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La repetición y el apego pueden considerarse ideas parecidas que, sobre todo, provocan efectos poco deseables para la existencia

Que uno de los componentes fundamentales en el comportamiento del ser humano es la repetición, es un hecho que puede ser al mismo tiempo muy obvio o muy enigmático. Es decir: es más o menos sencillo darnos cuenta de que en nuestra vida diaria procedemos por hábitos, que solemos frecuentar los mismos lugares y a las mismas personas, que comemos más o menos lo mismo siempre, que escuchamos música muy específica y, si comenzamos a poner atención, también advertiremos que en nuestras conversaciones cotidianas e incluso en nuestros pensamientos usamos casi siempre sólo unas cuantas palabras, dispuestas en estructuras sintácticas y gramaticales también de uso frecuente.

La mayoría de nosotros no tiene ningún problema en aceptar que hace más o menos las mismas cosas todos los días (con las variantes propias de la existencia), pero el siguiente paso, preguntarse de dónde viene esa “costumbre” o esa “voluntad” de repetir ciertos actos, ciertas palabras, ciertos pensamientos, suele ser menos transparente para el sujeto. De hecho, es justamente porque las razones y orígenes de la compulsión a la repetición permanecen en una zona desconocida que el sujeto persiste en repetir ciertas conductas.

Y quizá no podría ser de otro modo. En la medida en que nuestra visión del mundo se comienza a formar en una edad en que no somos del todo conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, o no lo comprendemos a cabalidad sino con los recursos limitados o diferentes de la niñez, sin darnos cuenta vamos adquiriendo representaciones de conceptos muy específicos. Social o convencionalmente todos tenemos una idea vaga o general sobre el significado de la felicidad, por ejemplo, del amor, del placer, una idea que podría compararse a la definición que podemos encontrar en un diccionario y que, entre otros fines, sirve para que al decir “felicidad” hagamos posible el fingimiento mutuo de que “nos entendemos”, que el otro sabe a qué me refiero al decir “felicidad” y que yo sé a qué se refiere el otro cuando igualmente dice “felicidad”.

Sin embargo, si en algún momento de nuestra vida nos tomamos el tiempo de traspasar esa frontera frágil de la generalidad y los convencionalismos, descubriremos que esos conceptos que creemos tan usuales o tan conocidos en realidad están arraigados profundamente en lo que creemos que somos, en nuestra historia de vida, en nuestros “años de aprendizaje” y nuestra “educación sentimental”. Y no sólo eso: sin darnos cuenta, en muchos de esos casos actuamos de tal modo que nuestras decisiones y omisiones están orientadas a “volver a vivir” eso que conocimos. 

Habrá quien haya conocido la felicidad sentado o sentada a la mesa, a la hora de la comida; alguien más, en las aguas de una alberca o en una competencia deportiva; quien en el silencio de una modesta biblioteca familiar, a la sombra de ciertos árboles, en la compañía de cierto tipo de personas… 

Las opciones son innumerables, tanto como las circunstancias que se combinan a lo largo de la vida de una persona, pero en muchos de estos casos se cumple la tendencia a, por así decirlo, buscar el paraíso perdido, a restituirlo, a intentar reencontrar la felicidad alguna vez experimentada (o el amor, el consuelo, el alivio de la soledad, etc.) por la razón que podría entenderse como apego hacia lo conocido y lo familiar y, por consecuencia, miedo a lo desconocido (aunque el fenómeno va más allá de dicha dicotomía, como veremos a continuación).

En esta época existe un discurso más o menos extendido que pregona el desapego como forma de vida, a veces con cierto ánimo moralista que, paralelamente, condena el apego como una actitud abominable. Es posible, en efecto, conceder crédito y razón a la idea del desapego. La doctrina budista y otras filosofías afines dicen la verdad cuando afirman que resistirse a los cambios propios de la existencia –su fugacidad, la transformación permanente de sus circunstancias, la dialéctica del tener y el perder, del comienzo y el fin– sólo engendra dolor y sufrimiento. Querer que todo sea igual ahí donde todo cambia tiene, ya desde la enunciación, algo de absurdo. 

Con todo, en los actos las cosas pueden ser muy distintas. Y quizá es en este punto donde vale la pena detener dicha fiebre de desapego contemporánea para plantear una reflexión muy sencilla: ni para todas las personas es igual de evidente el efecto del apego en su vida, ni todas pueden desapegarse con la misma facilidad de ciertas cosas y, por último, hay elementos de la conformación de lo que somos que van a estar ahí siempre, de los cuales no podremos desapegarnos (acaso porque no lo queremos así) y que, en todo caso, pueden admitir una resignificación en el contexto de nuestra historia de vida y nuestra existencia presente.

En este sentido, no es que la repetición inconsciente o el apego a ciertos patrones elementales sean “buenos” o “malos” por sí mismos. Es posible que alguien haya pasado toda su vida repitiendo la misma escena primigenia que identificó con el concepto de amor, de felicidad o pareja, y que, pese a todos los libros y todos los coloquios que han abordado estos temas, a su manera sea feliz. ¿Y quién podría rebatirle a este sujeto hipotético su propia conciencia de felicidad? ¿Quién puede situarse en la posición de decirle a otros que están equivocados, que no son felices? Los ejemplos abundan en la historia, eso es claro, y culturalmente ha persistido un importantísimo espíritu crítico que, desde distintas disciplinas, nos insta a pensar de otra manera, a actuar de otra manera, a mirar y vivir el mundo de una manera distinta. No menos cierto, sin embargo, es que mientras dicha actitud no nazca del interior del sujeto, mientras una persona no se atreva a dudar de lo que hasta ese momento de su vida ha dado como cierto e irrebatible, hasta que el sujeto no comienza a reflexionar por sí mismo y hacerse ciertas preguntas fundamentales sobre su propia existencia, ni siquiera todos los filósofos del mundo podrán hacer que se atreva a moverse un ápice de las ideas y creencias que cree verdaderas por la sencilla razón de que las cree suyas.

Curiosamente, es la repetición misma (o el apego) la que puede suscitar dicho movimiento. Repetir no es siempre igual de placentero y, de hecho, Jacques Lacan concluyó que la repetición es justamente lo opuesto al placer. Pero entonces, si repetir una escena, una conducta, un patrón mental, no nos causa placer, ¿por qué lo seguimos haciendo? 

Lacan opuso la noción del placer a la de goce y, a partir de esto, señaló que la satisfacción que se produce en la repetición ocurre sólo en el dominio del goce. Esto es: al repetir el sujeto satisface no su propio placer, sino aquello que aprendió a identificar como “lo placentero”; satisface no su propio deseo, sino el deseo de otro que se impuso como un sello sobre su conciencia.

Si, por poner un ejemplo, una persona tuvo una infancia tan protegida que lo hizo temeroso frente a aquello ajeno al espacio familiar, al repetir ese patrón de conducta de miedo satisfará la consigna familiar de mantenerse sólo dentro de los límites de lo seguro y lo permitido; simbólicamente quizá piense incluso, en su inconsciente, que satisface así a sus padres.

El deseo, sin embargo, emerge, y la repetición se revela entonces como en realidad es: insatisfactoria.

¿La repetición es “buena” o “mala”? Mejor que esto, podemos pensar que la repetición o el apego no son deseables cuando mantienen al sujeto en ese estado de insatisfacción constante, cuando le impiden “pasar a otra cosa” en su propia vida. 

A este respecto podríamos imaginar más ejemplos hipotéticos pero prefiero remitirme a Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que a la luz de este tema resulta profundamente elocuente. 

Cien años de soledad suele presentarse como una novela genealógica, la saga un poco fantástica y folclórica de una familia de la Colombia caribeña. Pero esta descripción somera, propia de una reseña simple, puede distraernos de uno de los elementos fundamentales que circulan por la historia, que de hecho hacen de ésta una obra literaria indiscutible y del cual García Márquez fue sumamente explícito: la soledad a la que parecen condenados todos los miembros del clan familiar, que encuentra una expresión muy concreta en la inclinación también aparentemente irremediable que sienten todos hacia el incesto. Esa soledad presente desde el título está, para los Buendía, relacionada estrechamente con el encierro: el encierro del “amor” dentro de la propia familia, el encierro en un mismo pueblo, el encierro en el ciclo absurdo del deshacer para hacer (como los pescaditos de oro que el coronel Aureliano Buendía confecciona con las monedas que recibe por su venta, mismas que vuelve a fundir y convertir en pescaditos, etc.), el encierro de los papeles que todos los Arcadios y todos los Aurelianos parecen obligados a asumir… En pocas palabras: el encierro de la repetición.

Al leer Cien años de soledad y, en especial, al llegar a su última frase (“porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”), más de un lector se habrá quedado con la sensación de que quizá los hechos podrían haber ocurrido de otra forma, que quizá alguno de los Buendía pudo detener ese círculo despiadado de la repetición y, entonces, conjurar esa falsa condena.

Hasta cierto punto, puede decirse que para el ser humano no hay nada escrito. Esta es una afirmación peligrosa que, de entrada, no debe confundirse con una especie de declaración de omnipotencia, con la aseveración tan difundida (y tan equivocada) en nuestra época que nos asegura que el individuo lo puede todo, que su poder basta y sobra para tener la vida que desea. Tampoco se trata de ese candor con que los libros y artículos de autoayuda afirman que es posible “reinventarse” y “comenzar de cero”. Ambos absolutos son falsos: ni es posible hacer tabula rasa con la propia existencia, ni es cierto que exista tal cosa como un destino señalado e inamovible para el ser humano (ni siquiera aquel que él mismo cree que puede conseguir).

¿Cuál es la solución entonces? ¿Por qué podemos decir, como en el caso de los Buendía y acaso incluso al mirar algunos hechos de nuestra propia existencia, que quizá las cosas podrían haber sido de otra manera?

El lugar al que apunta ese condicional hipotético es el lugar preciso en el que detener la repetición significa pasar a otra cosa. Dicho sencillamente, es ese reconocimiento que ocurre en el sujeto cuando se da cuenta de que hacer las cosas de otra manera sí es posible.

James Joyce revolucionó cierto ámbito de los estudios literarios al proponer, en sus Dublineses, la idea de "epifanía" como una revelación súbita que ocurre en el sujeto cuando, de pronto, éste "se da cuenta", vive algo que no había vivido antes (o lo vive de otra forma) y dicha revelación transforma su vida. En los estudios clásicos, por otro lado, se tiene el concepto de "anagnórisis", el cual define el momento de la tragedia en que el héroe entra en conocimiento de un hecho pasado que tiene repercusiones claras y fatales en su presente (puede ser de su propio pasado o del pasado de otros en relación consigo; por ejemplo, Edipo al conocer su filiación).

Guardadas ciertas proporciones, es posible decir que el cese de la repetición llega a presentarse para el sujeto en al menos estas dos formas. Puede ser que un hecho de su vida lo confronte de pronto con la repetición que necesita detener para poder moverse, o puede ser que un examen un tanto más detallado de la historia de la que proviene lo sitúe en ese punto crítico de reconocimiento.

En cualquier caso, el sujeto se da cuenta de que, para pasar a otra cosa, es necesario actuar de otra manera, lo cual tiene a su vez una significación doble: es una manera distinta a la aprendida y, al mismo tiempo y consecuentemente, es la manera que el propio sujeto está encargado de descubrir, proponer, descartar, construir y, acaso, reformular a partir de lo que ya conoce.

Porque a veces eso también pasa (porque ni es posible dejar de repetir todo ni desapegarse de todo): que después de algunas vueltas, después de algunos tropiezos y algunos cuantos descalabros, nos damos cuenta de que la respuesta a una pregunta siempre estuvo ante nuestros ojos, pero era necesario mirarla desde otra perspectiva. Y a veces es necesario comenzar a hacer todo de nuevo. Y la única forma de poder distinguir entre una y otra posibilidad es con el paso por la experiencia.

 

Del mismo autor en Pijama Surf: El psicoanálisis, ¿una disciplina para aprender a amar?

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

Ilustraciones: Luisa Rivera (de su trabajo para la edición conmemorativa de Cien años de soledad publicada por Penguin Random House en España)

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‘Enseñanza Pachacutec’: un documental que profundiza en la investigación de José Luis Parise, el psicoanalista que develó el método de la magia (PARTE I)

AlterCultura

Por: Ibrah Gebrail - 11/12/2017

Conversamos con Ernesto Damián Chiapella, director del documental ‘Enseñanza Pachacutec’, un filme que sin duda nos conduce a reflexionar acerca del potencial creador del ser humano apoyado en una ancestral enseñanza que permite detonar la magia en nuestra vida cotidiana

La mayor parte de las personas que se encuentran inmersas en un camino de crecimiento personal oyeron hablar en su momento de que el 21 de diciembre del 2012 fue una fecha crucial para el futuro de la humanidad. Esta fecha fue popularizada en los medios de comunicación (de forma materialista y pesimista) como un supuesto “fin del mundo”; sin embargo, al estudiar más detenidamente los escritos originales que hablan de dicha fecha encontramos que ésta fue nombrada y honrada como un poderoso “cambio de era”, más que como un escenario apocalíptico. No obstante, tal término resulta ser un poco abstracto en el sentido de que, al parecer, nunca quedó lo suficientemente claro en qué consistiría este cambio de era, o dónde se tendría que ver gestado. Ante esta situación es frecuente encontrarse con todo tipo de argumentos, desde los que sugieren que tal cambio de era nunca ocurrió, que se trató de una malinterpretación del calendario maya (olvidando que otras culturas también vaticinaron la importancia de esta fecha) o bien, que sí ocurrió, mas su significado permanece oculto en un velo de misterio que vuelve extremadamente difícil la comprensión de las implicaciones de semejante evento.

Esta es una panorámica donde resulta más que apropiada una introducción a la investigación de José Luis Parise. Parise, psicoanalista de profesión, es también un reconocido investigador y escritor considerado por muchas de las culturas iniciáticas del planeta como  todo un maestro en el estudio y aplicación del ocultismo, esto debido a un impresionante trabajo de campo de más de 30 años centrado en los saberes esotéricos de las diferentes culturas originarias. Como resultado final de tantos años de investigación, Parise ha ordenado los principios universales de la iniciación bajo el nombre de “el método de los 11 pasos de la magia”.  

Desde hace varias décadas, Parise imparte seminarios en América y Europa donde traza recorridos teóricos y prácticos basados en el descubrimiento y desarrollo de este método, el cual integra con una coherencia magistral conceptos tomados no sólo del chamanismo, sino también de la cábala, el budismo, el hinduismo, el taoísmo, el sufismo y el gnosticismo, apoyándose además en disciplinas más familiares a Occidente como el psicoanálisis, la lógica, la topología y la lingüística. Parise, sin ser de sangre indígena, ha logrado ingresar y formar parte de los círculos iniciáticos y sacerdotales de algunas de estas culturas, siendo considerado en la actualidad uno de los siete sumos sacerdotes que salvaguardan el conocimiento oculto de los últimos descendientes de la raza inca: los indios Q’eros.

Cabe destacar que en gran parte de sus viajes y experiencias, Parise logró registrar fílmica y fotográficamente muchos de los rituales en los que participó, proporcionando una validación empírica a gran parte de lo expuesto en su método. Este investigador argentino, perfectamente entrenado en el método de la escucha psicoanalítica, explica frecuentemente cómo al haber colocado a los grandes iniciados de la historia de la humanidad (como Buda, Sankara, Milarepa o el propio Cristo) en el diván del psicoanalista, logró desocultar las claves (o pasos) que los llevaron de una simple condición ordinaria –no diferente a la de cualquiera de nosotros– a ser considerados hoy en día prácticamente dioses o figuras divinas muy por encima de lo humano.

José Luis Parise

Es en el marco de esta investigación que entrevistamos a Ernesto Damián Chiapella, creador del documental Enseñanza Pachacutec. Chiapella, quien además recorre los niveles más altos del método de la magia, nos habla acerca de algunos de los aspectos más importantes de este documental, además de profundizar en varios de los temas esenciales de la iniciación. Recomendamos encarecidamente este documental a todas aquellas personas interesadas en generar una realidad propia y en trascender las limitaciones, condicionamientos y automatismos paradigmáticos que la cultura impone y que nos vuelven tan difícil conectar con nuestra divinidad sin ayuda de la iniciación.

 

  1. ¿Qué es la enseñanza Pachacutec?

Para responder a esta pregunta es necesario conocer un poco acerca de la investigación de José Luis Parise. Su trabajo en parte ha consistido en encontrar cuestiones idénticas o universales en las diferentes culturas que hicieron uso de un conocimiento oculto, es decir, culturas a las que comúnmente se llama “iniciáticas”. Hablamos de culturas que no se encontraron geográfica o temporalmente, pero que igualmente tienen las mismas raíces esenciales; es decir, si bien cada una de estas culturas tiene particularidades especificas en su enseñanza y aplicación, hablamos de que todas transmitían una misma enseñanza, siendo la parte esencial de esta enseñanza lo que José Luis ha metodizado en 11 pasos. Todas las antiguas culturas que hicieron uso de este conocimiento ancestral lograron alcanzar formas muy elevadas de vida, fueron culturas resplandecientes y con niveles de conciencia casi increíbles de creer para los estándares de la actual cultura occidental. Con el paso del tiempo, al desapegarse de este conocimiento y con la posterior llegada de la ciencia, esta sabiduría lamentablemente se perdió, quedando olvidada en textos sagrados que casi no son leídos y siendo solamente protegida por unos pocos guardianes (esos que hoy en día llamamos chamanes). Ahora bien, esta enseñanza fundamental se encuentra profetizada en diferentes “mapas” de cada una de estas culturas iniciáticas como algo que a partir del 2012 habría de retornar a los seres humanos.

Quienes estudiamos a estas culturas tenemos claves por las cuales podemos reconocer que nos encontramos ante las mismas raíces de conocimiento que fueron las que tuvieron –por ejemplo– los egipcios, aztecas, incas, o los mayas. Hay que señalar que descubrir estas raíces conlleva un profundo entrenamiento, ya que están muy bien codificadas y no es que se entiendan tan fácilmente de antemano; este entrenamiento es algo que José Luis Parise sí hizo. Es decir, dedicó un enorme tiempo de investigación a la identificación de esos principios o leyes universales que subyacen de diferentes formas en cada una de estas culturas; además, claro, de la humildad de acudir a todos esos lugares sagrados, pues muchas de estas claves no están ubicadas sólo en textos sino que se encuentran explicadas y detalladas en templos, rocas, o son únicamente transmitidas por los propios chamanes que actúan como reservorios de la sabiduría de cada uno de estos pueblos.

Entonces, respondiendo concretamente a la pregunta, podemos decir que la enseñanza Pachacutec es el nombre con el que la cultura inca (una de las tantas culturas iniciáticas que guardan esta sabiduría atemporal) llama a este conocimiento milenario y profetizado para este tiempo pos2012. O sea, cuando los incas hablan del resurgimiento de este conocimiento en esta nueva era, lo llaman directamente enseñanza Pachacutec. Hay que dejar en claro que José Luis Parise de ninguna manera “inventó” la enseñanza Pachacutec; él simplemente, gracias a su investigación, contó con los medios adecuados para ordenarla y la metodizó de tal manera que nos sea útil en la vida cotidiana occidental, ya que si la estudias –por ejemplo– tal y como se enseña en la India, encontrarás que la forma de la enseñanza es diferente. Siguiendo este ejemplo podríamos ver cómo en ese contexto cultural específico la enseñanza está más basada en meditaciones profundas que se llevan a cabo las montañas; ahora, si nosotros hoy en día dependemos de una meditación en una montaña, ¿cómo haríamos entonces para pagar las cuentas del banco? ¿Entiendes?

La enseñanza, sea cual sea la forma cultural que tome, te promete desarrollar por ti mismo la capacidad de generar tu propia realidad; esto incluye tu economía, salud, pareja, desarrollo espiritual, etc., y por lo tanto, no puede depender de factores externos (en su forma) que la limiten. Si bien el núcleo de la enseñanza es universal y atemporal, no todas las formas antiguas se ajustan adecuadamente para este tiempo. Por lo tanto, el gran mérito del trabajo de José Luis Parise fue hacer que estos 11 pasos universales fueran adaptados para su eficaz aplicación en este momento histórico específico.

Otro punto importante en todo esto es que la enseñanza misma te exige como “pago” –por decirlo de alguna forma– que tú la tengas que aplicar personalmente en tu vida cotidiana; por eso es un camino de iniciación. Si no la aplicas de forma personal, no puedes acceder a la siguiente clave y te quedas estancado en alguno de los primeros de los 11 pasos. Ese fue otro de los méritos de José Luis: no se detuvo convirtiendo a la enseñanza en una cuestión meramente intelectual; tuvo que aplicarla, y cuanto más la aplicó, más secretos le fueron develados.

 

  1. ¿Con que se encontrarán las personas que vean Enseñanza Pachacutec y cuáles son tus expectativas con respecto a su lanzamiento?

 Cuando José Luis (en su etapa investigativa) viajaba a los templos o acudía al encuentro con los diferentes guardianes del conocimiento para la develación de las diferentes claves iniciáticas de la enseñanza, me permitió acompañarlo algunas veces. En todos estos viajes en los que participé, me encargué de ir filmando todo lo que ocurría (en sus viajes en solitario, José Luis también hizo lo mismo). ¿Por qué hacíamos esto? Bueno, ocurre que las cuestiones que van sucediendo son tan mágicas y tan potentes que necesitas tener un respaldo; de otra forma, es muy difícil que otros te crean. Te doy un ejemplo: cuando José Luis tuvo su máxima prueba de iniciación con la cultura Q’ero, de acuerdo a sus mitos nosotros teníamos que pasar varias pruebas (las cuales, hay que señalar, al menos en los últimos 500 años nadie había siquiera conocido). Todo esto tenía el objetivo de demostrar ante esa cultura que esta enseñanza metodizada era en verdad la milenaria enseñanza Pachacutec.

Cuando los Q’eros se enteraron de la enseñanza de José Luis Parise, lo invitaron a realizar dichas pruebas en las montañas más sagradas de los incas; esto fue a más de 6 mil metros de altura. En uno de los rituales más poderosos de estas pruebas, se tenía que lograr abrir un círculo de nubes en el cielo en un momento exacto para que se viera el Sol en el medio; vamos, era una situación increíble, casi como si fuera algo que ves en los dibujos animados. Esto se logró realizar y eso le demostró a los Q’eros que la enseñanza de José Luis es totalmente compatible con eso que ellos llaman enseñanza Pachacutec.

Cuestiones como estas tuvimos el privilegio de filmarlas por todo el mundo. ¿Entiendes que si no tuviéramos estas filmaciones, a la gente le resultaría muy difícil comprender la veracidad de lo que el método enseña? En el documental podrán encontrar una recopilación de muchas de estas filmaciones, todo esto con el propósito de mostrar al mundo cuál fue el proceso que siguió José Luis para demostrar que el método de los 11 pasos de la magia es la enseñanza Pachacutec y que, así, la gente pueda conectar con esta sabiduría ancestral para aplicarla en su vida cotidiana.

Como un chiste relacionado a todo esto también hay que recordar que venimos de Argentina, y no es precisamente que seamos la gente más creíble. Como argentinos creemos que sabemos mucho, que somos los mejores del mundo, etc. Nos gusta bromear diciendo que si no tuviéramos todo esto grabado, ¿quién creería que un argentino ha redescubierto una enseñanza iniciática milenaria? [risas]. Además, en su apartado técnico este documental es precioso, trabajamos con la gente más profesional de Argentina (personal que trabajó en la productora Cuatro Cabezas y que fueron los encargados del realizar el famoso programa argentino Caiga quien caiga).

Finalmente, mi expectativa con este proyecto es  poder conectar con la mayor cantidad posible de personas en el mundo que deseen enterarse de que existe esta enseñanza, que sepan que es milenaria y que sirve para que cada uno de nosotros pueda generar la realidad que desee, sin depender de factores externos o paradigmas; tan sólo basta aplicar 11 pasos perfectamente metodizados, basados en la lógica de cómo funciona el propio universo, para que esto ocurra. Entonces, al ir generando nuestra propia realidad, y mientras más gente así lo haga, habrá menos espacio para que la política, la ciencia, la economía o la religión nos frenen. Hay que recordar que las mismas culturas iniciáticas de las cuales hemos hablado, son quienes nos han señalado que estos cuatro paradigmas son los que nos han conducido al atolladero en que nos encontramos en este tiempo, ya que si seguimos creyendo que tales paradigmas son los que nos permiten generar y entender la realidad, vamos a hundirnos cada vez más. En cambio, si nos apoyamos cada vez más a aplicar iniciáticamente lo que cada uno en sí mismo desea generar, la humanidad ocupará un lugar mucho mejor, porque cada uno estará en tal armonía consigo mismo que evidentemente esto terminara reflejándose en lo externo.

 

Hasta aquí la primera parte de esta entrevista. En la siguiente entrega profundizaremos en otros aspectos importantes de la enseñanza Pachacutec, como la llegada del plasma solar desde la alineación galáctica de Hunab Ku a partir del 2012 y el poder de la palabra como el motor que enciende el proceso mágico en la vida del iniciado.

 

Mira el tráiler de ‘Enseñanza Pachacutec’ aquí

Adquiere el documental siguiendo este link

Más información sobre la Escuela de Iniciación Psicoanálisis–Ocultismo de JL Parise: https://edipo.org

 

*Entrevista realizada por Ibrah Gebrail y Adrián Gómez