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"Por qué este año no voy a ir a Burning Man" (reflexiones de Daniel Pinchbeck)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/14/2015

¿El festival Burning Man ha sido cooptado por los 'techies' y el jet set fiestero, perdiendo así su espíritu de arte y libertad antiestablishment?

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El año pasado Burning Man hizo masa crítica en el mundo de los festivales y se elevó al mainstream, como reportamos aquí, convirtiéndose en el hotspot de la élite de Silicon Valley, celebridades y miembros del jet set en busca de experiencias trascendentales, satori programdo, enteógenos y un poco de polvo y sol. Algunos celebran que personas como Mark Zuckerberg o Jeff Bezos (algunos de los VIPs que han asistido recientemente) puedan darse una probada de la visión contacultural, off the grid, de Burning Man y expandir su mente, con la esperanza de que modifiquen su filosofía empresarial; otros creen que es contradictorio que este tipo de personajes asistan y lleguen a cooptar el festival, cuando la idea de Burning Man es justamente huir del tipo de civilización que las empresas de Silicon Valley están creando. ¿La experiencia cósmica en Black Rock de un CEO se convertirá en una flamante idea para esa nueva killer app que le hará tener un edge sobre sus competidores, o para liberarse de la mentalidad ultracapitalista? Claro que si lo único que uno quiere es irse a drogar con clase, en medio de arte psicodélico de primer nivel y chicas lindas disfrazadas de diosas o vagabundos apocalípticos para estimular el trip, Burning Man sigue siendo un buen lugar. Pero muchos de los viejos burners creen que esto no era el espíritu esencial del festival; había una conciencia distinta. Se trataba más sobre el arte y la libertad; querían construir otro mundo, pero éste se ha convertido en una Disneylandia para adultos. 

Este año, uno de los periodistas más ligados a esta comunidad, Daniel Pinchbeck, ha escrito en Reality Sandwich un interesante ensayo sobre por qué, por primera vez en 15 años, dejará de asistir a este festival en el desierto de Nevada. Esto es lo que pensaba Pinchbeck de Burning Man en la cresta de la tecnoutopía psicodélica en el año 200o, y esto es lo que piensa en 2015. A continuación traducimos algunos párrafos de su reciente artículo:

Este año no voy a ir. Existen varias razones para esto, pero la principal es que siento que Burning Man --una institución en su propio proceso perenne de cambio y evolución-- se ha desviado de su camino. Espero que sea sólo temporal. Conozco y quiero a muchas de las personas que crean el festival, y creo en su visión y en su intención.

Burning Man ha logrado muchas cosas increíbles, abriendo toda una nueva dimensión de libertad individual y expresión. Al mismo tiempo el festival se ha convertido en víctima de su propio éxito. Se ha convertido en un masivo complejo de entretenimiento, un poco como Disneylandia, para un contingente compuesto sobre todo de una élite millonaria. Siempre ha tenido un poco de esta vibra, pero se ha vuelto más pronunciada en los últimos años. El potencial para una verdadera liberación o despertar se ha vuelto cada vez más oscuro y remoto.

[...] En Burning Man, siempre hubo tensión entre dos visiones de mundos, que llamaría libertaria hedonista y mística anárquica. Siento que, como resultado de su rápido crecimiento, el festival se ha convertido en un imán de la élite adinerada (la gente de Silicon Valley, los dueños de los medios de comunicación y sus  grupos, la gente de Ibiza), la balanza se ha volcado a favor del hedonismo libertario. Los carros de arte se han vuelto los nuevos yates, representando expresiones de egos masivamente inflados. Campamentos acaudalados gastan cientos de miles de dólares en un vehículo para pavonearlo por ahí, con una vibra de cordón de terciopelo. Cada vez más, la cultura de Burning Man se siente como otra versión de la visión ensimismada, nihilista e inconsciente de la economía liberal que rápidamente está aniquilando la vida de un mundo compartido.      

Recuerdo, hace un par de años, me quedé a un lado de un camp que había sido construido para el fundador del Cirque du Soleil, Guy Laliberté y sus amigos. El camp estuvo vacío durante la semana. Había muchas tiendas estilo caravana de gitanos, esperando a que llegarán los invitados de Europa el fin de semana. Había también algunos mexicanos que trabajaron durante el fin de semana, construyendo grandes sombrillas y decorando de arte los carros. Nadie le había ofrecido a los trabajadores un lugar para quedarse en las lujosas tiendas cuidadosamente protegidas del sol. Así que habían tendido una pequeña tienda de nailon en el sol. Esta imagen resume en lo que Burning Man ha devenido, inexorablemente.

Pinchbeck se lamenta de la decadencia de Burning Man, puesto que es (o era) uno de los pocos lugares que ofrece en la actualidad una oportunidad de vivir experiencias iniciáticas y transformadoras. Burning Man "nos reveló nuestras capacidades innatas para construir una nueva sociedad o rediseñarla basándonos en la creatividad, la comunidad, la inspiración y la compasión".

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[caption id="attachment_99697" align="aligncenter" width="493"]robertfludd Imagen: Robert Fludd[/caption]

 

La versión materialista de la conciencia supone que ésta es algo así como la fortuita cereza en el pastel de la evolución material, un epifenómeno de la complejidad que azarosamente produce cerebros hiperconectados que se preguntan sobre el origen del cosmos, construyen catedrales y formulan ecuaciones matemáticas. Aunque la misma ciencia reconoce que explicar la conciencia es problemático y por el momento irresoluble (se le llama simplemente el "problema duro"), se decanta marcadamente a considerar que la conciencia es algo extremadamente raro, la punta de lanza del cosmos: somos nosotros, la crema y nata intelectual, islas de luz mental en el frío e irreflexivo espacio cósmico. El hombre que se piensa a sí mismo es un ser único (desoladoramente inteligente) que ha vencido a la entropía ayudado por la ciega marcha de la complejificación de la materia, por un tirada de dados (desdiosados).

Algunos científicos, sin embargo, se maravillan de lo extremadamente improbable que es el surgimiento no sólo de un ser inteligente sino de planetas, estrellas y elementos estables, de que hubiera podido nacer la vida y que se erigiera el relativo orden del universo sobre el caos. A esto se le conoce como el principio antrópico y sugiere que tal vez las leyes del universo están milimétricamente ajustadas (fine-tuned) para que la vida y toda su procesión de seres y procesos sea posible. Un ejemplo de esto es la núcleosíntesis de las estrellas que produce elementos pesados: para que se produjera el carbono de un mar inestable de helio e hidrógeno, a enormes temperaturas, la ventana de energía cinética necesaria es mínima (y estadísticamente improbable) y sin embargo se mantiene en el rango justo que permite la creación de los átomos que son el fundamento de la vida. ¿En el universo --como en un casino--, la vida, la casa, tiene las de ganar? ¿Los números de la lotería cósmica están arreglados?

En contraste con la visión materialista, los grandes sistemas filosóficos de Oriente han considerado siempre que la conciencia humana es sólo una extensión de la conciencia del universo, que permea el espacio ya sea como manifestación explícita o en estado latente, la larva perpetua de la cual somos ocasionales crisálidas. Esta misma idea también se encuentra en el origen de la filosofía occidental, en Platón y muchos otros filósofos griegos. Dice Platón en el Timeo que el cosmos es un animal divino, y en su totalidad un ser inteligible. El ser humano como animal o alma individual participa en el alma del mundo. Toda la ciencia humana, su logos (su razón y medida) es una irradiación y una asimilación del Logos primordial que arquetípicamente dio forma al universo y que magnetiza al alma racional del ser humano a regresar a casa, a la región pura de las ideas y las formas, a la eternidad. (En esto podemos encontrar cierta coincidencia con la visión de algunos físicos de que las matemáticas existen en una especie de suspensión eterna, fuera del tiempo y el espacio, y que la mente humana sólo descubre estos patrones, que in-forman nuestra realidad). Bajo esta perspectiva, se desdobla el argumento de que no es que seamos capaces de inteligir el universo por una coincidencia azarosa, sino que estamos construidos para conocer el universo y aprehender sus leyes y el universo mismo está hecho para producir inteligencia, para revelarse a sí mismo. No sería: "Inteligencia: soledad en llamas", como escribió el poeta José Gorostiza, sino más bien la inteligencia como el llamado seminal a reconocerse parte de una congregación cósmica, el imán en el fragmento, la llama ubicua del pensamiento-espejo.

Heráclito, quizás el primer psicólogo, dice en sus famosos fragmentos: "Habiendo escuchando, no a mí, sino al logos, es sabio convenir que todas las cosas son uno”, y también: "Si vas a los límites del alma, no los encontrarías, aunque recorras todo camino: tan profundo es su logos". Encontramos una identidad entre la naturaleza (la física), el logos (la medida) y el alma (la psique). Enrique Hülsz Piccone, en un ensayo sobre "psique y logos", explica así estos fragmentos:

Resulta importante, así, su aparente afinidad con physis, que anticipa el “orden universal” (kosmos, cf. B30), la “ley” (nomos, cf. B114) cósmica, y la “proporción” y “medida” (B31b) de la realidad toda.

James Hillman, quien atribuye a Heráclito el título del primer exponente de la psicología profunda, introduce un concepto ecopsicológico, cercano al panpsiquismo de la antigüedad:

Cuando cambian las nociones de lo que es el ambiente, vemos el ambiente diferente. Se vuelve más difícil hacer una clara división entre psique y mundo, sujeto y objeto, aquí adentro y allá afuera. Ya no puedo estar seguro si mi psique está en mí o si yo estoy en mi psique.

En esta misma veta pagana integral, con ecos del renacimiento de Gaia y de la noósfera planetaria, antes que Lovelock o que Teilhard de Chardin, Rilke, en su Libro de las horas, había dicho: "Si nos rindiéramos a la inteligencia de la tierra emergeríamos enraizados, como árboles".

[caption id="attachment_99700" align="aligncenter" width="614"]neuron-galaxy (2) Neuronas y filamentos galácticos: la seducción analógica de las formas[/caption]

En su libro titulado, muy ad hocCosmos y psique, el historiador Richard Tarnas retoma esta cuestión sobre la identidad entre la psique y el mundo y la posible participación en un mismo caudal de inteligencia:

¿No es más probable que la inteligencia humana, en toda su brillantez creativa, sea en última instancia la inteligencia del cosmos, que expresa su brillantez creativa? ¿Y que la imaginación humana se base en última instancia en la imaginación cósmica? ¿Y, por último, que este espíritu, inteligencia e imaginación, en su amplificación, vivan en nosotros y actúen a través del ser humano reflexivo, que haría las veces de recipiente único y encarnación del cosmos: creativo, impredecible, falible, autotrascendente, desarrollo del todo, integrante del todo y a la vez incluso esencial al todo?

Con Tarnas y con Hillman podemos sugerir un axioma: el cosmos es la psique externa; la psique es el cosmos interno. En este breve podcast de Cadena Áurea, el  filósofo Ernesto Priani comenta sobre la frase de Tarnas y llama a considerar esta posibilidad, sobre todo a través de la imaginación, que parece articular el mundo intelectual cósmico con el mundo de los sentidos, vincula y sirve de interfase entre las ideas y los procesos creativos y la psique humana.

Nuestra conciencia fragmentaria tiende a querer ubicar y restringir las cosas a un espacio cerrado, separado del mundo. Hablamos de un asiento de la conciencia, de una ubicación específica del alma, de una reducida geografía de la razón, pero, ¿no sería concebible que la inteligencia estuviera en todas partes, que su causa y origen sea el espacio mismo, la totalidad implicada, el océano emergente, lo que los físicos llaman la espuma cuántica o esa energía del punto cero cuyas fluctuaciones cuánticas podrían ser la elusiva sustancia de la conciencia en su paso hacia la materia? La conciencia como ese "círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna", como dijera Nicolás de Cusa. A lo que comenta Federico González:

Cualquier punto de la circunferencia, al transformarse en centro, todo lo abarca. Y cualquier punto de este círculo, o sistema, lleva en forma inherente, constitutiva, esa misma posibilidad. La unión de contrarios ha dado lugar a la simultaneidad de lo que ya no se diferencia. Todo está en todo, y todo en uno.

Por último, parece apropiado --como un anillo (de Mercurio) en el dedo-- citar el Poimandres, el texto nodal del Corpus Hermeticum (versión de Xavier Renau). Hermes Trismegisto narra la visión que le provocó Poimandres, el pastor de hombres, el Logos:

Poimandres me preguntó entonces: "Has comprendido lo que significa esta visión?".

"Llegaré a comprenderla", respondí.

"Pues escucha", siguió,"aquella luz soy yo, el Pensamiento, tu Dios, el que existe antes de la naturaleza húmeda surgida de la oscuridad, y la luminosa Palabra surgida del Pensamiento es el Hijo de Dios".

"¿Cómo puedo entender eso?", pregunté.

"Considéralo de este modo: lo que en ti ve y oye es la palabra del Señor, y tu pensamiento es Dios padre. Son indisociables uno de otro y su unión es la vida".

"Te estoy agradecido", le dije.

"Centra, pues, tu atención en esa luz y accede así a su conocimiento".

En otras palabras la visión de Hermes de la Luz del Logos, del Dragón de la Inteligencia, es la visión de su propia inteligencia, de su propia razón que se mueve en el espacio, hacia la creación, hacia la vida, hacia la Tierra. Y toda luz que ilumina es esa misma primera luz que dividió las aguas, esa misma palabra creadora. Todo conocimiento es autoconocimiento. No hay dos yos en el universo. La división entre sujeto y objeto es una ilusión temporal.

El filósofo hermético francés Rene Schwaller de Lubicz explica:

Llamó a esta forma "conocimiento innato"; corresponde a una cierta manera de ver que tenían los antiguos filósofos griegos, particularmente Herón de Alejandría. Reconocían que inscrito en el alma estaba el conocimiento universal que el objeto exterior despierta a través de los sentidos.

Quizás los mejores y más impersonales de nuestros pensamientos piensan con la mente universal. Quizás está al alcance de nosotros, en la profundidad más íntima de nuestra identidad, la herramienta del nous divino. Y tal vez algún día descubramos que siempre habíamos tenido los más potentes telescopios y microscopios en nuestra intuición y en nuestra imaginación, y podremos ver no sólo las estrellas y las galaxias a distancias astronómicas, sino las leyes y las esencias de las estrellas y los hombres y la gran red de analogías que los une.

 

Twitter del autor: @alepholo