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¿Qué se puede escuchar con ondas gravitacionales del universo?

Ciencia

Por: PijamaSurf - 06/24/2017

Las ondas gravitacionales se mueven en la superficie deformando el tiempo y el espacio, viajando a la velocidad de la luz y modificando levemente la distancia entre planetas

El universo entero está compuesto por ondas gravitacionales, unas vibraciones espacio-tiempo que el científico Albert Einstein reconoció en 1916 en su teoría general de la relatividad. Si bien en su momento el físico alemán consideró imposibles detectarlas, por su imperceptibilidad al llegar a la Tierra, hace poco un grupo de investigadores encontró por primera vez estas ondas. 

Las ondas gravitacionales se mueven en la superficie deformando el tiempo y el espacio, viajando a la velocidad de la luz y modificando levemente la distancia entre planetas. De alguna manera las ondas gravitacionales son, en palabras de Kip Thorne, pionero del tema, como “tormentas salvajes” que deforman el espacio: son capaces de acelerar y desacelerar el tiempo. 

Aunque apenas se logró detectar la veracidad de las ondas gravitacionales, sus sonidos son como leves pitidos y su intensidad es como explosiones estelares en supernovas con energía de billones y billones de bombas atómicas. Sin embargo, ¿qué relevancia tiene este tipo de ondas? 

Gracias a la detección de las ondas gravitacionales, los científicos han podido empezar a estudiar otros fenómenos mediante sus sonidos. Algunos ejemplos de ello son: 

 – Hoyos negros: son cuerpos de enormes estrellas colapsadas que pueden llegar a ser tan pequeños como una ciudad pero contienen la masa de muchos soles. Su gravedad es tan intensa que incluso la luz no puede escaparse. La prueba de su existencia es que los hoyos negros absorben la luz, lo cual es la única evidencia de que existen. Las ondas gravitacionales son “lo más cercano que se puede conseguir” de los hoyos negros. Nadie ha logrado detectar el nacimiento de un hoyo negro cuando una estrella grande implosiona. Los hoyos negros pueden emerger liberando energía, y surgen como una esfera más grande y perfecta. 

– Estrellas neutrón: son una estrella muerta ultradensa que no logró convertirse en un hoyo negro. La superficie de estas estrellas posee una gravedad intensa con unas montañas del tamaño de unos milímetros pero un peso semejante al del planeta. Cuando hay una colisión entre estrellas neutrón, emerge una luz cuyo interior se desconoce. 

– Supernovas: cuando una estrella crece mucho más de lo esperado, se origina un fuego candente. Las explosiones son tan densas que lo que ocurre por debajo de la superficie sigue siendo un misterio. La luz de las supernovas puede tomar horas para escapar de una estrella en proceso de explosión; pero las ondas gravitacionales toman un rumbo que marca el inicio de la explosión. El corazón de las supernovas está oculto a la vista, pero ahora es posible escucharlas. 

– Por ejemplo, la teoría de cuerdas, que señala que todo en el universo puede estar hecho mediante cuerdas subatómicas y vibracionales de energía; también la expansión del universo, que permite ponderar los límites del cosmos mediante las ondas gravitacionales; entre otros. 

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El antecesor del LSD provocó una epidemia que acabó con 40 mil personas

Ciencia

Por: PijamaSurf - 06/24/2017

Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo (del francés "ergot", que quiere decir "espolón", como sinónimo del hongo)

El ácido lisérgico, uno de los componentes fundamentales de alcaloides del cornezuelo de centeno y de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD, por sus siglas en inglés), se caracteriza por provocar visiones, pesadillas y una enfermedad similar a la peste: el ergotismo. Fue, de hecho, causante de 60 mil muertes en la Castilla de la Edad Media. 

Esta comunidad española, en su momento la potencia económica de Europa, solía ser la principal productora de cereales en la península ibérica. Entre los productos más consumidos por el vulgo debido a su económico precio se encontraba el centeno, del cual surgían unas pequeñas protuberancias llamadas cornezuelos que se desarrollaban en sus espigas. Se trataba de unos hongos de colores blanquecinos y eventualmente negroazulados, los cuales provocaron una epidemia que se comparó con la peste por el alto costo de vidas que produjo, así como por la prolongación temporal con la que impactó en la población. Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo –del francés ergot, que quiere decir “espolón”, como sinónimo del hongo.

El ergotismo empezó causando gangrena tanto en las patas como en las colas de los animales, reduciendo la producción de leche e incrementando la tasa de muerte de los mismos; después, los humanos que consumían el cornezuelo a través del pan de centeno solían ser víctimas no sólo de gangrena, quemazón y dolores en las extremidades sino también de alucinaciones, convulsiones y trastornos de la personalidad. En su momento, de hecho, se acusó a los afectados de hechicería, pues las alteraciones mentales eran vistas como prácticas del Diablo, así como de sufrir algún castigo divino debido a los ardores del “fuego sagrado”. Al ergotismo se le llamó también y por consecuencia “el fuego de San Antonio”, pues en 1093 un noble del sureste francés, Gaston de la Valloire, fundó con su hijo Girondo la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio. Ahí, en estos hôpitaux des démembrés (hospital de los desemembrados), se curaba a los enfermos de ergotismo y se exhibía como ofrenda los brazos, manos, pies y piernas que se habían amputado. 

Estos hospitales fueron un éxito pues no solían alimentar a los afectados con pan de centeno (sino con pan de trigo), por lo que la incidencia de enfermos se redujo considerablemente. Entre otros menjurjes para reducir los síntomas del ergotismo estuvo el “agua de San Antonio” (una mezcla de manteca de cerdo que se untaba en las heridas), así como el “vino de San Antonio” (elaborado con vides cultivadas y fermentado en reliquias del santo). Pero no fue sino hasta 800 años más tarde –en el siglo XVII– que el médico francés Thuillier relacionó el cornezuelo del centeno con el ergotismo; desgraciadamente, en 1926 hubo otra epidemia en los Montes Urales, en la antigua Unión Soviética, y en 1960 en Etiopía. Ahora sólo queda preguntarse: ¿es este el efecto tan temido del LSD?