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El renacimiento del sufismo Bektashi en las montañas de Albania (FOTOS)

Por: pijamasurf - 03/07/2016

Un antiguo conjunto de prácticas rituales provenientes de Turquía que marcaron a las religiones de la zona

En la frontera entre Albania y Macedonia, las logias sufíes cobraron nueva vida desde la caída del régimen comunista de Enver Hoxha en 1985. Históricamente se trata de un territorio en disputa: griegos, romanos, comunistas y musulmanes han dejado su impronta en el lugar, volviéndolo una extraña zona de confluencia entre oriente y occidente.

Con la suspensión y persecución de las actividades religiosas por parte del régimen comunista, miembros de todas las confesiones vieron caer sus sitios de oración: las iglesias, las mezquitas, los tekkes sufíes y los panteones quedaron hechos ruinas en muy poco tiempo; según un reportaje de Mehves Lelic para National Geographic, el hijo de Baba Ismaili, el líder religioso de la región, se negó a participar en la destrucción de los tekkes, por lo que desapareció desde entonces.

Pero este episodio que pudo haber marcado el camino de Ismaili por la senda de la venganza más bien lo persuadió de las bondades de la hospitalidad Bektashi, un antiguo conjunto de prácticas rituales provenientes de Turquía que marcaron a las religiones de la zona. El sufismo practicado por Baba Ismaili es una doctrina mística, donde la escritura no prevalece, y que abona de una interpretación figurativa del Islam. Para ellos su profeta, Haci Bektash Velí (1209-1271), es el legítimo sucesor de Mahoma, pero en términos geopolíticos, los sufíes son oprimidos por organizaciones musulmanas más poderosas.

Sin embargo, el poder de los sufíes tiene un matiz político: gracias al auge de los Bektashi, los gobernantes saben que deben ganarse el favor de los religiosos para que la gente los apoye en sus campañas. Esto ha dado la oportunidad de que las condiciones de vida de los pobladores de las montañas prosperen.

 

(Vía NatGeo)

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El futuro de las drogas podría estar en los implantes cerebrales

Por: pijamasurf - 03/07/2016

¿Será posible emular los efectos de cualquier droga a través de dispositivos cerebrales artificiales? ¿Eso podría terminar la guerra contra las drogas?

Si la guerra contra las drogas terminara por volver ilegal toda planta y sustancia química psicoactiva y enteógena, tal vez los exploradores de la conciencia tengan un campo nuevo y fecundo en la estimulación cerebral. A diferencia de la medicina tradicional (que tiene rituales y conocimiento que la medicina occidental no siempre reconoce como valioso), los implantes cerebrales comenzarán a ser una forma de programar el cerebro como si fuera una máquina, curando o previniendo padecimientos como el Alzheimer y el mal de Parkinson, pero también abriendo la posibilidad de tener "highs" químicos directamente disparados en el cerebro.

Las drogas del futuro podrían ser códigos parecidos a un sistema de videojuegos: sesiones de entre 5 y 20 minutos con diferentes tipos de estimulación, según tus necesidades. Puedes recibir un subidón o un bajón, puedes relajarte o estimularte, pues los implantes podrían imitar los efectos de cualquier tipo de droga, garantizando que nunca tendrás sobredosis ni efectos indeseados, porque no se trata de sustancias sino de efectos neuronales.

Un prototipo comercialmente viable se llama Thync y envía una corriente de 20 miliamperes al nervio trigémino en tu frente. Puede estimularte para que tengas más energía --por lo que no tiene ese aspecto oscuro de las drogas "químicas" de afectar la vida laboral-- o enviar tranquilizantes vibraciones en tu nuca y espalda para relajarte al final del día.

Otra ventaja de los implantes cerebrales es que parecen más seguros que cualquier tipo de droga ilegal en la actualidad. Muchas veces la gente sólo puede confiar en lo que el dealer le dice: no hay un mercado regulado que diga que ese LSD contiene lo que debe contener; pero con los implantes no tienes ese problema. ¿Necesitas un shot de dopamina? No hay problema. ¿Pero tienes que estar despierto y listo para una junta en la tarde? Tampoco hay problema. 

Un contra puede ser que los biohackers ingresaran en la programación y ofrecieran cosas que los fabricantes aún no se esperen, yendo más lejos y más rápido que lo que la medicina académica permite. Pero a diferencia de las sustancias ilegales, un programa de computadora y una señal eléctrica siempre dejan huella, siempre pueden rastrearse y seguirse, por lo que la propia arquitectura de los implantes debe hacerlos seguros. Por supuesto todo está apenas en fase experimental, lo cual no quiere decir que no se vea a la distancia una época próxima de cyborgs, mitad personas y mitad máquinas, conectados y comunicándose todo el tiempo.