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Maestro ruso conduce épico y polémico concierto en las ruinas de Palmira, Siria (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 05/07/2016

Un extraño acto musical político fue realizado en las ruinas de Palmira, en Siria, ciudad antiquísima devastada por los combates entre el Estado Islámico y fuerzas militares occidentales

Un concierto épico que parece de una fastuosa producción hollywoodense y que ciertamente contó con la aparatosidad del Estado ruso fue llevado a cabo en la ciudad de Palmira, en Siria. El reconocido compositor Valery Gergiev condujo a la orquesta sinfónica Mariinsky en el teatro romano de esta antigua ciudad, patrimonio de la UNESCO, que ha sido recientemente recapturada, luego de que había sido tomada por el Estado Islámico. El concierto fue llamado Rezando por Palmira--Música revive las antiguas ruinas. Entre las piezas que llenaron este teatro a cielo abierto estuvieron composiciones de Johann Sebastian Bach, Serguéi Prokófiev y Rodión Shchedrín. La temática fue elegida en honor a "aquellos que luchan contra el terrorismo" y a las víctimas de este conflicto.

Mientras Rusia exhibe solemne pompa, en Occidente no se ha hecho esperar el escepticismo por lo sucedido. La BBC apunta que Gergiev es cercano a Putin y que el concierto tuvo el fin de justificar la intervención rusa en Siria, mostrando los logros del ejército con el fondo magnificante de la música orquestal. Música para la paz con una clara agenda política... Y, sin embargo, pocas veces vemos hoy en día política tan épica, tan majestuosa, sobre todo cuando dejamos de ver que es política y dejamos que nos transporte la experiencia artística amplificada por el escenario. 

Más allá de que esto huele a seria propaganda, no hay duda de que la belleza de las imágenes y la música es fuente de inspiración estética. Todo lo más con la extraña mezcla de imágenes de guerras intercaladas por la transmisión de la TV rusa, las flores rojas contrastando contra los colores apagados del desierto, los soldados conmovidos (unos) a la vez que perplejos (otros) y esas tomas desde el cielo que muestran un lugar de otro tiempo, casi imposible, resistiéndose por un momento a la destrucción. 

 

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Arte

Por: pijamasurf - 05/07/2016

Este inspirador ensayo fotográfico nos muestra que nuestro paisaje cotidiano puede ser el lienzo de la más inesperada obra de arte

Una de las mejores cualidades de la conciencia es la capacidad que tenemos para percibir la realidad pero no necesariamente de una forma objetiva. Esto es, no se trata sólo de que cada uno de nosotros aprehenda el mundo con los sentidos que nos son propios, los códigos sociales interpretados subjetivamente, nuestros propios referentes y límites conceptuales, sino que además esta misma particularidad puede extenderse para mirar lo que no está ahí y entonces, por ejemplo, ver en una nube la figura de un animal, en una constelación a un auriga, en la valentía de una persona la presencia de una deidad, etc. En La locura que viene de las ninfas, Roberto Calasso escribe al respecto:

Cuando la vida se encendía, en el deseo o en la pena, o también en la reflexión, los héroes homéricos sabían que un dios actuaba en ellos. Cualquier aumento repentino de la intensidad hacía entrar en la esfera de un dios. Esto significa principalmente la palabra éntheos, "plenus deo", como traducían los latinos, palabra que es el eje sobre el cual gira la posesión. La mente era un lugar abierto, sujeto a invasiones, incursiones, súbitas o provocadas. Incursio, recordemos, es un término técnico de la posesión. Cada una de esas invasiones era la señal de una metamorfosis. Y cada metamorfosis era una adquisición de conocimiento.

Ese, en buena medida, es el fundamento de la percepción artística, el sentido estético como uno de los lineamientos que guíen nuestra percepción. Las musas, la inspiración, el rapto poético, todo eso es expresión de dicha capacidad cognitiva.

Una singular prueba de ello son las fotografías que ahora compartimos, obra del japonés Yoshinori Mizutani, quien condensó uno de los retratos más singulares de los cielos de Tokio luego de hacer uno de los gestos más sencillos del mundo: alzar la vista y mirar lo que había sobre su cabeza. Mizutani se encontró entonces con cientos de aves paradas sobre los cables de la red eléctrica que cruzan y alimentan la urbe de energía. Vistas a contraluz, estas parvadas estáticas son lo que son pero también parecen ser otras cosas: trazos abstractos, las notas sobre una partitura, gráficos matemáticos, o un punto que salió a pasear (parafraseando a Paul Klee).

Se trata, en suma, como toda propuesta artística auténtica, de una invitación a mirar nuestra realidad de otra manera y descubrir el sentido estético del mundo.