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Investigadores confirman que el aleteo del búho, desafiando la física, no produce prácticamente sonido alguno

Los búhos son seres extraordinarios. No es casualidad que entre múltiples culturas sean considerados como habitantes de las fronteras entre este y otros mundos. Radiante en el filo de lo imperceptible, su casi fantasmal discreción hace de esta ave nocturna una figura asociada a la sabia distancia, a la contemplación panorámica del objeto y el movimiento.

En hermosa sintonía con lo anterior, se comprobó que el vuelo de los búhos no emite prácticamente sonido alguno. Si tomamos en cuenta la complejidad de los movimientos implícitos en su vuelo, y luego la contrastamos con su minúsculo efecto sonoro, es probable que entendamos por qué se considera a estos animales como residentes de un plano distinto --más sutil y elegante-- al nuestro. Además, sobra decir, su casi imperceptible desplazamiento abona significativamente a su mayestática naturaleza.

Investigadores británicos documentaron el sonido emitido por el vuelo de un búho Tyto alba y confirmaron que el ejercicio consistía en prácticamente grabar silencio. Luego lo contrastaron con el vuelo de otras aves, un pichón común (Columbidae) y un halcón peregrino (Falco peregrinus); el resultado fue espectacular. Gracias a un sistema de alta sensibilidad para monitorear sonido se pudo comprobar que el vuelo de un búho, a pesar de su rapidez y precisión, es algo simplemente fantasmal. Lo imperceptible de su desplazamiento se debe a la gentileza de sus movimientos y a una constitución que combina un cuerpo pequeño con amplias alas.  

Cuando un cuerpo se mueve desplaza aire y eso produce sonido. Sin embargo, la gracia cinética del búho le permite casi eludir este principio esencial de la física y desplazarse de manera exógena a este mundo –algo que, por cierto, contrasta con la contundencia del instante preciso en que ase a su presa.   

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

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El angustiante espectáculo del despertar de miles de serpientes en un hervidero, ansiosas por reproducirse

El despertar de las serpientes es un evento que para algunos es altamente magnético y hasta adictivo, pero que también podría ser la sustancia de la cual está hecha una pesadilla.

El fenómeno mostrado en el video ocurre en Narcisse, en Manitoba, Canadá y marca el surgimiento de más de 75 mil serpientes en un espacio del tamaño de una sala de estar. Por eso se le llama "alfombra de serpientes", una alfombra un tanto atestada de estos sinuosos reptiles, así que, por más atractiva que sea (y atrae a numerosos visitantes cada año), es difícil querer acercarse demasiado.

Las serpientes de liguero rojas o serpientes jardineras emergen de una hibernación de 8 meses en camas subterráneas de piedra caliza con sólo una cosa en mente: reproducirse. En el video se puede ver a una hembra alzar la cabeza intentando huir del cortejo de cientos de machos en ardor. Por momentos, la población de serpientes toma una proporción de 10 mil machos por cada hembra, por lo que uno puede imaginarse la pujante agonía que se vive. Las hembras son hasta cuatro veces más grandes que los machos y son esperadas por los ansiosos pretendientes afuera de sus cuevas. Para atraerlos, secretan ferómonas en la piel y los machos intentan ganar su favor sexual frotando sus cabezas en sus espaldas y dando lengüetazos. Al final eligen a la serpiente afortunada, entre el mar orgiástico, a través de un complejo mecanismo llamado "selección críptica de hembra".

El video no tiene desperdicio, especialmente por el tono relajado del narrador, que se deleita diciendo: "otro zoom más a esta alfombra de serpientes, después de todo yo nunca me canso de verla". El ruido de fondo, por cierto, no es un efecto de estática: es el sonido de las serpientes, miles de ellas reptando en el calor. 

(Con información del New York Times)