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¿Por qué le deberías echar un ojo a ‘Bright’ aunque parezca un churrazo? (y aunque probablemente lo sea)

Arte

Por: Psicanzuelo - 01/16/2018

Bright (David Ayer, 2017) es una cinta irregular pero asombrosamente interesante por varias razones

Hasta ahora la producción más cara de Netflix, de 90 millones de dólares, resulta más que nada arriesgada. Si bien puede reflejar una conjunción de géneros y arquetipos que funcionan en la pantalla digital de manera popular, porque Netflix tiene mil y un maneras de medir estos porcentajes a nivel mundial, el mundo de las fantasías medievales reproduciéndose con las películas policíacas y de acción con aventura, no es en nada común. El resultado es Bright (David Ayer, 2017), una cinta irregular pero asombrosamente interesante por varias razones.

1) Las actuaciones. Algunos no identificables hasta la lista de créditos, por la manera como están caracterizados. Por ejemplo, Noomi Rapace interpreta a una temible villana que hace funcionar el cuento cyber medieval, gloriosos ojos de pistola que matan antes de que lo hagan sus movimientos de cobra vengadora. O el regreso triunfal de Will Smith a las pantallas resulta sorprendente, brinda humor a escenas pasadas de violencia en ocasiones tétricas, perfecta combinación muy al estilo de Los cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), algo parecido a lo que hacía en Hombres de negro (Barry Sonnenfeld, 1997).

2) Los maquillajes. Si eres de los que disfrutaste de niño las escenas con Jabba the Hutt en El retorno del jedi  (Richard Marquand, 1983) y ahora eres chavorruca o ruco que disfrutas películas de Guillermo del Toro que se basan mucho en trabajo de maquillaje, no puedes dejar de verla. ¿Te perderías de orcos que parecen reales, además de guardias Gamorreans actuales?

Un ejercito de maquillistas, entre los que destaca el nombre de Alec Gills (encargado de los orcos), crean una verosimilitud mordaz. 

3) Las escenas de acción. La razón por la que fue contratado el director David Ayer para la gran empresa resulta muy justificada, antes dirigiendo películas emblemáticas en el género de acción ya sea mezclado con policíaco callejero (antecedente de Bright) y cinta de gánsteres, Reyes de la calle (2008), o lo mismo pero súmenle película encontrada de esas en que los personajes se graban a sí mismos, Último turno (2012). O su versión antinarcóticos swat team con Schwarzenegger de protagonista. Acción combinada con película de guerra y drama con Brad Pitt en Corazones de guerra (2014). O acción combinada con película de cómics en la peculiar Escuadrón suicida (2016). Hasta los que no disfrutan mucho de las cintas de acción se darán cuenta de que Ayer se maneja en este género como pez en el agua, y la manera como maneja sus tonos híbridos mucho tiene que ver con su plataforma al estrellato: el guionismo. David Ayer antes que nada escribió guiones para cintas de acción básicas para entender el cine de acción hollywoodense de principios de la década pasada, con títulos como Rápido y furioso (Rob Cohen, Mel City, 2001) Día de entrenamiento (Antoine Fuqua, 2001). Gigantescas explosiones, coreografías excelsas de combates cuerpo a cuerpo y a tiros con pistolas, persecuciones asombrosas en vehículos que vuelan por los aires, etcétera…

4) Mundo bizarro. ¿Te perderías una cinta donde las hadas son tratadas como plagas en los domicilios, y los orcos sufren de racismo viviendo en guetos y portando jerséis deportivos largos con cadenas de oro, los elfos son millonarios y dueños de las empresas importantes y los humanos no tienen más remedio que seguirse reproduciendo para seguir poblando una nueva clase media?  

5) El diseño de producción. Aunque la cinta está llena de violencia extrema, como ya dije antes, suavizada con tremendas actuaciones, el departamento de arte tiene mucho que ver para que funcione esta locura de híbrido creando un mundo casi palpable. Por un lado el apocalipsis que son varios barrios que hay que patrullar, por otro la magia de los elfos con sus arboles de luz y piscinas en edificios de más de una planta, y por otro la sorprendente guarida del clan orco con paredes amenazantemente medievales, por mencionar algunos ambientes.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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Con estas propuestas, la sueca Erika Lust está revolucionando el mundo del porno

Arte

Por: pijamasurf - 01/16/2018

Lust se presenta a sí misma como directora, y desde hace casi 10 años ha emprendido la tarea, un tanto ardua, de nadar a contracorriente en las violentas aguas del mundo de la pornografía

De una u otra forma, todos estamos familiarizados en algún grado con el mundo de cierta pornografía. Lo más usual es que a ésta la asociemos con mujeres voluptuosas en montajes francamente falsos, que ostentan con un orgullo incomprensible lo inverosímil de la situación. En cierta forma parten de la premisa de la “fantasía” –el profesor que fornica con su alumna, el jefe que hace lo propio con la secretaria, el fontanero que termina encamado con la dueña de la casa adonde acudió a trabajar, el repartidor de pizza que ídem, etc.–, pero en todos los casos se da una paradójico ahogamiento de la misma. A diferencia de lo que sucede con las fantasías eróticas auténticas (en las que se cumple esa máxima que asegura que la imaginación es el principal estímulo del deseo, la primera de las zonas erógenas), en el porno “tradicional” hay una suerte de asesinato de dicho músculo imaginativo, como si se le atrofiara voluntariamente con el propósito de retirar todo aquello que podría estorbar al fin último de la pornografía: el consumo de un cuerpo, la consecución de un orgasmo por el orgasmo mismo, el cumplimiento de una perversión (o un goce estéril, en sentido lacaniano) pero no de un deseo verdadero.

El trasfondo de esta forma de producir pornografía es, entre otros motivos, el entendimiento de la sexualidad desde una perspectiva netamente masculina, o patriarcal según se conceptualiza en ciertos desarrollos teóricos relacionado con el feminismo. Su constante es el protagonismo del goce masculino: es porno que se hace para el disfrute del hombre, para satisfacer sus expectativas y encajar en su idea de sexualidad. No por nada la atmósfera común en cualquiera de esos contenidos es la dominación: es el hombre quien domina a la mujer o, dicho de otro modo, es la mujer quien está ahí únicamente como vehículo de las reacciones sexuales del hombre. 

Y no es que es el hombre no deba gozar. Por el contrario: él es un componente indispensable de la sexualidad humana. El problema es que, histórica y culturalmente, su lugar ha sido preponderante, principal, relegando a la mujer a un segundo plano, una posición marginal en donde se encuentra como un mero instrumento. 

En tiempos recientes, con la crítica a esa forma de entender (y ejercer) la sexualidad y las ideas de lo erótico y lo pornográfico, han surgido propuestas que intentan llegar desde otros caminos a esos ámbitos. Su pregunta, grosso modo, es cómo hacer un porno distinto que incorpore esos cuestionamientos a las ideas hegemónicas del cuerpo, el placer y lo sexual.

Entre las representantes más destacadas de estos esfuerzas se encuentra Erika Lust, una mujer nacida en Suecia que luego de cursar estudios en ciencia política, encontró en el cine erótico y la generación de otros contenidos afines su mejor medio de expresión. Lust se presenta a sí misma como directora, y desde hace casi 10 años ha emprendido la tarea, un tanto ardua, de nadar a contracorriente en las violentas aguas del mundo de la pornografía.

La premisa de sus materiales en sencilla: “Pienso que las mujeres deberían disfrutar del sexo tanto como los hombres”. Esto, al menos en la teoría. En la práctica, sabemos bien que no siempre sucede de ese modo. La relación entre el placer sexual y las mujeres no es tan dúctil como a veces se quisiera, tan sencilla, y más bien está llena de obstáculos, miedos, tabúes y otras represiones que están ahí para impedir o taponear el disfrute pleno, sincero, libre. 

Entre los proyectos más interesantes y exitosos de Lust se encuentra XCONFESSIONS, el cual inició en el 2013 y que consiste, en breve, en la puesta en escena de fantasías que personas reales le envían anónimamente a través de distintos medios digitales. Lust y su equipo eligen dos por cada mes y las convierten en cortometrajes eróticos. De esta manera, el concepto de “fantasía” recupera su intención original, al menos porque se trata de una auténtica, una que una persona cualquiera imaginó porque piensa que eso le causaría placer y no, como sucede en el porno usual, porque se cree que eso agradará a millones de consumidores de contenido en todo el mundo.

Gracias a su trabajo, a su arrojo y, por qué no decirlo, la fe en su labor, Lust no sólo ha impulsado sus propias propuestas, sino que ha ganado el reconocimiento para todo ese movimiento que intenta mostrar lo que tendría que ser obvio: que la mujer no es, en modo alguno, ajena al placer que otorga el ejercicio de la sexualidad.

 

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Imagen principal: escena del episodio "Crocodile", tercero de la cuarta temporada de la serie 'Black Mirror'