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¿Quieres sacar un mejor provecho de las primeras horas del día? Mira este consejo

“No es que tengamos poco tiempo de vida, sino que malgastamos mucho de éste”, nos dice Séneca en De la brevedad de la vida. Y por un momento podríamos darle la razón, al menos como ejercicio hipotético. 

Si echamos un vistazo a nuestra vida diaria y comenzamos a hacer cuentas, probablemente nos demos cuenta de que la preocupación un tanto neurótica de que el día “no nos alcanza” para hacer todo lo que quisiéramos está acompañada de pequeñas o grandes fugas por donde ese tiempo se nos escapa. Los “5 minutos” más que le pedimos al despertador por la mañana para seguir durmiendo, las visitas frecuentes que hacemos a las redes sociales a lo largo de nuestro día, la procrastinación de ciertas tareas en las que nos enfrascamos sin antes reflexionar si son útiles o si son la mejor manera de conseguir lo que buscamos, etc. Si hacemos ese balance, es muy probable que terminemos de acuerdo con Séneca: no es que el día no nos alcance, sino que no ponemos atención en qué estamos haciendo con el tiempo de nuestra vida.

En este contexto, la mañana adquiere una relevancia especial. Las primeras horas que pasamos despiertos en el día tienen cierta significación propia, simbólica incluso, pues de algún modo son siempre un comienzo, un punto de arranque, como si la creación del mundo ocurriera de nuevo cada día, según dice Marcel Proust. 

Las mañanas están llenas de planes, intenciones, deseos de hacer y completar, pero… ¿cuántos de esos proyectos se malogran? ¿Cuántas veces te ha ocurrido que tenías tanto por hacer, que consideraste factible realizar todo ello y al final la mañana se fue así, de súbito, y quizá incluso el día entero, y de todo lo que tenías planeado apenas pudiste hacer una pequeña parte? 

Si es tu caso, sin duda es momento de que tomes conciencia de tu propio tiempo de vida. ¿Qué estás haciendo con él? ¿En qué lo estás ocupando? Dicho de otro modo, y particularmente para el caso de las mañanas, ¿qué te está impidiendo aprovechar esas primeras horas del día?

A este respecto, Nick Wignall tiene una propuesta interesante. Wignall es psicólogo clínico y además es un autor entusiasta de artículos y obras en donde sostiene que la psicología conductal puede utilizarse para que las personas alcancen sus objetivos profesionales y laborales. 

En su caso, asegura que para cuando el reloj marca las 9:00 de la mañana, usualmente ha cumplido ya con su rutina de higiene personal, ha escrito el borrador para un artículo o para el capítulo de uno de sus libros, ha meditado por algunos minutos, ha reunido información para su trabajo futuro y ha dedicado una 1/2 hora a promocionarlo en redes sociales. Y así todos los días: lunes, viernes, con frío, con calor. Nada mal, ¿no?

Según Wignall, el secreto para tener una mañana realmente provechosa es aburrirse por las noches. Así de sencillo. Su consejo es que hagas algo “aburrido” antes de dormir. Lava tus trastes, limpia tu casa, cocina, prepara tus cosas para el día siguiente (la comida que llevarás al trabajo, los libros que necesitarás en la escuela, etc.), teje, lee una revista o un libro, medita, realiza una rutina de estiramiento muscular… La elección es tuya, pero lo que sea que hagas, es fundamental que esté en el punto diametralmente opuesto al exceso de estimulación en que vivimos ahora

Wignall nos da estas razones para entender el sentido de su recomendación.

 

Razón 1: la conexión entre relajación, sueño y descanso

No puedes hacer que un auto que va a 120km/h salga de la autopista sin reducir antes la velocidad, dice Wignall, para quien ese “aburrimiento” es una especie de requisito o prólogo para una noche de descanso efectivo –que, a su vez, es imprescindible para despertar con ánimo y energía al día siguiente–. 

Todas estas luces que nos rodean, esta sobreexcitación del mundo moderno, la actividad que no cesa, son nuevas para nuestro cuerpo y nuestro cerebro, que por siglos han estado habituados a la separación clara entre el día y la noche, el tiempo del trabajo y el del reposo.

Duerme para descansar, y poco a poco comenzarás a conquistar tus mañanas.

 

Razón 2: evitar la resistencia matutina

¿Cuántas mañanas te has quedado “5 minutos más” en cama sólo porque nada en la perspectiva de tus actividades del día te estimula para levantarte y comenzar? Si fuera diferente, ¿qué pasaría? Si las cosas que tienes que hacer son también las que quieres hacer, ¿no saldrías de la cama inmediatamente después de abrir los ojos? 

Para Wignall, esa es otra razón para hacer actividades “aburridas” en la noche como preparar la comida que comeremos al día siguiente, la ropa que vestiremos o los distintos instrumentos que utilizamos en nuestra rutina cotidiana. 

La idea de este psicólogo clínico es ocupar la mañana en lo que realmente nos emociona hacer.

 

Razón 3: la claridad del día

Una de las grandes ventajas de despachar temprano las actividades de tu rutina es que tu tiempo adquiere una claridad acaso inesperada y desconocida. De pronto, puedes distinguir con nitidez cómo está dividido tu día, a qué dedicas más o menos tiempo, cuánto te toma realizar algo y si acaso podrías cambiar eso…

 

En pocas palabras: tomas conciencia de tu propio tiempo, lo cual, en esencia, es la clave para aprovechar no sólo tus mañanas, sino tu vida en sí.

 

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/15/2018

Hay ocasiones en que cuando nos damos cuenta de que no podemos postergar en el tiempo aquellos propósitos, una oleada tanto de decepción como de fracaso puede inundarnos hasta llevarnos al fondo de la tristeza

Se acaba el primer mes del año 2018. Es una etapa crucial para continuar u olvidar uno por uno los propósitos de Año Nuevo, se trata de un combate entre la fatiga de la cotidianidad y la motivación por los cambios. Hay ocasiones en que cuando nos damos cuenta de que no podemos postergar en el tiempo aquellos propósitos, una oleada tanto de decepción como de fracaso puede inundarnos hasta llevarnos al fondo de la tristeza. Esto, en unas cuantas ocasiones, puede provocar que nuestras actitudes hacia los demás se conviertan en una especie de tsunami.

En caso de que la decepción con nosotros mismos haya entrado a nuestras vidas debido al abandono de los propósitos de Año Nuevo, te compartimos nueve actividades que puedes hacer a lo largo de un mes para convertirte en una mejor persona:

 

– Haz tu cama todos los días. Este pequeño acto es un simple detalle que potencia el sentimiento de orgullo al haber alcanzado un logro. De alguna manera, esto se transformará –desde el inconsciente– en una capacidad para continuar alcanzando diferentes objetivos.

– Utilizar zapatos adecuados para cada situación. Si bien no es muy útil llegar con stilettos a una zona devastada y en riesgo de un huracán, es importante mantener cierta congruencia en nuestros pies, tanto figurativa como literalmente. Principalmente si de ello depende nuestro bienestar general y el trato que damos a los demás –una mala medida del zapato puede, en ocasiones, provocar mal genio–.

– Lava tu cabello. Sin ahondar mucho en la tendencia de no-poo, es importante recordar que el cuero cabelludo es piel y requiere, así como si fuese el rostro, una limpieza regular. Además, esta constante de limpieza brinda una sensación de ligereza y libertad, lo cual a su vez produce una pizca de alegría que cambia la manera de relacionarnos con otros.

– Ten sexo más seguido. Ya sea la autoerotización, llamando a un fuckbuddy o realizándolo con la pareja, la idea es considerar el acto como si fuese una parte importante para mantener la salud. La idea es considerarlo tan indispensable como hacer la cama a diario. Para Cheryl Strayed, autora de Sweet Spot, al sexo hay que programarlo o agendarlo como si fuese parte de la lista de las cosas por hacer en el día o la semana. Ella explica que si bien es verdad que no siempre se tendrán ganas de sexo, cuando se hace, mejora siempre el estado de ánimo.

– Acepta las cosas que no puedes controlar. Cuando el apego nos obliga a volvernos unos dictadores de las acciones y emociones de las otras personas, caemos en una trampa difícil de superar. No se trata tan sólo de ver qué es lo que nos molesta de las otras personas –y quisiéramos cambiar–, sino de observar cómo uno reacciona ante estas circunstancias y cómo enfrentarlas de manera que deje de lastimarnos o molestarnos. En pocas palabras, aplicar sabiamente el estoicismo en nuestras vidas.

– ¿Fracasaste? Sigue adelante. No hay manera más hermosa para rendir homenaje a la vida que volviéndose residente, es decir, tomar cada fracaso o corazón roto y convertirlo en arte.

– Cada vez que el estrés alcance un nivel 6/10, distráete con algo más. No hay enemigo más poderoso y caótico del estrés que más estrés. Por ello, cada vez que uno se encuentre a tope de los deberes y las obligaciones, es importante distraerse con alguna actividad motriz: salir a caminar, estiramientos, la limpieza del hogar, hacer algún deporte, bailar, etcétera.

– Abraza tu edad. El marketing y las estrategias de integración social tienden a enfocarse en la población de jóvenes adultos, dejando a un lado la infancia y la vejez. Esto tiene efectos impactantes: los niños quieren crecer y las personas de la tercera edad no quieren envejecer. Para reducir estos efectos –y con ello combatir esta enfermiza tendencia– es importante aceptar las canas y las arrugas que salen a través de los años de la experiencia. Ashton Applewhite explica que:

Para que los movimientos tengan poder, sus miembros necesitan abrazar aquello que se está estigmatizando, ya sea ser afrodescendiente, latino o mujer, amar a alguien del mismo sexo o envejecer. Esto permite moverse de la negación a la aceptación, e incluso a la aprehensión.

– Ten siempre condones. No se trata tan sólo de prevenir embarazos no planificados sino también Infecciones de Transmisión Sexual –ITS–. Es cuestión de cuidarse y cuidar a los demás, y eso, en definitiva, te hace mejor persona.