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Haz de la bebida oscura un tónico mágico para tu trabajo con una invocación

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El café es la sustancia preferida por cientos de millones en todo el mundo para optimizar su desempeño laboral. Desde una perspectiva mágico-ritual hay esto una diaria consagración, una diaria alianza a este estimulante, que a la mayoría de nosotros nos pasa de largo, sin meditar en todo el tiempo que le dedicamos al acto de beber café y todo lo que esta bebida nos provee. No le ocurría así a Aleister Crowley, el mago y poeta británico famoso por sus extravagancias. Siendo poeta y mago ceremonial, Crowley tenía en muy alta estima el poder de las invocaciones. En su caso, el café era un tónico de concentración para extrañas operaciones mágicas, disciplinas yóguicas y ritos de contacto con espíritus. Tal vez no algo que vayas a hacer hoy, pero el sentido de empleo es el mismo.  

¡Oh café! Por el torrencial Nombre del Poder te invoco, consagrándote al servicio de la Magia de la Luz. ¡Deja que las pulsaciones de mi corazón sean fuertes, regulares y lentas! ¡Deja que mi cerebro se mantenga alerta en la labor suprema del autocontrol! ¡Que mi fin deseado sea efectuado por tu fuerza, Adonai, para quien la Gloria sea siempre! ¡Amén sin mentira, Amén, Amén de Amén!

Aquí tenemos esta pequeña oración al café (proveniente de un tomo de The Equinox, la revista de Crowley). Mediante palabras suscitativas, la bebida oscura se torna un tónico para el trabajo de la luz. El ocultista proyecta poéticamente su deseo de los efectos ideales del café: poder sin ansiedad, diligencia y modulación mental. La bebida se vuelve una herramienta para el yoga. A algunos les puede parecer excesivo, pero ciertamente hay algo que podemos aprender de esta dedicatoria: la posibilidad de darle significado e incluso un sentido de lo sagrado a nuestros hábitos cotidianos. El budismo zen consagra toda una filosofía al arte de tomar té (una deliciosa meditación en movimiento), ¿por qué no tener en Occidente algo similar? Siguiendo a Crowley, ¿por qué no escribir nuestra propia invocación al café? Y ello recordando que uno de los beneficios de la oración, independientemente de que ocurra o no una intercesión divina, es la elevación de la mente y el corazón de quien ora bajo los principios de la repetición, el ritmo, la meditación y la intención. Así, un café rezado debe de tener mejores efectos y saber más rico.