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Las diabólicas películas de terror filmadas por Kurt Cobain 10 años antes de su suicidio (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/22/2016

Las escabrosas grabaciones muestran a Cobain suicidándose 10 años antes de su muerte

Como advirtió alguna vez el excéntrico Kim Fowley, el rock & roll es un deporte de sangre. Quienes se han entregado con los ojos cerrados a esta práctica catártica e inevitablemente oscura, encuentran siempre la forma de llegar a un mismo acuerdo: “al diablo con el mundo”. Precisamente uno de esos protagonistas de la indiferencia fue Kurt Cobain, cuya valentía retadora, fiel a su generación X, le valió apenas el suicidio.

Luego de mucho especular sobre su muerte, algunos fanáticos se han encontrado con la extraña relación entre su suicidio y unas grabaciones antiguas de Super 8 que Cobain filmó junto a sus bandmates Krist Novoselic y Dale Crover de The Melvins cuando tenía 17 años, que muestran el inesperado espíritu suicida del apenas teen hero del grunge.

En estos retazos de cinta, apenas legibles, se mira a Cobain usando una máscara de Mr. T y formando parte de una ejecución ritualística junto a un pentagrama. Finge inhalar cocaína, salta con una guitarra eléctrica y más adelante corta su garganta y muñecas con un cuchillo falso. Se mira a un perro asesinado con el mismo cuchillo falso y nuevamente a Kurt, recibiendo un disparo falso. Estas imágenes, fugaces pero altamente escabrosas, permitieron mitificar que se trataba de un filme titulado El suicidio sangriento de Kurt Cobain, aunque mucho después Crover aclarara que estamos ante algunas grabaciones caseras sin sentido hechas por el imaginario adolescente.

Algunos de estos cortos circulan hoy en la web reunidos bajo el nombre de "Kurt Cobain horror movies" y posteriormente les fue anexada la música de The Melvins, que le da un toque todavía más siniestro a las secuencias. Aquí puedes ver algunos de ellos:

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7 muros de conciencia que la humanidad tiene que derribar antes de vivir sin fronteras

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/22/2016

Estas 7 barreras impiden nuestra convivencia franca con los otros, pero sólo porque así lo permitimos

Las fronteras han existido en prácticamente toda la historia de la humanidad. Hubo un breve período, hace miles de años, en que los antepasados de nuestra especie conocieron la comunión perfecta y la solidaridad sin límites, pero después de eso, todo fue más o menos como lo conocemos hasta la fecha: división, desunión, diferenciación.

Mucho de esto, sin embargo, existe sólo en nuestra mente. En varios casos las barreras que impiden la convivencia son más bien mentales.

A continuación compartimos siete de estos “muros de conciencia” que están ahí, en nuestras relaciones de todos los días, los cuales bastaría dejar de sostener para que cayeran por sí mismos, bajo el peso de su inutilidad.

 

La idea de propiedad

Desde las primeras mitologías se ha creído en la existencia de una “edad de oro” caracterizada por la abundancia de todas las cosas, la paz, la tranquilidad y la ausencia del sufrimiento. Pero además de todo esto, las historias en torno a ese motivo coinciden en un elemento: la inexistencia de la idea de propiedad. “Entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”, dice Don Quijote en su célebre discurso al respecto.

Mucho de lo que pensamos que nos pertenece son en realidad bienes transitorios; lo permanente, que es más valioso, nunca nadie nos lo arrebatará: ¿por qué entonces seguir pensando que algo es nuestro, exclusivamente?

 

La individualidad

La clave de nuestra supervivencia como especie fue la asociación entre individuos, algo que aún podemos observar en parientes evolutivos nuestros como los chimpancés o los gorilas. A diferencia de otros animales, nuestra fortaleza ha estado siempre en la unión con otros. No obstante, en el último siglo se ha impuesto justo la tendencia contraria: la atomización de la sociedad, el aislamiento en individuos que se sienten incapaces de formar un lazo con otros. Pero la historia demuestra lo contrario: que necesitamos de otros para vivir y conseguir lo que nos proponemos.

 

La falta de empatía

Otro rasgo contemporáneo cada vez más común es la renuencia a “ponerse en los zapatos de otro”, como se dice coloquialmente. Ahora el ensimismamiento domina nuestras relaciones cotidianas, desde las más simples (en la calle o en el trabajo) hasta las más complejas (una relación de pareja, por ejemplo). Tal parece que sólo podemos ver el mundo desde nuestra perspectiva, sin ponernos a pensar que cada cual experimenta la realidad a su propia manera, según sus propias circunstancias.

 

El temor al dolor

¿Por qué actualmente le tendremos tanto miedo al dolor? Nosotros no tenemos la respuesta a esa pregunta, pero sí otra cosa: la certeza de que el dolor es un gran maestro. Como han asegurado numerosos artistas, filósofos y otros grandes pensadores, el dolor templa el espíritu, es decir, hace que nuestra forma de habitar la realidad transite hacia prácticas más compasivas, empáticas e incluso, paradójicamente, relajadas. El dolor nos hace más humanos, y con ello nos acerca más a los otros.

 

La idealización

Idealizar es un movimiento más o menos natural de la mente, pero no por ello menos dañino. Idealizamos un estilo de vida, una relación, a personas específicas e incluso a países enteros. Sólo que idealizar deja fuera los detalles mínimos y particulares que dan una perspectiva mucho más precisa de cualquier cosa. Curiosamente, al idealizar nos alejamos de la realidad.

 

El apego

La noción de apego se asocia sobre todo con la doctrina budista, en donde se le considera el origen del sufrimiento. Sufrimos porque no entendemos que, en última instancia, lo único que nos pertenece es lo que somos, y nada más. Nos empeñamos en hacer nuestro aquello que por definición nunca será más que de sí mismo, y al imponerse esa realidad, nacen la frustración, el dolor, la tristeza. ¿Qué pasaría si abandonáramos ese esfuerzo estéril?

 

Ego

La “cárcel del ego” no es un lugar agradable. Es inhóspito, solitario, amargo incluso. Sin embargo, muchísimas personas se aferran a vivir ahí. Muchas veces por miedo, otras por ignorancia, algunas más por una falsa sensación de comodidad.

Agradecer, escuchar, reconocer al otro en su diferencia, ser compasivo, vivir ligeramente. Todas esas son vías para salir de esa cárcel que, paradójicamente, tiene las puertas abiertas, listas para que salgamos en cuanto tomemos la decisión de hacerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Qué piensas tú que necesitamos para dejar de vivir rodeados de fronteras? 

#RompeTusMuros