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Cómo nuestras creencias y conceptos construyen lo que percibimos como "la realidad"

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/23/2016

No existe mundo real más allá de nuestras creencias y conceptos

En su libro The Quantum and the Lotus el monje budista Matthieu Ricard, quien fuera biólogo genético antes de ordenarse, estudia la intersección entre la ciencia y el budismo y específicamente el problema del observador, el cual aparece tanto en la física cuántica como en la psicología budista. Ricard cita a David Bohm, el físico que trabajó con Einstein y más tarde escribió algunos libros junto con Krishnamurti:

La realidad es lo que tomamos como verdad. Lo que tomamos como verdad es lo que creemos. Lo que creemos está basado en nuestras percepciones. Lo que percibimos depende de lo que estamos buscando. Lo que estamos buscando depende de lo que pensamos. Lo que pensamos depende de lo que percibimos. Lo que percibimos determina lo que creemos. Lo que creemos determina lo que tomamos como verdad. Lo que tomamos como verdad es nuestra realidad. 

Bohm aquí nos introduce a lo que podemos llamar un loop cognitivo, un circuito de reforzamiento en el que la percepción y nuestras creencias están unidas indisociablemente. La realidad que experimentamos no existe separada de nuestras creencias, las cuales lo mismo informan lo que percibimos que son informadas por nuestra percepción. Ricard desmenuza esto:

No importa lo complejos que sean nuestros instrumentos, no importa cuán sofisticadas y sutiles sean nuestras teorías y cálculos, sigue siendo nuestra conciencia la que al final interpreta nuestras observaciones. Y lo hace conforme al conocimiento y a los conceptos que tiene del evento bajo consideración. Es imposible separar la forma en la que la conciencia funciona de las conclusiones que hace de una observación. Los varios aspectos que distinguimos en un fenómeno son determinados no sólo por cómo observamos sino también por los conceptos que proyectamos al fenómeno en cuestión.

Aquí Ricard hace un punto interesante, y es que no importa cuán rigurosos queramos ser en nuestra ciencia buscando objetividad de todas maneras todas nuestras interacciones con la información que obtenemos de un experimento son mediadas y de hecho ocurren en nuestra conciencia, que es por definición subjetiva. Así el mundo material supuestamente objetivo, al cual la ciencia investiga, es fundamentalmente nuestra conciencia, sólo que vista como algo externo. Y aquello que vemos, supuestamente separado y objetivo, está determinado por nuestros conceptos y creencias.

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3 formas de evitar absorber la energía negativa de otras personas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/23/2016

La interacción social (y el intercambio energético que conlleva) es un factor determinante en nuestro bienestar; por eso hay que practicarla con inteligencia

Nuestra vida se podría resumir, desde cierta perspectiva, en un efervescente intercambio de energía con lo que nos rodea. Esta misma premisa aplica a nuestra vida social, sólo que en ese plano nuestro entorno se acota a las personas con las que interactuamos a lo largo del camino, ya sean amigos, desconocidos, colegas, incluso gente con la que tratamos con el simple hecho de pensarla o recordarla, sin necesidad de un contacto físico.

En esta danza interactiva es fácil que quedemos impresos con la energía de esos individuos, lo cual en sí es una dinámica fascinante pero que también, cuando se trata de energía negativa o de bajas frecuencias, resulta nocivo, incluso tóxico. 

Sin sugerir un estado paranóico ni mucho menos, en cambio queremos recalcar la importancia de una higiene metafísica. Es decir, hacer conciencia sobre todos los factores intangibles que tienen una influencia puntual en nuestra salud, nuestros estados de ánimo y, en general, sobre nuestra calidad de vida. Por eso aquí te compartimos tres sencillos recursos para evitar absorber la energía negativa de otros (o perder la tuya) mientras navegas ese añejo arte de las relaciones humanas:

 

1) Selectividad

Aunque parezca obvia esta sugerencia, la realidad es que mucha gente no la practica. Es fácil: si socialmente te mueves en un pantano o una especie de campo minado energético, será difícil que logres navegarlo sin absorber una buena cantidad de bajas frecuencias (pesimismo, envidia, etc). Por eso lo primero es elegir intuitivamente a las personas de las cuales decides rodearte (habrá individuos de bajas frecuencias con los que tendrás que tratar inevitablemente a lo largo de la vida, pero si además voluntariamente te rodeas de este perfil, entonces la tarea será demasiado difícil).

 

2) Responsabilidad

Apende a observar cómo te sientes frente a determinadas personas, qué emociones te despiertan o qué estados de ánimo favorecen en ti. A fin de cuentas el resultado de tu interacción social tiene que ver no sólo con tus elecciones sino también con la forma en la que te paras frente a cierta gente (esto en el caso de tratar por obligación con individuos de baja frecuencia). Esto es, la responsabilidad no sólo aplica respecto al punto anterior sino igualmente sobre cuánto poder le das a las personas con las que tratas, en particular con aquellas de dudosa energía. 

 

3) Soledad

Es muy probable que hayas notado que cuando estás solo ocurre algo que bien podríamos llamar regeneración. Los momentos de soledad son fundamentales para digerir, mental y metafísicamente, el intercambio que sostenemos cuando estamos con otros. De hecho, recién se publicó un estudio que advierte que la interacción social, no importa si es voluntaria y disfrutada, conlleva siempre un desgaste para el individuo. Así que si aprovechas tus momentos a solas seguramente estarás más sólido cuando te toque interactuar con gente que, en caso de encontrarte vulnerable, te drenará la energía.