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Inteligencia vegetal: ¿las raíces de nuestra inteligencia provienen de las plantas? (VIDEO)

Por: Samuel Zarazua - 08/08/2015

Un discurso acerca de lo que les debemos a unos de los habitantes más antiguos del planeta: nuestros ancestros vegetales

La evolución conserva formas y patrones: tenemos vasos sanguíneos, cinco sentidos e inteligencia gracias a las plantas.

La inteligencia animal se ha demostrado de muchas formas, por experimentos y detallada observación del ojo humano hacia su entorno, desentrañando los misterios del lenguaje de señas aprendido por los chimpancés, de la asombrosa memoria de los elefantes, la sensibilidad de los delfines, la capacidad de resolver problemas de los roedores…

Pero las plantas, primeros habitantes de la superficie del planeta Tierra, han sido excluídas de estos estudios etológicos (relativos al comportamiento animal) y discriminadas por no tener cerebro.

Así, el concepto que tenemos de la inteligencia parece ser impuesto, prejuicioso y extremadamente simplista: visualizamos inteligencia como el producto del cerebro, de la misma forma en que la orina es producto de los riñones. “Un cerebro, sin el cuerpo, produce una nada de inteligencia”, afirma Stefano Mancuso (neurobiólogo y coautor del libro Brilliant Green o Verde brillante).

 Por ende, el cerebro no es necesariamente la condición para estar dotado de inteligencia.

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Las plantas resuelven problemas: y la inteligencia implica la capacidad de solucionar problemas. Prueba de ello es que las plantas colonizaron la superficie de la Tierra hace más de 450 millones de años y se las ingeniaron para habitar un planeta con una atmósfera inhóspita para cualquier otro ‘organismo superior’. El hecho que tengan capacidad de movimiento restringida derivó en que hayan desarrollado mecanismos sofisticados y fascinantes para almacenar energía, reproducirse y protegerse de los depredadores.

Las plantas perciben la humedad y los campos electromagnéticos y también se comunican entre ellas por olores, señales eléctricas o vibraciones, enviando mensajes de alerta a sus vecinos.

Mancuso localiza la inteligencia de las plantas en los extremos de las raíces. De hecho, es impactante hacer asociación de ideas y recordar que las neuronas cerebrales tienen una excesiva similitud con las raíces vegetales. Y es que la evolución ha inventado un número finito de formas, estructuras y recursos para la vida, y los recicla a través del tiempo evolutivo, los transforma, los moldea, pero la estructura es la misma, como si se tratara de un mismo molde para cocinar diferentes pastelillos.

¿Cuántas veces no se ha relacionado algún tipo de flor con los genitales femeninos o masculinos?

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La forma se mantiene. Nuestro complejo sistema vascular lo heredamos de las plantas, nuestros poros, también los tienen ellas. Es más, tienen muchísimos más cromosomas que nosotros. Si seguimos pensando que porque no tienen boca no pueden comunicarse, si no tienen piernas no pueden moverse y si no tienen cerebro no pueden pensar, caemos una vez más en el concurrido antropomorfismo. Enfrentémoslo: las plantas son más complejas. Y aun así dudamos de su inteligencia. Ellas nos la heredaron a través de millones de años, en formato humano.

 

También en Pijama Surf: 10 pruebas que demuestran que las plantas son más inteligentes de lo que piensas

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¿Realmente necesitamos un cerebro?

Por: pijamasurf - 08/08/2015

Un hombre que nació “virtualmente sin cerebro” se graduó de la Universidad con mención honorífica en Matemáticas. ¿Qué dice esto del cerebro?

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Como suelen suceder estos extraños hallazgos, todo fue por accidente. Un alumno de la Universidad de Sheffield acudió al doctor del campus con un malestar cualquiera, y el doctor notó que su cabeza era un poco más grande de lo común. Lo refirió con el profesor Lobber para que le realizara estudios más extensos.

El estudiante en cuestión era académicamente brillante, tenía un IQ reportado de 126 y estaba en vías de graduarse en Matemáticas. Cuando Lobber lo sometió a un scan cerebral, descubrió que su cerebro era virtualmente inexistente. Es decir, tenía un caso crónico de hidrocefalia ––la condición en que el fluido cerebroespinal, en lugar de circular por el cerebro y llegar a la sangre, se atasca allí–– que había casi borrado la materia cerebral.

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En lugar de dos hemisferios llenando la cavidad craneal, que es de unos 4.5cm de profundidad, el estudiante tenía menos de 1mm de tejido cerebral cubriendo la cima de su columna vertebral.

De alguna manera, el estudiante había vivido una vida completamente normal y destacado en matemáticas. De estos casos ha habido varios, pero nadie sabe cómo es que alguien sin un cerebro detectable puede lograr funcionar en los niveles más básicos, sin mencionar que pueda graduarse con honores de matemáticas, aunque hay un par de teorías.  

La primera es que en el cerebro hay un alto nivel de redundancia en las funciones, y lo poco que queda de este puede aprender a representar a los hemisferios faltantes.

La segunda, bastante similar, es que sólo usamos 10% del cerebro. Sin embargo, estudios recientes han refutado categóricamente esta teoría, que nació en la década de 1930. Las funciones del cerebro han sido mapeadas comprensivamente, y aunque sí se ha encontrado alguna redundancia, también se ha hallado un alto grado de especialización (por ejemplo, el área motriz y el córtex visual son altamente específicos). Las áreas que antes se pensaban “silenciosas” del cerebro, hoy se ha descubierto que tienen funciones importantes como el habla y el pensamiento abstracto.

Lo verdaderamente fascinante de este hallazgo de Lobber es que nos recuerda el misterio de la memoria, como apunta Mitch Doolittle en un interesante artículo. La memoria es aquello gracias a lo cual podemos clasificar y analizar experiencias, y que nos permite vivir nuestra vida. Pero si este estudiante “sin cerebro” pudo graduarse en matemáticas y vivir una vida normal, entonces tiene memoria.

Alguna vez se pensó que la memoria tenía una forma física, como la memoria de una computadora, pero investigaciones exhaustivas han demostrado que no está localizada en ningún área o sustrato. “La memoria está simultáneamente en todas partes del cerebro y en ninguna", dice la neurociencia de hoy. Si un hombre puede llevar todo esto a cabo sin cerebro, ¿dónde, entonces, está la inteligencia humana?

Quizás el biólogo Rupert Sheldrake tenía razón cuando dijo que el cerebro no es un archivero de memorias, sino que es como un radio que sintoniza hacia el pasado. La memoria es un viaje que la mente hace hacia el pasado vía el proceso de resonancia mórfica. Todas las teorías, a fin de cuentas, son igual de fantásticas.