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Cruzamos el punto de no retorno del calentamiento global (y esas son las buenas noticias)

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/16/2016

Durante el último mes nuestro planeta experimentó las temperaturas más altas jamás registradas en la Historia

El miércoles 2 de marzo de 2016 fue un día como cualquiera, pero marcó un umbral imperceptible que el planeta y todos los seres que vivimos en él atravesamos por unas horas: cruzamos los 2°C que los gobiernos del mundo colocaron como el punto de no retorno del calentamiento global. Aunque esta medida es arbitraria, se basa en las temperaturas promedio registradas históricamente; desde el inicio de la era industrial en el siglo XIX hasta octubre del año 2015 la temperatura global aumentó 1°C, y sólo 5 meses después se incrementó otro grado.

Las consecuencias de este aumento general de la temperatura no siempre son visibles, pero ya existen indicios de que los problemas asociados al calentamiento global no serán cosa de las "generaciones futuras", sino que amenazan a nuestra propia civilización. Por ejemplo, los organizadores de la famosa carrera de trineos Iditarod --donde los carros tirados por perros entrenados cubren una distancia de más de 1,600km-- tuvieron que traer nieve desde otros sitios debido a que el invierno fue caluroso y en la mayor parte del hemisferio fue más bien caliente.

Información dada a conocer por la NASA el sábado 12 de marzo confirmó que febrero fue el mes más caliente registrado en la Historia, con 1.35°C por encima del promedio histórico. Febrero también tuvo el infame récord de haber superado a enero (el mes más caliente registrado hasta entonces) por 0.2°C. No queremos alarmar a nadie ni ser amarillistas, pero febrero de 2016 fue el mes más caliente que la especie humana ha vivido en el planeta.

Sin embargo, es necesario recalcar que sólo 7% de los gases de invernadero se quedan en la superficie terrestre, donde sentimos sus efectos a través de eventos meteorológicos como el ciclón tropical Winston que azotó las costas de Fiji en febrero, registrando los vientos más fuertes de la Historia; otro efecto superficial del calentamiento global es la diseminación del mosquito que transmite el virus de Zika, y un efecto más puede hallarse en la sequía que azotó a Siria, la cual ha movilizado a miles de familias por Europa, creando un ambiente de tensión racial y social.

¿A dónde va el 93% del calor restante? A los océanos.

Blanqueamiento de corales en el Pacífico Sur (Crédito: XL Catlin Seaview Survey, 2016) Blanqueamiento de corales en el Pacífico Sur (Crédito: XL Catlin Seaview Survey, 2016)

 

Las altas temperaturas del Pacífico (que se corresponden con los mínimos históricos registrados de hielo polar) producen un fenómeno conocido como "blanqueamiento de corales" (en el GIF superior), donde los arrecifes de coral del océano son incapaces de alimentarse y mueren, dejando inmensas barreras de huesos. Solamente en tres ocasiones se han registrado blanqueamientos coralinos: en 1998, en 2010 y en 2016, años donde El Niño hizo su aparición. Por las altas temperatura del Pacífico (llegando en algunos sitios a superar los 6ºF) se espera que a fines de este año también aparezca La Niña (temperaturas bajísimas del agua).

Nunca ha estado muy claro si una acción correctiva global podría frenar los devastadores e imprevisibles efectos del cambio climático, o si el umbral de la temperatura representa un signo de no retorno por el que nos encaminamos a una catástrofe medioambiental irremediable. Sin embargo, activistas como Bill McKibben se preparan para manifestarse en forma de desobediencia civil no violenta en los mayores depósitos de carbono del planeta: las minas de carbón de Australia, las minas de alquitrán de Canadá y los yacimientos de gas de Rusia. Como afirma McKibben, "el único lugar seguro para el carbón es enterrado bajo el suelo, donde ha permanecido por eones".

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¿La tecnología está atrofiando capacidades cognitivas básicas, haciéndonos estúpidos?

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/16/2016

A través de la historia, los cambios tecnológicos han tenido un fuerte impacto en cómo vivimos y pensamos. El uso irreflexivo de estas tecnologías podría tener consecuencias terribles para nuestro futuro

La tecnología se ha desarrollado bajo la premisa de que simplificará todos los aspectos de nuestra vida haciéndola más cómoda, sencilla y llevadera, pero esto no necesariamente es así. De hecho, la tecnología podría estarnos afectando negativamente más de lo que pensamos, y la posibilidad de una ulterior simplificación de nuestra existencia a través de la automatización podría tener consecuencias graves. 

En la década de los años 60 Marshall McLuhan ya había  dejado claro que los medios no son canales de información pasivos. ¿Pero qué tanto afectan los medios o las innovaciones tecnológicas la manera en la que procesamos el mundo que nos rodea y cómo nos relacionamos con él? De acuerdo con el autor Nicholas Carr, tenemos muchas razones para preocuparnos. Primero que nada en cuanto a la simplificación de nuestra existencia: la realidad es que las personas necesitamos retos, ya que a través de ellos adquirimos habilidades físicas y  cognitivas. Además, en el camino de intentar superar las dificultades afina nuestros talentos y nos ayuda desarrollar perseverancia, paciencia y algunos dirían que también carácter. 

Por otro lado, en su ensayo ¿Está Google haciéndonos estúpidos?, Carr ha tocado el tema de cómo la tecnología con la que interactuamos moldea la forma en que pensamos y nos relacionamos con el mundo y nuestro trabajo. Carr cita a Friedrich Nietzsche, quien dijo haber notado un cambio en su forma de pensar y transmitir sus ideas tras haber adquirido una máquina de escribir. Durante mucho tiempo se pensó que nuestras estructuras cerebrales eran fijas, pero el descubrimiento de la neuroplasticidad ha dejado claro que, por el contrario, nuestras estructuras cerebrales son flexibles y adaptables y asimismo se ven influenciadas por nuestros hábitos. Esto explica por qué la popularidad de la red así como su eficiencia, rapidez y facilidad podrían estar íntimamente relacionadas con una drástica reducción de los períodos de atención de las personas, a la par de su capacidad de concentración, entre otras cosas. 

Además, mientras que los humanos sufrimos estos rezagos congnitivos, las máquinas cada vez son más rápidas y eficientes. En palabras de Carr: "Los seres humanos se han vuelto obsoletos frente a la velocidad en la que las computadores pueden comprar y vender instrumentos financieros". 

Por otro lado, las máquinas no sólo nos superan en sus habilidades en la bolsa, también podrían tomar el control de las guerras, pues el uso de drones en los conflictos armados va en aumento. Y la velocidad de procesamiento de las máquinas para tomar decisiones nos excede. Uno de los pronósticos sombríos en este campo es que llegará el punto en que los humanos no podrán ir a la par de la velocidad de las máquinas y ellas quedarán al mando. ¿Deberíamos dejar vidas humanas, la economía y los poderes bélicos en manos de robots? 

Puede ser que el desarrollo tecnológico sea imparable, pero necesitamos mantener una actitud crítica con respecto a su uso. Dejar decisiones críticas en manos de robots podría llevar a un proceso de deshumanización de todas las áreas de nuestra vida en las que los valores de eficiencia y rapidez sean puestos por encima de los cuestionamientos éticos.