*

X

¿Qué efecto tienen las emociones sobre la creatividad? ¿Algunas nos hacen más creativos?

Por: pijamasurf - 08/23/2015

La relación entre las emociones y la creatividad no ha sido sencilla, pero sin duda es evidente que se trata de un factor que incide sobre las ideas y las obras que podemos generar
4639590640_49ed866158_b

Imagen: opensource.com (Flickr)

En nuestra época, la creatividad tiene una importancia quizá inédita en comparación con otros momentos de la historia. Si, por ejemplo, en los siglos XVI y XVII el ingenio era el sello de los artistas (particularmente en el dominio hispánico, desde Sor Juana hasta Velázquez) y si el espíritu vanguardista lo fue en las primeras décadas del siglo XX, ahora ser creativos parece ser no sólo la marca de autenticidad de una mente inquieta, sino incluso el camino democratizador de la innovación y el riesgo. Que todos podemos ser creativos es uno de los elementos fundamentales de este discurso.

Pero, ¿esto es cierto? En el siglo XV no cualquiera podía ser Leonardo ni Miguel Ángel, así como más tarde sólo hubo un Voltaire o un Balzac. Ahora, sin embargo, se nos dice que cualquiera puede tener una idea genial, y por todos lados parece haber ejemplos de ello. El problema es, entonces, propiciarla, hacerla posible, descubrir el medio por el cual dicha creatividad encontrará su expresión.

En ese sentido, actualmente tenemos acceso a una multitud de estudios, consejos, ejercicios y estímulos para nuestra creatividad, un esfuerzo vasto por intentar comprender qué hace a una idea distinta de otra, atractiva, seductora incluso, convincente para miles o aun millones de personas.

Una de estas investigaciones, realizada recientemente por un equipo coordinado por Eddie Harmon-Jones de la Universidad de Nueva Gales del Sur, indagó sobre la relación entre la creatividad y las emociones que podemos sentir, un campo que sin duda siempre ha provocado curiosidad al menos en lo concerniente a los artistas y sus obras. Desde el sentido común, por ejemplo, estamos más o menos habituados a creer que la tristeza o la melancolía son emociones características de todo creador, si bien en algunos casos también la alegría, la furia o la decepción han dado lugar a piezas asombrosas.

En el caso del estudio mencionado, sin embargo, se encontró que, menos que la emoción en sí, el efecto de esta sobre la creatividad radica en lo intenso del sentimiento. No es tanto que la alegría o la tristeza sean catalizadoras de la creatividad, sino que más bien para crear es necesario encontrarse en un punto medio emocionalmente en el que seamos capaces de hacer algo más que sentir. Cuando la emoción es demasiado intensa, estamos tomados por ella, y prácticamente no podemos hacer otra cosa más que sentir eso, como si nublara nuestra vista y cercara nuestro horizonte. El enamoramiento y la ruptura amorosa son dos momentos existenciales en donde esto es particularmente notorio.

Sin embargo, como se pregunta Lori Chandler en el sitio Big Think, ¿qué pasa con casos como el de Jackson Pollock o Sylvia Plath, que son famosos por haber generado su arte en condiciones emocionales extremas?

Quizá la respuesta a esta pregunta se encuentre en la dimensión subjetiva de la creatividad. Quizá sea cierto que todos podemos ser creativos, pero indudablemente no todos podemos ser creativos de la misma manera. Si la historia del arte nos enseña algo es que las expresiones de creatividad responden a lo más propio de cada persona, a veces lo más íntimo, a veces lo más circunstancial, pero siempre en concordancia con la cosmogonía personal del artista, su forma de ver el mundo, de ser y estar, de vivir y experimentar la realidad.

Te podría interesar:

¿El expresionismo abstracto era un programa de propaganda de la CIA contra Moscú?

Por: pijamasurf - 08/23/2015

Una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX recibió financiamiento de la CIA durante años, un hecho que ni siquiera el congreso de Estados Unidos conocía sino hasta hace poco tiempo
[caption id="attachment_99316" align="aligncenter" width="614"]Number 31, de Jackson Pollock (via Flickr) Jackson Pollock, "One: Number 31"
(vía Flickr)[/caption]

Durante años se ha rumorado una conexión entre la CIA y el auge del expresionismo abstracto, una de las corrientes pictóricas dominantes --si no es que una de las más reconocibles-- del siglo XX: sin embargo, ¿qué podían tener Pollock, De Kooning, Motherwell o Rothko que la CIA pudiese utilizar en su favor durante los años 50, en plena cacería de comunistas promovida por Joseph McCarthy? ¿El arte moderno de Estados Unidos, con su énfasis en el color y la textura, dejando de lado la figuración, podía ser un arma de reeducación ideológica a nivel mundial y propaganda encubierta de la libertad de expresión promovida en Occidente? A menudo desestimada como "otra" teoría de conspiración, la conexión ha sido admitida por uno de sus promotores, el hoy retirado agente de la agencia Donald Jameson.

"Con respecto al expresionismo abstracto, ¡me encantaría decir que la CIA lo inventó sólo para ver qué pasaba en Nueva York y en el SoHo al día siguiente!", bromea el ex agente. "Pero pienso que lo que hicimos realmente fue reconocer la diferencia. Se reconoció que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al realismo socialista mucho más estilizado y rígido y confinado de lo que era".

Pero los agentes de la CIA no podían simplemente entrar en los talleres de los artistas y pedirles que pintaran para promover fuera de su país el sueño americano: se necesitaba sutileza, y eso es algo que en ocasiones hasta la CIA es capaz de lograr. Jameson sabía tan bien como el presidente que los artistas, al menos en su mayoría, "son gente que tenía muy poco respeto por el gobierno en particular, y ciertamente ninguno por la CIA. Si debíamos usar a la gente que se consideraba más cercana a Moscú que a Washington, pues bueno, tanto mejor", pues de esta forma se evitaban sospechas.

Este programa fue conocido oficialmente como el Congreso de la Libertad Cultural, curando y financiando importantes exposiciones como The New American Painting entre 1958 y 59, Modern Art in the United States de 1955 y Masterpieces of the 20th Century de 1952, pero extraoficialmente sus agentes lo llamaron "la correa larga" ("the long leash"), e involucró a algunos de los más importantes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la galería Tate de Londres, y a millonarios de la estirpe de los Rockefeller. La conexión cuenta con evidencia clara, que además demuestra la sutileza de la operación: William Paley, presidente de la CBS y uno de los fundadores de la CIA fue miembro de la mesa directiva del programa internacional del MoMA, liderado por John Hay Whitney, quien sirvió en la OSS, el antecesor histórico de la CIA, además de Thomas Braden, primer jefe de la División de Organizaciones Internacionales de la CIA que fue secretario ejecutivo del museo desde 1949.

[caption id="attachment_99317" align="aligncenter" width="614"]Robert Motherwell, Elegy to the Spanish Republic 108 (via Flickr) Robert Motherwell, "Elegy to the Spanish Republic 108"
(vía Flickr)[/caption]

Braden explicó en una entrevista reciente que el objetivo era:

unir a toda la gente que fueran escritores, que fueran músicos, que fueran artistas, para demostrar que Occidente y Estados Unidos estaban comprometidos con la libertad de expresión y el logro intelectual, sin ninguna barrera rígida de sobre qué se debía escribir, y lo que se debe decir, y lo que se debe hacer, y lo que se debe pintar, que es lo que ocurría en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante de la agencia, y creo que tuvo un papel enorme en la Guerra Fría.

¿Y por qué hacerlo en secreto? Según Braden, esto se debe a la hostilidad del público en general respecto al arte de vanguardia:

Era muy difícil hacer que el Congreso aceptara algunas de las cosas que queríamos hacer: enviar exposiciones de arte al extranjero, sinfonías al extranjero (sic), publicar revistas en el extranjero. Esa es una de las razones por las que debía realizarse en secreto. Debía ser un secreto. Para fomentar la apertura debíamos ser secretos.

El expresionismo abstracto falló en llegar al "gran público", pero eso no necesariamente fue culpa de los artistas. Muchos, como Rothko, se negaron a decorar los hoteles de 5 estrellas y las sedes corporativas de las grandes empresas, a pesar de que eran los miembros de las mesas directivas de estas empresas los que fungían de prestanombres para las fundaciones que financiaban sus exposiciones. Pero incluso el punto de vista de gente como Braden, a pesar de ser un poco cínico, no deja de recordarnos las raíces del arte occidental y del arte moderno:

Se necesita de un Papa o de alguien con mucho dinero para reconocer y apoyar el arte. Y luego de muchos siglos la gente dirá "¡Oh, mira la Capilla Sixtina, la creación más hermosa de la Tierra!". Es un problema que la civilización ha enfrentado desde el primer artista y el primer millonario o Papa que lo apoyó. Y aún así, si no hubiera sido por los multi millonarios y los Papas, no habríamos tenido arte.

 

Más información en The Independent