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La extraña efectividad del placebo y otros tratamientos de sanación mente-cuerpo nos llevan a profundizar sobre la potestad de la mente sobre el cuerpo

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En los últimos años la ciencia ha establecido de manera contundente que el cuerpo se ve afectado por los pensamientos y creencias del individuo. Ya no sólo el estrés como un factor determinante en la salud, sino también el pensamiento positivo y las creencias como capaces de activar una respuesta de sanación, algo que ocurre de manera frecuente con la toma de un placebo. En este sentido la ciencia llega al último a algo que era evidente para la experiencia común o para la sabiduría popular.

Uno de los panoramas más completos de la sanación mente-cuerpo (mind-body healing en inglés) ha sido realizado por la periodista científica Jo Marchant, quien acaba de publicar el libro Cure, en el que no sólo revisa diferentes estudios científicos, sino que entrevista a personas que han experimentado la sanación facilitada por el pensamiento y experimenta ella misma con técnicas y nueva tecnología que está poniendo esto en práctica.  

Marchant concluye que existe evidencia científica que sustenta el poder de sanación del pensamiento. Ejemplos de esto van desde evidencia de que la hipnosis es altamente efectiva para sanar el síndrome del intestino irritable, estudios que correlacionan la longitud de los telómeros (los extremos de los cromosomas) y el estrés percibido en el paciente o la fascinante capacidad que tiene el juego de realidad virtual Snow World para disminuir el dolor en pacientes que han sufrido severas quemaduras. En este caso, los pacientes utilizan una interfaz de realidad virtual para navegar un paisaje de hielo y realizan algunas acciones como tirar bolas de nieve a pingüinos y hombres de nieve. Al focalizar la atención del cerebro en la nieve se produce una disminución del dolor de entre 15% y 40%, a veces superando lo que logran fuertes analgésicos. Otro caso fascinante es el de las pastillas de placebo que son tomadas sabiendo que son placebo y aún así funcionan.  

Lo que convenció a Marchant, sin embargo, de la realidad del efecto mental de sanación, fue encontrar una función evolutiva para la influencia de la mente en la salud:

Actualmente existen diversas líneas de investigación que sugieren que nuestra percepción mental del mundo constantemente informa y guía nuestro sistema inmune de una forma que nos permite responder mejor a amenazas futuras. Ese fue el momento "Eureka" para mí --en el que la idea de una mente entrelazada con el cuerpo de repente hizo más sentido desde una perspectiva científica.

La respuesta de sanación mediada por el pensamiento parece operar en el sentido contrario que el estrés, el cual está asociado con la tensión mental (la primera opera a través de la relajación). Mientras que sabemos que el estrés tiene la función evolutiva de protegernos del peligro, al colocarnos en el famoso modo "huir o luchar" (el cual es cronificado por amenazas invisibles sostenidas por la creencia de la mente), es menos evidente, desde la perspectiva de la ciencia, la función evolutiva de la propiedad de autosanación que tiene la mente humana. Dice Marchant:

Los investigadores actualmente han descubierto que las creencias positivas no sólo funcionan mitigando el estrés. Tienen un efecto positivo también --hacernos sentir sanos y salvos, o creer que las cosas se resolverán positivamente, parece ayudar al cuerpo a preservarse y repararse... El optimismo parece reducir los niveles inflamatorios producidos por hormonas como el cortisol. También parece reducir la susceptibilidad a la enfermedad al reducir la actividad del sistema nervioso simpático y estimular el parasimpático. Este último gobierna lo que se conoce como la respuesta de "descansar y digerir", lo opuesto a la respuesta "huir o luchar".

De aquí podemos inferir algo bastante sencillo, que la mente es la gobernadora o directora del cuerpo y al relajarse y dejar de enviar un exceso de energía a ciertos puntos del cuerpo éstos pueden descansar y repararse de manera natural. Algo que es difícil de determinar actualmente es si la dirección o el énfasis del pensamiento --que parece acarrear una cierta energía o al menos un contenido de información que se transduce como un trabajo o una acción corporal-- puede, por así decirlo, "colorear" la reacción que se produce, es decir, conlleva una cierta nota cualitativa en su focalización. Esto significaría que la sanación no sólo se produce por la retirada de la tensión mental que inundaba o bloqueaba el funcionamiento de un sistema u órgano específico , sino también por el efecto positivo de un tipo de concentración. En otras palabras, ¿es la ausencia de tensión la que produce los beneficios de salud o existe también una acción positiva capaz de activar una respuesta que no necesariamente existe como consecuencia de la ausencia de estrés? En primera instancia la medicina moderna no estará dispuesta a aceptar que el pensamiento dirige un flujo de energía de sanación, a lo mucho entenderá el efecto del pensamiento como detonando la secreción de un cóctel de neurotransmiores, ya sean excitatorios o inhibidores (de una manera un poco reduccionista los inhibidores serían los relacionados a una respuesta de sanación). En la medicina china, sin embargo, existe el concepto de "qi", la energía vital de la cual depende el organismo en su totalidad para su buen funcionamiento. A grosso modo el "qi" circula por el cuerpo a través de la sangre --así es como funciona la acupuntura; sin embargo la filosofía taoísta considera que el "qi" puede dirigirse a través de la intención, esto es lo que se conoce en el qi gong como "dao yin", la dirección consciente de la energía (se dice que donde está la atención está la energía). 

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Marchant apunta a que el pensamiento tiene una función moduladora del sistema inmune, lo cual significa que nuestro sistema de defensa, el cual se extiende por todo el cuerpo (aunque tiene su mayor concentración en la pared intestinal, ligado a nuestra flora intestinal y al llamado "segundo cerebro" o sistema neuroentérico), no es un órgano que funciona de manera automática, sino que es sensible a nuestra percepción del mundo, a nuestra agencia. Nuestra percepción, como también nuestras bacterias, entrenan a este ejército de células y las ponen a punto para desplegar de manera efectiva sus recursos. Una mala percepción sobre un potencial enemigo puede hacer que incendiemos nuestra aldea como estrategia de sobrevivencia para detener que siga avanzando el enemigo, cuando quizás ese enemigo hubiera sido fácilmente detenido en la primera línea de combate.

Quizás estemos en los comienzos de un cambio de paradigma, aunque será difícil superar la presión de las grandes farmacéuticas que determinan los métodos de tratamiento que son validos y que dependen (y la economía con ellas) del constante aumento de enfermos crónicos. Marchant, sin embargo, considera que los datos demuestran que en el caso de algunas condiciones médicas existen métodos de tratamiento menos costosos y problemáticos, con menos efectos secundarios y riesgos de adicción, basados en este principio de sanación cuerpo-mente. 

Es fácil notar para cualquiera que investigue la literatura médica o que se observe a sí mismo detenidamente que nuestro estado de ánimo y los estímulos del medio ambiente tienen efectos a nivel celular y son tanto o más importantes para nuestra salud que nuestros genes. El trabajo del profesor de medicina de UCLA Steven Cole va en este sentido. Cole ha notado que el nivel de satisfacción y significado que tenemos en nuestra vida está asociado con el funcionamiento de nuestro sistema inmune: "La vieja forma de pensar era que nuestros cuerpos eran entidades biológicas estables, fundamentalmente separadas del mundo externo... La nueva forma de pensar es que hay mucha más permeabilidad y fluidez… nuestro cuerpo es literalmente producto del ambiente”; con ambiente Cole se refiere a las experiencias que tenemos y la percepción de las mismas. Cole cree que las experiencias positivas son capaces de “remodelar nuestra composición celular". 

El filósofo Manly P. Hall dedicó buena parte de su estudio a entender la relación entre la concentración del pensamiento y la salud del cuerpo o la capacidad del pensamiento de regular las conductas internas y externas del organismo, desde la perspectiva del budismo zen y también desde la medicina alternativa. Según Hall: “Una de las funciones principales de la mente es mantener a bajo nivel la presión o, mejor dicho, no permitir que la presión surja desde un inicio”. La presión, tensión o estrés que coarta la función natural, el crecimiento y el desarrollo físico y espiritual de un individuo. Aquí llegamos a otra "función evolutiva" de la sanación cuerpo-mente, esta vez desde la filosofía y bajo un entendimiento muy distinto. Se trata no sólo de la función evolutiva de este mecanismo de sanación, sino en general de la mente humana, el director de la orquesta. En la visión espiritual de Hall, la labor de la mente es solamente allanar el camino --hacerse a un lado-- para que el impulso vital original pueda desarrollarse, siendo el hombre una especie de planta metafísica, cuyo crecimiento hacia planos más sutiles de existencia es igualmente natural y opera bajo las leyes universales de la necesidad. Bajo la perspectiva de Hall, la enfermedad no es más que la manifestación de una desviación de este mismo cauce natural-espiritual de crecimiento, con una función evolutiva también: la de llamarnos la atención a través del dolor y el sufrimiento para obligarnos a corregir y alinearnos con el camino que sigue la naturaleza, alinearnos de alguna forma con el flujo de la energía original que nos atraviesa o con el mismo destino del cual somos portadores.

Evidentemente las ideas de Hall entran dentro de lo que se llama "pseudociencia", pero decidí incluirlas en este artículo (aunque los lectores de una mentalidad estrictamente científica estarán aquí invalidando de facto lo presentado hasta ahora) como un corolario de reflexión, bajo el entendido de que en el caso de la influencia de la mente en las enfermedades y en los procesos de sanación, la ciencia ciertamente no tiene todas las repuestas y se beneficiaría de considerar las más diversas posibilidades, incluso aquellas que ponen en entredicho su paradigma dominante. De hecho, la evidencia del placebo y de la sanación mente-cuerpo plantea ya serias preguntas al modelo materialista de la ciencia, así que sigamos preguntando sobre cómo la mente afecta el cuerpo y no dejemos de lado la pregunta filosófica de por qué la mente tiene la capacidad de hacer sanar o enfermar un cuerpo. ¿Qué nos dice este "poder" sobre la naturaleza de la materia? ¿Es acaso un signo más de que la conciencia es una propiedad fundamental del universo? Y, por otro lado, reflexionemos sobre qué nos dice esto en su última consecuencia sobre la salud, ¿acaso no mueve la responsabilidad de estar o no enfermo del azar o de la genética al individuo, dueño de sus actos y pensamientos, agente más que paciente?

 

Twitter del autor: @alepholo

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Si no eres un individuo, ¿qué eres? El budismo, la microbiología, la neurociencia y el misticismo ayudan a formar una idea alternativa de lo que es el ser humano en el universo

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Tú no existes --al menos no en tanto la idea que tienes de ti mismo: un individuo independiente, constante, real, separado de los demás por una propia conciencia. A muchos de nosotros esto nos puede parecer un tanto radical, pero la idea de que el ser humano es un individuo es relativamente reciente y ciertamente no está diseminada de manera uniforme en el mundo. Quizás solamente sea un meme muy exitoso que se ha convertido en un hábito difícil de sacudir. Douglas Rushkoff en su libro Life Inc escribe:

El Renacimiento es conocido por muchas grandes invenciones: la perspectiva en la pintura, la imprenta, los barcos que podían circunnavegar la Tierra, la banca moderna y hasta el soneto. Lo que se nos suele olvidar del siglo XV y XVI, sin embargo, es que durante esa época también fue cuando se inventó el individuo.

Rushkoff sugiere que el individualismo es central en la difusión global del capitalismo --es sólo a través del sentido individualista que se pueden vender tantos productos: se necesita un individuo que los posea y desee poseer para afirmar su individualidad a través de ellos.

La noción de que no somos estrictamente individuos se puede abordar desde diversas perspectivas --la neurociencia, la microbiología y el misticismo ofrecen interesantes variantes. El neurocientífico David Eagleman señaló en una reciente entrevista:

Es un error creer que somos individuos. Nuestros cerebros son como un parlamente neural: todos tenemos estos partidos políticos en competencia por el control. Si pongo unas galletas de chocolate enfrente de mí, parte de mi cerebro quiere comérselas, ya que son una rica fuente de energía, pero parte de mi cerebro quiere evitarlo, al decirme que voy a engordar. Quien eres surge de esas batallas por dominio que ocurren en todo el cerebro. Por esto disfruté la película Inside Out: entiende la forma correcta de pensar sobre el cerebro, hecho de estas diferentes motivaciones.  

Eagleman nos dice que tenemos diferentes personas en el cerebro, un coro de identidades, ninguna de las cuales puede asumirse como la real (y las demás como irreales). El budismo y otras corrientes de neurociencia coinciden en decir que el yo que emerge de los procesos de percepción es una ficción, un hábito, un ap-ego ilusorio. Según el filósofo Evan Thompson:

Los budistas argumentan que nada es constante, todo cambia con el tiempo, tienes un flujo de conciencia cambiando constantemente. Y desde una perspectiva neurocientífica, el cuerpo y el cerebro están en flujo constante. No hay nada que corresponda con la noción de que existe un ser inmutable. 

Existen ciertos puntos en común entre Nagarjuna, David Hume y la neurociencia moderna. La neurociencia moderna nos dice que el yo no se procesa en ningún lugar en específico, no tiene un asiento material exacto, por lo que, desde el materialismo, puede pensarse como una ilusión generada por el hardware. Asimismo, como ese yo que emerge es el resultado de un proceso cognitivo siempre fluctuante, no se puede decir que el yo que emerge en este instante es el mismo que el que emergerá en un par de segundos, es siempre generado por el estado neural del momento. El gran santo budista Nagarjuna nos diría que el yo (y todas las cosas que conocemos) se origina de manera dependiente --de las células, del tejido, de los conceptos, del karma, etc.--, que siempre es necesario recurrir a algo más para definir lo que es una cosa, lo cual nos lleva a un regressus ad infinitum y a concluir que ya que no existe por sí mismo el yo, el individuo es una ficción. Escéptico de la identidad personal, Hume nos diría que lo único que existe son impresiones, todas las ideas (incluyendo la identidad) se derivan de este flujo cambiante de impresiones. Ya que las impresiones no persisten, el ser que es resultado de ellas tampoco persiste.

Regresando a Eagleman, neurobiológicamente tampoco somos realmente individuos, ya que la construcción de nuestra individualidad ocurre siempre mediada a través de nuestra interacción con los demás:

Puedes asumir que tú acabas en el borde de tu piel, pero en cierto sentido no hay forma de demarcar el límite de tu yo y el inicio de los demás alrededor de ti. Tus neuronas y las de todos los demás en el planeta interactúan en un gigante y cambiante superorganismo. Lo que llamas "yo" es simplemente un nodo en una red más grande. 

La realidad y el yo individual igualmente surgen de la percepción consensual, un consenso que se convierte en un hábito aceptado e internalizado. Escribe Don DeLillo: “Estar aquí es una especie de abandono espiritual. Sólo vemos lo que otros ven, los miles otros quienes estuvieron aquí antes, aquellos que vendrán después. Hemos acordado ser parte una percepción colectiva".

Podríamos incluir una razón sociopolítica también de cómo no somos individuos, sino masas manipuladas para conformarse con una idea prefabricada de lo que debemos hacer y de cómo debemos ver el mundo. ¿Una manada cuya percepción entrenada por la evolución y las fuerzas de la historia es el único pegamento que mantiene sólida la realidad: un patrón vibratorio que emerge del vacío cuántico cuando lo observamos? Pero mejor evitemos este tren de pensamiento. 

Tenemos también la visión emergente de la microbiología. Con el mapeo del microbioma humano, se ha descubierto que más de 90% de nuestros genes tienen su origen en bacterias y otros microbios. Así que en la profundidad de nuestros cuerpos somos mayormente otros. "Somos híbridos humanos-microbiales”, dice el doctor Kerry D. Friesen. El doctor Bruce Birren: “No somos individuos, somos colonias de criaturas”. Diversos biólogos como Justin Sonnenburg hablan sobre la necesidad de redefinir lo que es el ser humano.

Por último consideremos la vieja idea mística de que la razón de la existencia misma es trascender la individualidad, abandonar el ego para fundirse con la totalidad. El místico que se pregunta por su propio ser, encuentra que la respuesta es que éste es una ilusión en tanto que parece erigirse como la máxima realidad y restringe la percepción de todo lo que no es él. Descubre que al indagar profundamente en su propia naturaleza emerge la identidad con todas las cosas que existen. La unidad inmanente a la vez que trascendente. Como se dice en los Upanishads: "Atman es Brahman". Como dice la versión atribuida a los pitagóricos del oráculo de Delfos: "Quien se conoce a sí mismo, conoce al universo y a los dioses". El misticismo se basa fundamentalmente en relajar o hacer olvidar la conciencia individualizada a través de la oración, la meditación y la compasión para que en este estado de receptividad el Ser Universal pueda nulificar al individuo --como el mar reabsorbe una gota solitaria en la arena. La individualidad necesariamente presenta una percepción dual del mundo, una diferencia entre lo que soy y todo lo demás que no soy. Este, nos dicen todas las tradiciones, es el más grande error, el cual deberá ser superado para eliminar el sufrimiento y disfrutar el infinito juego creativo del universo, en el que los fenómenos y el espacio en el que surgen son idénticos. Una absoluta unidad luminosa es el único ser que puede existir.

 

Twitter del autor: @alepholo