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Investigadores confirman que el aleteo del búho, desafiando la física, no produce prácticamente sonido alguno

Los búhos son seres extraordinarios. No es casualidad que entre múltiples culturas sean considerados como habitantes de las fronteras entre este y otros mundos. Radiante en el filo de lo imperceptible, su casi fantasmal discreción hace de esta ave nocturna una figura asociada a la sabia distancia, a la contemplación panorámica del objeto y el movimiento.

En hermosa sintonía con lo anterior, se comprobó que el vuelo de los búhos no emite prácticamente sonido alguno. Si tomamos en cuenta la complejidad de los movimientos implícitos en su vuelo, y luego la contrastamos con su minúsculo efecto sonoro, es probable que entendamos por qué se considera a estos animales como residentes de un plano distinto --más sutil y elegante-- al nuestro. Además, sobra decir, su casi imperceptible desplazamiento abona significativamente a su mayestática naturaleza.

Investigadores británicos documentaron el sonido emitido por el vuelo de un búho Tyto alba y confirmaron que el ejercicio consistía en prácticamente grabar silencio. Luego lo contrastaron con el vuelo de otras aves, un pichón común (Columbidae) y un halcón peregrino (Falco peregrinus); el resultado fue espectacular. Gracias a un sistema de alta sensibilidad para monitorear sonido se pudo comprobar que el vuelo de un búho, a pesar de su rapidez y precisión, es algo simplemente fantasmal. Lo imperceptible de su desplazamiento se debe a la gentileza de sus movimientos y a una constitución que combina un cuerpo pequeño con amplias alas.  

Cuando un cuerpo se mueve desplaza aire y eso produce sonido. Sin embargo, la gracia cinética del búho le permite casi eludir este principio esencial de la física y desplazarse de manera exógena a este mundo –algo que, por cierto, contrasta con la contundencia del instante preciso en que ase a su presa.   

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

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Este escenario apocalíptico espera a la Ciudad de México en la fase 2 de contingencia ambiental

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 05/01/2016

Si las condiciones de la calidad del aire no mejoran en el valle de México, estas serán las medidas estrictas que podrían implementarse

Quien esté familiarizado con la literatura o la cinematografía distópica sabrá que en este género de ficción el futuro tiene un tinte más bien siniestro, como si en última instancia todos los progresos previos de la humanidad no pudieran desembocar más que en caos, sufrimiento generalizado, destrucción y más. Los ensueños renacentistas de un porvenir luminoso, sabio y placentero para todos viraron radicalmente sobre todo a partir de los acontecimientos vividos en el siglo XX, en el que las catástrofes de las dos guerras mundiales, la explosión de un par de bombas atómicas, la hambruna de todo un continente y otros sucesos afines fueron evidencia suficiente de las promesas rotas de la modernidad.

Actualmente la Ciudad de México vive una de sus peores crisis ambientales en varios años. Desde hace algunos meses sus habitantes respiran el aire más tóxico del que se tiene memoria, consecuencia sí de las condiciones atmosféricas de esta época del año, de la situación geográfica de la urbe, pero también de otra coincidencia de factores en los que tienen responsabilidad lo mismo autoridades gubernamentales que los propios habitantes de la ciudad.

Ante esta situación y pese a la implementación durante 3 días consecutivos de la fase 1 de Contingencia Ambiental (la cual incluye medidas restrictivas a la circulación de automóviles, por ejemplo), la calidad del aire no ha mejorado, por lo que parece posible y acaso incluso inminente que la ciudad viva un episodio inédito en su historia: la fase 2 de dicho programa.

¿En qué consiste ésta? Según la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME), estas serían las medidas:

·Se suspende 50% del parque vehicular. Un día no transitarán los autos con terminación par y al siguiente descansarán las terminaciones nones. Las autoridades decidirán con cuál se inicia.

·No circula el transporte público federal terminación par o non.

·Se evaluará si será necesario suspender actividades en oficinas públicas, instalaciones culturales y recreativas.

·Se contemplaría la suspensión de clases si lo deciden las autoridades.

·Todas las industrias de competencia federal reducirán emisiones hasta en 60%.

·Las estaciones de gasolina dejarán de dar servicio según su terminación en pares o nones.

·Se suspenderán actividades a cielo abierto.

·Se suspenderán actividades en establecimientos que utilicen combustible leña o carbón.

·Tendrán que parar labores las industrias relativas a la fabricación artesanal de tabiques.

·Se disminuirá en 60% la operación de equipos de combustión indirecta.

·Se emplearán sensores para detectar y retirar de circulación a vehículos contaminantes.

·Se aplicaría en la Zona Metropolitana (16 delegaciones y 18 municipios del Estado de México).

Un tanto apocalíptico, ¿no?

Lo interesante del género distópico, sin embargo, es que muchos de sus autores no resistieron la tentación de concluir con un final si no optimista, al menos esperanzador. Aun las narraciones más oscuras quieren creer que al final de ese callejón sin salida de la civilización se enciende una luz que redima a la humanidad de todo el mal causado lo mismo a sus semejantes que al entorno.

Quizá, de implementarse, estas medidas nos sacudan y nos despierten del sueño de egoísmo, indiferencia y destrucción en que estamos inmersos.