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¿Es la realidad virtual, la máxima tecnología del samsara?

Según Marx la religión es el opio de las masas. La frase sugiere que la religión, como un opiáceo, alivia y hace olvidar el sufrimiento pero sólo por un momento, creando una placentera ilusión sobre la cual se evita enfrentar la realidad de la opresión del capitalismo. No ahondaremos en esta frase, solamente queremos trazar el contexto.

De aquí se deriva claramente el argumento de que la religión puede ser usada por el poder como un opiáceo para mantener en un estado de sopor y distracción inerme a las masas. Podemos entonces sugerir que la religión, o algún tipo de programación sociocultural, es equivalente y tal vez intercambiable a una sustancia psicoactiva. Las tácticas de control, con la sofisticación del desarrollo farmacéutico llegando incluso al área de las drogas de diseño, podrían llegar a un nivel de sofisticación que permitiría ejercer un control más preciso de las masas utilizando ciertas drogas que rindieran a los ciudadanos a un estado de pasividad e ignorancia relativamente feliz, logrando acceso a su fuero interno. Una prescripción farmacéutica que los haga aptos, felices, más productivos. Adormilar químicamente tal vez sea más fácil que adoctrinar filosóficamente (aunque una mezcla de los dos sería panacea totalitaria). Esto es lo que imaginó famosamente Aldous Huxley:

Los dictadores de mañana privaran a los hombres de su libertad, pero les darán a cambio una felicidad no menos real --como una experiencia subjetiva-- aunque sea químicamente inducida.

Se podría argumentar que el poder económico ha realizado algunas tentativas para lograr este conjuro farmacéutico. Desde el Prozac al Adderall, entre otras, o quizás es el grueso de la cultura de las pastillas y la relación de connivencia entre el Big Pharma, el poder político y la industria médica lo cual representa el Soma de nuestros días (en el sentido de Huxley no en el de los Vedas). De cualquier manera, y si es que existe este intento de adormilar a la población, no ha sido completamente efectivo y se podría argumentar que otras drogas tienen la posibilidad de desatar el efecto opuesto de despertar y liberación. Esto fue al menos lo que llegó a pensar Huxley en sus últimos años, particularmente del LSD, una sustancia que tomó antes de morir, creemos que no como un opiáceo para evitar enfrentar el dolor, sino como un agente de intensificación de la conciencia, acaso para hacer del sueño de la muerte un lúcido despertar. El tema en este sentido es ciertamente complejo, ya que el LSD también fue usado por la CIA y otras agencias en experimentos de control mental. Una de las discusiones más complejas y en cierta forma estériles es definir si las drogas psicodélicas son mejor usadas para controlar a la población, hacerlas escapar de la realidad o en cambio amenazan radicalmente el sistema y es por ello que son prohibidas. --las personas que comen hongos no son tan buenos consumidores como las que están en Prozac (y esto al menos porque tomar hongos es una forma de dejar de tomar Prozac todos los días).  Quizás un camino medio que está surgiendo con más claridad actualmente, es que su mayor potencial y mejor función es como medicinas holísticas --y esto es lo que plasmó Huxley al final de su vida en su novela La Isla, una utopía donde las drogas juegan un papel radicalmente distinto a Un Mundo Feliz. De cualquier manera resulta evidente --cuando se logra extraerlas del contexto político-- que las drogas son esencialmente neutras, dependen del uso que se les de, pueden ser igualmente veneno que medicina, algo que comparten con la tecnología.

Huxley escribió, quizás con mayor penetración aún: "La búsqueda de la felicidad es uno de los derechos fundamentales del hombre; desafortunadamente, el logro de la felicidad puede descubrirse incompatible con uno de los otros derechos del hombre --la libertad". Me parece que esta frase puede empezar a entenderse a la luz de la cultura del entretenimiento moderno, de una especie de hedonismo o de lo que McLuhan llamó la "narcosis narcisista", pero no se realizará del todo hasta la adopción de la realidad virtual inmersiva. El hombre moderno confunde el placer con la felicidad y es presa de una incesante mercadotecnia de la felicidad que le hace creer que ésta puede adquirirse ya sea a través de ciertos objetos de consumo, experiencias o estatus que la cultura promueve y designa como deseables y valiosos. En cierta forma entrega su libertad a cambio de la felicidad, puesto que él mismo no autodelibera sino que compra, por así decirlo, el paquete de la felicidad, el cual incluye una visión de mundo ajena o mejor dicho una ausencia de visión propia y de filosofía --lo que existe es sólo economía, materialismo en todos sentidos (el materialismo es de hecho una anti-filosofía por el supuesto de que la vida no tiene significado o propósito en tanto a que la conciencia humana es el resultado del azar). De cualquier manera, esta felicidad es siempre ilusoria, es un producto fallido, ya que el placer que producen todos los objetos de consumo --desde la cocaína colombiana hasta el nuevo iPhone-- es siempre insatisfactorio, es rápidamente sucedido por un bajón y ciertamente no construye una plataforma estable de felicidad interna. Esta es la diferencia entre el hedonismo y la eudaimonía (palabra griega que remite a lo mismo que el sánscrito dharma).  

Todavía es muy temprano para asegurarlo, pero según algunos entusiastas de Silicon Valley, la realidad virtual será en la siguientes décadas lo que han sido los smartphones en la última, y aún más atrapantes. Kevin Kelly, fundador de la revista Wired, sostiene que en 10 años tecnología como la que está desarrollando la empresa Magic Leap "podrá usarse tanto o más que los smartphones". La clave del éxito parece estar en la capacidad que tenga esta tecnología en "engañar a la mente para que perciba algo imaginario como algo real". Kelly y otros confían que de la mano de la nuerociencia, los nuevos aparatos de realidad virtual podrán crear mundo artificiales inmersivos, experiencias suficiente avanzadas tecnológicamente para ser indistinguibles de la realidad—lo cual es la definición de magia de Arthur C. Clarke y nos hace preguntarnos si nos ocurrirá como a algunos hechiceros que toman sus apariciones como reales y dejan de poder distinguir la realidad de su propia elucubración mágica...Alguien ha descrito eta tecnología como "soñar con los ojos abiertos". Soñar con los ojos abiertos sugiere la idea de un nuevo opio más poderoso, un sueño despierto, posiblemente más escarnecedor que el sueño común en tanto a que nos hace creer que ya estamos despiertos y por lo tanto no hay nada que hacer... para despertar.

Las posibilidades de la realidad virtual de producir estados de felicidad (o de placer suficientemente constante y confiable para ser indistinguible de la felicidad) es enorme. Una persona podría cumplir todas sus fantasías con alta fidelidad sensorial con la facilidad que compra un artículo con su tarjeta de crédito. Y quizás la última fantasía sería la de la libertad. Que uno es libre porque puede ir virtualmente a cualquier parte del universo. Imaginemos una sociedad de esclavos que desde que nacen recibe el más avanzado aparato de realidad virtual en el que todas las simulaciones los insertan en mundos donde son libres. Ya que pueden pasar todo el tiempo que quieran en estos aparatos viviendo experiencias de placentera libertad, no tienen realmente ninguna motivación para buscar la libertad en su vida real -- o esa vida que no está siendo mediada por la tecnología virtual.

Esta preocupación la he escuchado del maestro de meditación Alan Wallace quien teme que la realidad virtual sea la máxima tecnología del samsara. El samsara es la existencia cíclica ilusoria que comprende también los mundos divinos de placer supremo constante. Según la cosmología budista, los devas o dioses pueden existir por eones en un estado de samadhi, de calma extática en mundos sin forma y, sin embargo, esto es también una ilusión, no es un estado de libertad, ya que finalmente tendrán que salir de esa absorción y volver a caer al ciclo del renacimiento, puesto que no han eliminado o trascendido el karma, no han logrado el estado de sabiduría que va más allá de las causas y las condiciones. En cierta forma los dioses, para el budismo, son los máximos hedonistas, reyes del samsara que confunden el placer con la libertad. Y el samsara es el máximo mundo de realidad virtual. Así que de hecho ya vivimos en la realidad virtual y podríamos estar sólo añadiendo una fachada más, una capa más que nos separa de la posibilidad de despertar. Esto es lo que nos podría pasar con la realidad virtual y es por ello que es tan peligrosa: ¿quién no quiere tener la vida de un rey o incluso de un dios?  El problema es que al desearla y posiblemente alcanzarla, se olvida que puede haber algo más.

Aunque la realidad virtual y la tecnología transhumanista plantean estados que semejan desdoblamientos astrales y mundos incorpóreos, en realidad son la máxima expresión de la ideología materialista. Y es que, por ejemplo, la idea de lograr la inmortalidad de la conciencia transfiriéndola en un aparato de hardware (algo que buscan tecno-optimistas como Ray Kurzweil) supone que la immortalidad no es posible más que virtualmente, y en general el mundo y la experiencia se agota cuando cesa la vida del cuerpo. A su vez, la realidad virtual es una afirmación del poder de la tecnología que por default desestima el poder de la mente misma y elige explorar los mundos posibles de la imaginación a través de una mediación tecnológica y no, por ejemplo, simplemente a través de la meditación o de la contemplación sin una interfase. Ya que, según el materialismo, la vida se acaba completamente al morir, podemos jugar a escapar y experimentar como simulacros todos nuestros más altos sueños. Podemos jugar a escapar de la muerte, ensoñar la libertad --pero sólo jugar y sólo soñar.

Douglas Rushkoff juega con una hipótesis que es en realidad una alegoría. Quizás nuestro afán por encontrar señales de inteligencia extraterrestre ha sido vano porque civilizaciones como nosotros que llegan a un punto de alto desarrollo tecnológico se involucran tanto con su propia producción de entretenimiento mediático --del cual lo más sofisticado y adictivo que podemos imaginar es la realidad virtual-- que dejan de interesarse en explorar la profundidad del espacio y conocer el universo. Simplemente permanecen infatuados en la indolencia perpetua de sus realidades virtuales holográficamente generadas donde aparentemente no es necesario esforzarse para gozar. La narcosis narcisista de McLuhan, el opio digital, el plano de los devas del más alto samsara.

Marx había dicho que la filosofía debía dedicarse a transformar el mundo y no sólo a interpretarlo. La realidad virtual en este sentido elige abandonar todo proyecto de transformarlo para dedicarse a experimentar su propia versión del mundo liberada de todas las inconveniencias. De hecho, la realidad virtual es una apuesta por la irrealidad del mundo y el espíritu; parece decir "ya que el espíritu no existe, podemos simular un mundo espiritual; ya que en este este mundo nuestro placer está condenado a cesar y a convertirse en sufrimiento y de todas maneras somos nada, creemos un mundo donde podamos siempre sentirnos bien sin tener que pagar las consecuencias de nuestros actos". El riesgo principal de la realidad virtual --y estoy hablando de una realidad virtual global, como imagina Kelly-- es que en el deslumbre y en el estupor de sus paraísos virtuales dejemos de explorar nuestra propia realidad y dejemos de explorar la posibilidad de que exista un sendero que conduzca a la libertad en esta vida --que persigamos el hedonismo o y no la eudaimonía. Que dejemos de investigar nuestra propia mente y transformar nuestra percepción, que dejemos de descubrir que de hecho el mundo en el que vivimos es también una realidad virtual, una simulación que oculta la luminosidad desnuda de la realidad. Y es que tal vez si transformamos nuestra percepción, lleguemos a ver que todos los paraísos del futuro que imaginamos a través de la tecnología, son la mera sombra del paraíso que es la realidad presente, despierta e inmediata, aquí y ahora.

Twitter del autor: @alepholo

 

 

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Con los conflictos entre las grandes potencias del siglo XX vino una carrera tecnológica interminable que lo mismo desarrollaba técnicas de control mental que armas de destrucción masiva y exploración espacial.

Imaginar el futuro siempre ha sido un ejercicio tentador, recreativo e inspirador que tiende a acertar y predecir algunos avances o cambios, aunque a distancia siempre puede resultar ingenuo.

Las predicciones de los rusos eran bastante similares a las que por aquel entonces hacían los estadounidenses. En los 60, estas diapositivas eran proyectadas en los hogares de la Unión Soviética a través de un dispositivo muy popular llamado Diafilm.

Las ilustraciones fueron creadas por L. Smekhov, la historia fue escrita por V. Strukova y V. Shevchenko. La fuente original fue publicada por Sergey Pozdnyakov a través de su perfil de VK (el Facebook ruso). Las traducciones al inglés fueron hechas por The Moscow Times. A continuación presentamos la película completa:

 

En el año 2017 por V. Strukova y V. Shevchenko, ilustrado por L. Smekhov, producida por Estudios Diafilm en 1960”

 

“¿A quién no le preocupa el futuro? ¿Cómo será? ¿A quién no le interesa dar un vistazo al próximo siglo? Luego de leer libros de ciencia ficción y aprender sobre las últimas investigaciones científicas y los nuevos planes de ingeniería uno se puede hacer una idea cercana de cómo será”

 

“Así pues, miraremos al futuro, nos transportaremos 60 años hacia adelante. Quizá en la víspera del centenario del Gran Octubre, niños como tú estarán mirando una película en clase de geografía sobre el pasado reciente y el presente de su país –una película sobre cómo los soviéticos están reorganizando el orden del mundo natural para brindar paz y alegría al planeta”

 

“Y aquí están esos estudiantes en la sala de proyección de 2017, este es un dispositivo especial que les permite observar cómo se transformó su país"

 

“Los niños escuchan la voz del narrador: '...y aquí está la presa a lo largo del estrecho de Bering. ¿Alcanzan a ver aquello que suena encima? Transformadores atómicos. La presa bloqueó las corrientes de agua fría del Oceano Ártico y el clima en el lejano este mejoró'”

 

“Entonces en la película desaparece la Tierra. En el espacio exterior, casi a la velocidad de la luz, un cohete interestelar fotónico despega hacia el sistema planetario más cercano, en la lejanía de Alfa Centauri”

 

“Cuando el show termina, el maestro de geografía, Nikolai Borisovich, le recuerda a la clase que la lección de mañana será un viaje de campo a la ciudad subterránea de Uglegard, localizada en el Círculo Ártico”

 

“A la mañana siguiente, Igor es despertado por el reloj que su padre inventó a modo de broma. El padre de Igor trabaja en uno de los despachos del Instituto Central para el Control Climático”

 

“Su madre no está en la cocina pero le dejó una nota, es una orden para la máquina culinaria inteligente. ¡Mi desayuno favorito! Exclama el pequeño mientras la lee”

 

“Igor inserta cuidadosamente la nota. La máquina procesa la nota, rayos invisibles leen los contornos de cada letra, cucharas y medidores ponen lo que se necesita y cuchillos automáticos cortan las verduras rápidamente”

 

“Luego la mamá de Igor le hace una llamada por el videófono. Está parada sobre la cubierta de un barco. Aquí es donde su hijo más pequeño va al kinder. ¿Te las pudiste arreglar con el desayuno?, pregunta sonriéndole”

 

“¿Estás en el Mar Negro?, pregunta Igor sorprendido. Estoy aquí por trabajo, le dice su madre, inspecciono los jardínes de niños flotantes de este mar, también visité el de tu hermanito. Llámale a papá, dile que no llegaré a casa hasta mañana”

 

“15 minutos después, Igor ya está bastante lejos de la capital. El Ártico saluda a los visitantes con una tormenta salvaje. Trabajadores locales rodean a los moscovitas”

 

“Una compuerta se abre frente a los estudiantes y una amplia serie de escalones los conduce hacia abajo”

 

“Entonces todos toman un paseo por las calles de Uglegrad. El aire está impregnado de la dulce fragancia de los árboles de tilo. Observan a las personas broncearse en la playa bajo las luces de cuarzo, es difícil creer que una nevada se desata en la superficie”

 

“En los alrededores, enormes taladros de acero perforan. El ingeniero principal de Uglegrad, Vladislav Ivanovich le cuenta a los niños de la clase todo sobre este fascinante trabajo”

 

“Aquí, bajo la tierra, reina una primavera eterna, dice con orgullo. Pero la volatilidad del clima en la superficie interrumpe nuestro itinerario de entregas para transportar lo que producimos”

 

“Por ahora, las estaciones de entrega voladoras son temporales únicamente, explica Ivanovich, crear las condiciones para la entrega ininterrumpida de bienes es posible únicamente con la creación de una línea de metro a través de todo el Ártico”

 

“Aquí está el modelo para la nueva construcción del subterráneo, es tan rápido como una máquina excavadora pero funciona al doble de velocidad, está potenciado por la nueva energía mason”

 

“Las estaciones espaciales tienen un futuro brillante en el control climático. Una persona estará en la sala de control y operará con botones con transmisión radial, la máquina volará por encima de los lugares para controlar tormentas o eliminar huracanes”

 

“Mientras tanto, de regreso en el Instituto Central para el Control Climático, donde trabaja el padre de Igor, llegan noticias urgentes: Nos acaban de informar, dice el meteorólogo en jefe, que los últimos imperialistas que quedan, escondidos en una isla remota, han probado un arma prohibida. Durante la prueba, hubo una explosión de una fuerza sin precedentes que destruyó la isla entera y simultáneamente perturbaron las condiciones atmosféricas del planeta”

 

“Evgeny Sergeyevich, el padre de Igor, es torturado por un pensamiento terrible: naves, jardines de niños, ahí se encuentra su esposa y Nina y Vitya… el huracán se acerca a cada minuto. Y su estación no había sido equipada aún desde control central”

 

“La explosión en el Pacífico Sur está causando terribles huracanes y tormentas. ¡Necesitamos comenzar a rescatar personas de inmediato! , el jefe de meteorólogos dice con decisión: ¿Está lista nuestra estación voladora?”

 

“Pediremos permiso para evacuar a las personas utilizando la estación de control climático, dice el jefe de meteorólogos. Volaremos hasta allá. Por supuesto, arriesgaremos nuestras vidas pero debemos salvar a los niños, los marineros, las naves”

 

“El permiso es concedido. Fuera de las ventanas de la estación de control climático pilares de agua comienzan a formarse y golpear. Suben hasta las mismas nubes”

 

“En la pantalla de la estación una imagen de las costas del mar Negro aparece. Un tornado gigante arranca los techos de las casas, destruye un antiguo pueblo del siglo XIX”

 

“El meteorólogo en jefe baja los vidrios negros de la estación. Un golpe de luz golpea su mirada, incluso a través de los vidrios… La estación irradia ondas invsibles de energía mason. Las emisiones combaten los tornados”

 

“Cuando, por fin, la estación deja de emitir las ondas, y el vidrio negro sube, los tornados, como por arte de magia, se han esfumado. La estación de control climático ha salvado a cientos personas”

 

“De regreso en la capital, pese a los cielos oscurecidos, la gente se prepara para celebrar. Hay una alegría extraordinaria en las calles. Los moscovitas van de un lado a otro intercambiando periódicos, leyendo sobre los últimos logros de la ciencia soviética en control climático”

 

“Cuando el padre de Igor aterriza y sale de la estación, le da a su hijo el abrazo más largo de sus vidas”

 

“Esa tarde, Evegny Sergeyevich enciende el videófono y llama a la nave, “Kakhetiya”. Su esposa sonríe al ver la pantalla, Nina está junto a ella gritando: “Papi, tuvimos una lluvia tan tibia hoy”

 

De esta manera los rusos se imaginaron el año actual, con la esperanza de que el socialismo terminaría por vencer, quizá existiría la teletransportación y sería posible el control del clima. Se adelantaron a la comunicación audiovisual remota aunque muchas de las predicciones se basaron en anhelos que compartían con los estadounidenses, como muestra esta fotografía de la feria futurista realizada en Nueva York en 1939:

 

¿Cómo te imaginas el año 2060? ¿Qué tecnología desarrollaremos? ¿Continuaremos viviendo bajo el capitalismo o el socialismo vencerá finalmente?