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Contra el "parenting": por qué conocer a tus hijos es mejor que leer libros sobre crianza

Sociedad

Por: - 10/15/2016

Nadie nace sabiendo ser padre, pero las teorías en torno a la paternidad perpetúan el miedo incipiente a volverse malos padres, lo que es capitalizado por una industria editorial voraz

Asomarse a la sección de paternidad en una librería puede ser una experiencia apabullante para muchos nuevos padres: "haz esto, no hagas lo otro, aliméntalos con esto pero nunca, nunca con esto, juega con ellos, pero no demasiado". 

El auge del parenting como modelo de crianza es relativamente nuevo en la historia de la humanidad. Nuestro pasado evolutivo (y la organización de muchas sociedades actuales así lo atestigua) muestra que los niños estaban a cargo de grupos de adultos, y convivían junto a otros niños no solamente durante las horas de escuela, sino en el resto del día también.

La división del trabajo y las largas jornadas laborales instituyeron la necesidad de criadoras expertas o especializadas, que muchas veces estaban a cargo de más de un niño. Para las clases altas esto se tradujo en la figura de la “nana”, institutriz o aya, que se encargaba de cuidar a los niños, mantenerlos limpios, darles un horario y también participar de sus afectos, mientras los padres de la alta sociedad se dedicaban a otras cosas.

Pero las clases medias urbanas de la actualidad parecen enfrentar un problema inédito en la historia: darse herramientas para criar a los niños virtualmente de la nada, hacer algo con el tiempo libre, además de darles herramientas para un futuro imprevisible y cambiante.

Existen muchos modelos de paternidad, pero como afirma Alison Gopnik en The gardener and the carpenter, “’Padre’ [parent] no es un verbo, ni una forma de trabajo… y no debería ser dirigido hacia la meta de esculpir a un niño en un tipo particular de adulto.”

Su libro propone algunas alternativas a los modelos recientes de crianza, como la paternidad “helicóptero” (los padres sobrevolando a los hijos pero tratando de darles algo de distancia e independencia), y las “tiger moms”, que tratan a los niños como empleados de alto rendimiento asignando una cantidad enorme de tareas y expectativas. El libro de Gopnik propone en cambio una paternidad a través de la metáfora del jardinero, y la contrapone a la del carpintero.

Según Gopnik, la crianza debe ser como cuidar un jardín: hay que sembrar, regar y podar, pero sin tratar de controlar por entero el proceso; un mal modelo de crianza se parece más a la carpintería, donde se toma un árbol (el niño) y se lo convierte en otra cosa que no tiene nada que ver con lo que alguna vez fue. La metáfora puede sonar un poco forzada y sin embargo sigue insistiendo en la misma tensión que los padres de la generación X sentían: ¿cómo balancear el trabajo y la independencia, tanto de los padres como de los hijos, y qué son las cosas que vale la pena enseñar?

Algo que los libros de paternidad no suelen tomar en cuenta son las diferencias sociales y culturales entre los tipos de padres (además de los muchos y muy diversos modelos de familias que pueden existir, desde los modelos monoparentales, homoparentales, extendidos y las familias tradicionales heterosexuales). Los contextos y épocas cambian, pero algunas cosas permanecen: hacer que un niño sobreviva (que coma, duerma y no se lastime jugando) es relativamente sencillo, pero lo difícil es desarrollar una relación con ellos a nivel de personas, no solamente a nivel de subindividuos jerarquizados dentro de la constelación familiar.

En realidad ningún libro puede orientarte sobre cómo criar a tu hijo, porque la relación entre padres e hijos es única y debe considerarse desde adentro. Darte la oportunidad de pasar tiempo con tus hijos y conocerlos es la mejor forma de aprender a ser padre o madre.
 

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Por: pijamasurf - 10/15/2016

Mientras más compleja es una civilización y más desigual la distribución de la riqueza, su fin es más predecible, incluso matemáticamente

Sin duda vivimos tiempos apocalípticos donde el fin de la civilización como la conocemos se plantea como una posibilidad cada vez más real. Los grandes imperios y civilizaciones del mundo han desaparecido en lapsos históricamente muy breves. Pensemos en Mesopotamia, en el vasto imperio de Gengis Khan, en los mayas o en el Imperio Romano, culturas que mutaron luego de llegar a un punto de no retorno y que se transformaron o desaparecieron sin casi dejar rastro. 

Un estudio financiado por la NASA trató de determinar los factores que llevaron a las antiguas civilizaciones a su fin. Sus conclusiones tienen gran semejanza con la teoría marxista de la Historia, aunque no se haga mención explícita de ella: “Dos factores importantes parecen estar presentes en distintas sociedades que han colapsado: la escasez de recursos debida a la presión ejercida sobre la capacidad del entorno ecológico, y la estratificación económica de la sociedad en élites y masas.” 

Según el estudio, la formación de élites resulta en un gasto exagerado y desperdicio de los recursos disponibles, lo que inevitablemente desemboca en hambruna entre el pueblo llano, que termina por rebelarse o emigrar. 

Los investigadores utilizaron una fórmula llamada “dinámica humano-naturaleza” (o HANDY, por sus siglas en inglés), que involucra factores como tasa de natalidad, recursos, e ingresos de las clases que forman parte de la sociedad a estudiar, para crear una ecuación matemática consistente históricamente. 

A medida que las sociedades se complejizan y se dividen en élites y masas, la distribución injusta de los recursos las lleva tarde o temprano al colapso; este colapso, sin embargo, es prevenible: según los investigadores, “el colapso puede ser evitado y la población puede alcanzar un estado equilibrado en su máxima capacidad de producción si la tasa de explotación de la naturaleza se reduce a un nivel sustentable y si los recursos son distribuidos equitativamente.”