.

4. Tiene muchos conocimientos

Un buen gurú debe conocer los textos clásicos y tener una buena formación tradicional, si bien el método y la práctica son igualmente o más importantes que la teoría.

5. Tiene disciplina

Es difícil que alguien haya alcanzado un gran estado de realización sin cultivar la disciplina. Aunque existen historias de grandes yoguis vagabundos o mahasiddhas, que no hacían nada o que se la pasaban bebiendo y demás, estos casos son especiales -y están fundados en que estas personas han alcanzado un estado de conciencia que trasciende lo que nos parece normal- y no quitan en ningún sentido la importancia del autocontrol y la práctica constante.

6. Es amable

Esta es una cualidad admirable y fundamental en un ser humano que ha progresado espiritualmente en la vida. Hay que tener cuidado, sin embargo, porque la amabilidad aparente puede ser una forma de teatralidad.

7. Tener un linaje

Dentro del budismo vajrayana un linaje es indispensable porque esto es lo que significa el tantra, la continuidad de una transmisión de maestro a discípulo de ciertas prácticas, muchas de ellas esotéricas, con las que se asegura que el estado que define a esta escuela -el vajra- sea perpetuado. Ahora bien, hoy en día existen muchos "rinpoches", que tienen las credenciales pero no tienen el estado. Así que si encuentras un auténtico maestro que no tiene el linaje, obviamente es mejor que un seudotulku con todas las iniciaciones.

8. Es progresivo

Dzongsar Khyentse cree que las enseñanzas deben ser capaces de adaptarse a los tiempos y a los contextos de las personas. El gran ejemplo en esto fue Chögyam Trungpa.

9. Es humilde

Generalmente un buen gurú no se autolisonjeará  sobre todos sus logros y virtudes, sino que atribuirá su conocimiento a su propio gurú y mostrará su devoción a su maestro y respeto por las enseñanzas.

10. No está interesado en tu cartera, ni en tus piernas, ni en tus pies

Su interés debe ser erradicar la ignorancia; no tu dinero o tu sexo.

11. Tiene un gurú y una tradición viva

12. Es devoto de las tres joyas

En el caso del budismo esto es refugiarse siempre en el Buda, en el dharma y en la sangha (la comunidad de monjes o practicantes); en otros casos, puede extrapolarse perfectamente con la importancia de que el maestro siga los principios básicos de su tradición.

13. Confía en la ley del karma

En el budismo existen enseñanza esotéricas sobre la naturaleza última de la realidad que podrían sugerir que en la realidad absoluta el karma, en tanto la cadena de causa y efecto, deja de tener eficacia, ya que se existe de manera no-dual, perfectamente libres desde siempre. Pero un maestro debe enseñar a sus alumnos dando un buen ejemplo, desde la realidad relativa en la que éstos se mueven y bajo un sendero progresivo.

14. Es generoso

Debe ser generoso e inspirar a la generosidad.

15. Te lleva a un entorno virtuoso

Un buen gurú debe buscar desenredarte del samsara, no darte fama y poder y demás.

16. Ha dominado cuerpo, palabra y mente

17. Es gentil y cuidadoso

18. Tiene percepción pura

Esto es un término técnico del vajrayana que significa que el gurú ve el mundo de manera pura, como si todo fuera sagrado, divino. Y debe ver en sus mismos alumnos su naturaleza luminosa o búdica, debajo de la personalidad y de las apariencias.

19. No te juzga

Si bien el gurú debe ser capaz de ver los aspectos de tu personalidad que te obstruyen el camino y debe ser implacable en buscar que elimines esas obstrucciones, no debe juzgar si sus alumnos son buenos o malos o tener preferidos. Y no debe ser intolerante a las fallas.

20. Vive bajo los principios budistas

21. Se cuida de no hacer daño

El gurú debe tener cierta moralidad.

22. Perdona

23. Tiene medios hábiles

Este es otro término técnico, que significa que un buen gurú es creativo y compasivo y capaz de encontrar los medios para que sus alumnos avancen.