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Las 5 cosas que aprendió un hombre que asistió gratis a las mejores universidades de EE.UU

AlterCultura

Por: Samuel Zarazua - 08/17/2015

Este individuo asistió durante 4 años a los colegios más caros sin pagar colegiatura; descubrió qué sí y qué no te ofrece un grado universitario
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Images: Shutterstock, Dumas: Olivier Lalande

Stanford, Yale, Brown, McGill, y Berkeley en California, son algunas de las mejores universidades en Estados Unidos, así como la Universidad de Columbia Británica de Canadá, y también aquellas a las que ha asistido el originario de Quebec Guillaume Dumas, quien cuenta cómo ha sido su experiencia en el ámbito exigente, caro y aplastante de los colegios de élite más demandados de EE.UU.

Entre lecturas, seminarios y debates con profesores, también tenía que trabajar para vivir, muchas veces mesereando o haciendo tareas a sus compañeros. Algunas veces compartía gastos de un lugar donde quedarse con alguno; otras, como cuando asistió a Brown, llevaba su bolsa de dormir para quedarse en el suelo o donde alguien le diera posada. Al final de todo, nunca recibió un grado.

Muchos, como Dumas, están enojados con el sistema educativo que excluye a los que no pueden costearlo. Es una cuestión de estatus. ¿No es gratis la idea de compartir conocimiento y grandes ideas?

Observando los motivos de exclusión de estas universidades frente a la calidad o logros de sus egresados fue que a Dumas se le ocurrió la pregunta sobre ¿qué es exactamente lo que ofrece un título universitario? No hay que olvidar que más que otra cosa las universidades también son redes de amistades, contactos y relaciones que van más allá del salón de clases.

Convertido en un crítico de la educación superior en su país, decidió recorrer Estados Unidos porque le pareció interesante y divertido. De cualquier forma, si por sus padres fuera, no hubiera estudiado más allá de la preparatoria. Su mamá quería que fuera carnicero y su papá leñador en Quebec.

Después de empezar en LaSalle College en Montreal, al igual que muchos chicos de 18 años iguales que él, no sabía muy bien qué hacer de su vida, mucho menos como para escoger una carrera. Se sentía igualmente atraído por la psicología que por la filosofía o la física, aunque numerosas veces decisiones como esta cuestan, al final de todo, mucho dinero.

Dejó LaSalle, pues su indecisión le estaba costando caro y comenzó a asistir de ‘oyente’ a la Universidad McGill, y pensó: “¿por qué no lo podría hacer en otras escuelas?".

Ahorró para viajar por ambas costas de EE.UU. y pasó por Yale y Brown, después Berkeley y Stanford. No sólo se interesó por lo que pasaba en el aula sino lo que ocurre más allá, en la vida social del campus. Como era amigable y le gustaba socializar, pasaba de incógnito en las fiestas, conociendo personas.

Además, Dumas estaba fascinado por Frank Abagnale Jr., un gran falsificador, estafador y 'camaleón' que pasó por varias identidades: cirujano, abogado, piloto y agente federal. (Leonardo DiCaprio interpretó a este personaje en Catch Me if You Can (Atrápame si puedes), la cual fue estrenada 2 años antes de que Dumas comenzara la universidad).

Estos son las cinco cosas que Dumas aprendió asistiendo 4 años a las mejores universidades de Estados Unidos:

1. Algunas carreras necesitan grado, otras no.

Hay muchas empresas que piden como requisito un título; asimismo, muchos oficios como abogado o médico requieren un grado comprobable de estudios. Sin embargo, en muchas sociedades está sobrevaluado el título, y cada vez hay más jóvenes con título universitario o posgrado que están sobrecalificados para ciertos empleos. Hay muchas industrias en las que lo que importa es la producción. Hay muchos emprendedores, freelancers o técnicos que demuestran de qué son capaces más allá de si tienen título o no. Hay muchos 'desertores' de las escuelas en el mundo de la tecnología, como Steve Jobs, Bill Gates o Mark Zuckerberg. 

2. Para autoemplearse o ser empresario no hay necesidad de tener un grado. Las empresas transnacionales y grandes corporaciones necesitan gente con títulos, ¿por qué?, sólo ellos lo saben.

La economía prosigue tengas título o no. Es por ello también que la fuerza de trabajo debe adaptarse a las necesidades de la sociedad actual. Hay muchas personas que llevan sus propios negocios sin necesidad de educación superior. Actualmente, en Estados Unidos 34% de la fuerza de trabajo está autoempleada, y se estima que para 2020 el número crecerá a 40%. La universidad es muy cara, pero más caro se paga no conseguir empleo después de graduarse. (Por ejemplo, Dumas se percató de que las colegiaturas y cuotas para los colegios aumentaron 1,120% desde 1978, lo que va cuatro veces más rápido que la inflación). El costo al año para asistir a una universidad llegará a 334 mil dólares para 2018. En 2008, cerca de 35% de los graduados se encontraba desempleado, para 2013 el número se incrementó a 44%.

3. Nunca pagues por entrar a una red de contactos: la amistad es gratis.

Otra de las cosas por la que mucha gente quiere entrar a las universidades más caras e importantes de Estados Unidos es porque también con ello se puede tener acceso muchas veces a una red social de intereses, a contactos con los cuales se pueden hacer grandes cosas después de graduarse. Dumas insiste que para tener toda esta red de contactos no es necesario inscribirse o pagar la cuota en las universidades, sino sólo relacionarse bien con quien se tiene interés. Para ello hay que relacionarse con gente también fuera del campus, asistir a coloquios, pláticas, conferencias, lecturas, tomándose el tiempo para conocer nuevas personas.

4. La estimulación intelectual está en todas partes.

Muchos estudiantes aman hacer ensayos, entregar reportes, opinar en clase, debatir con maestros, ayudar a investigadores. "No hay nada como la cultura universitaria", dijo Dumas, "ya que uno puede percatarse de los diferentes puntos de vista y perspectivas de nuevas ideas, lo cual es muy valioso". No obstante, esa misma estimulación que se halla en las universidades está abierta a todo público, no sólo a los inscritos que pagan la colegiatura.

5. El conocimiento es gratis y, para ser emprendedor o el genio 'innovador' de la tecnología, las artes o las empresas no es necesario un grado.

Aunque el conocimiento lo ha manejado siempre la élite y aunque ciertos grupos intenten detentar siempre el poder, mucha gente cree que para acceder al conocimiento o a la red de intereses y personas hay que endeudarse para pagar los estudios, lo cual es falso. Todos podemos contribuir en pláticas, conferencias y mesas redondas a los debates más importantes de nuestro tiempo.

Con personas que coinciden en pensamiento con Dumas comenzó una idea llamada Logomachy, quienes enfrentan los problemas de la contemporaneidad desde diferente perspectivas.

Actualmente hay infinidad de cursos en línea que llevan la experiencia del conocimiento más allá del salón de clases.

Y tú, ¿qué pasos piensas seguir ?

Al final de todo, Dumas no se ha hecho más pobre ni más rico por tener un grado, pero tampoco se ha endeudado, como muchos recién graduados. Es ahora un empresario con una empresa web llamada Datective, mediante la cual ayuda a sus clientes a conseguir pareja, creándoles un perfil en línea.

Para crear un negocio no se necesita más que suspicacia, una buena inversión, inteligencia, contactos y un poco de suerte. A ninguno de los clientes les importa si tienes un título o no para comprar tu producto, sólo buscan que lo que vendas esté bien y sea de su agrado.

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La mayoría de las catedrales góticas, los monumentos antiguos y los templos históricos están diseñados con el fin de hacernos sentir más tranquilos y libres y de generar en nosotros una experiencia de asombro

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La Capilla Sixtina, los templos de Angkor Wat o el mármol blanco del Taj Mahal, a pesar de incorporar diferentes épocas de la historia, diseños con enfoques distintos y culturas muy diferentes, tienen en común esa capacidad de asombrarnos con sus enormes y complejas estructuras.

Esta capacidad de evocar la emoción y la contemplación es común para muchas de las maravillas arquitectónicas del mundo, especialmente aquellas que sirven a un propósito religioso. "Para sentirse más cerca de Dios, hay que crear un ambiente donde todo apunte a este sentimiento de elevación", dice Vittorio Gallese, catedrático de Fisiología de la Universidad de Parma, Italia.

“La manera en que el espacio está diseñado está vinculada con la elevación sensual”, dice Gallese, quien explora los vínculos entre el cerebro de una persona y su entorno.

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¿Cómo?

La creación de un sentimiento de elevación comienza con una acción clave: mirar hacia arriba.

Las catedrales góticas, los monumentos antiguos y los templos históricos nos han hecho mirar hacia el cielo, ya sea a través de techos altos, torres elevadas o estatuas montadas, ayudándonos a generar esa sensación de inspiración al entrar en dicha arquitectura.

El acto físico de mirar hacia arriba ayuda al cerebro a procesar el significado detrás de la acción (como la idea de que el cielo está arriba y el infierno abajo).

"El espacio levanta tus ojos", dice Michael Arbib, vicepresidente de la Academia de Neurociencias y Arquitectura de San Diego, California.

Esta señal visual abarca muchas regiones del cerebro, para luego absorber el mundo que lo rodea. "[Es como] mirar hacia arriba a las montañas... es una respuesta humana básica", dice Arbib. Levantar el campo de visión trae consigo sentido del espacio, comodidad y contemplación.

"[En] una cueva, o espacio estrecho, se siente la opresión de los límites que rodean el cuerpo", dice Gallese. Vastos espacios, sin embargo, proporcionan una sensación de libertad y movimiento en la que las personas son libres de explorar y contemplar.

Los seres humanos gozamos naturalmente con ciertas ideas particulares, como un paisaje sereno o una cara sonriente; estas respuestas son parte de nuestra biología innata. Empero, el grado en el que la gente disfruta o experimenta algo está fuertemente definido por su pasado y el mundo que ha experimentado hasta la fecha.

"Siempre nos conectamos con algo que ya sabemos", dice Gallese. "El sentimiento y la emoción vienen sólo una vez cuando nos relacionamos con ese entorno".

Las historias personales combinadas con el carácter --seamos "fríos" o emocionales-- determinan la percepción del mundo que nos rodea. "Los recuerdos, la simulación, proyección, emociones... todo sucede cuando contemplas un edificio", dice Gallese.

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La luz

Los principios de la utilización de la luz en el diseño arquitectónico se puede ver en el lugar de trabajo de Satchin Panda, el Instituto Salk. Su fundador, Jonas Salk --conocido por el desarrollo de la primera vacuna contra la polio--, se inspiró en la arquitectura italiana. Salk se asoció con el arquitecto Louis Kahn, quien diseñó un edificio moderno, ahora admirado por muchos en todo el mundo por su uso de la luz natural y grandes espacios.

El diseño resultó en un lugar de trabajo junto al mar, alineado con el horizonte, fomento de la creatividad y de la contemplación de su personal.

La creciente idea entre los neurocientíficos es que una experiencia visual es mucho más que la visión. En cambio, es multisensorial, a través de las sensaciones táctiles de los materiales, las distracciones visuales de diferentes objetos y olores particulares ayudando a generar estas experiencias.

"La calidad del espacio se cambia por [cada uno de] estos modos", dice Gallese, quien cree que todas las diferentes respuestas del cerebro que constituyen una experiencia están profundamente integradas en el interior del mismo.

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La necesidad de lo nuevo

El deseo humano de las novedades es la acción final en la consolidación de la experiencia de alguien en un espacio arquitectónico.

"Tenemos una curiosidad y el instinto de nuevos objetos", dice Panda. Esta curiosidad es el pegamento: mantener el temor y la intriga de un edificio una vez que ha pasado nuestra reacción inmediata.

Arbib habla de sus propias experiencias del museo Guggenheim en Nueva York, donde el diseño inusual de una escalera de caracol mantiene la mente ocupada mientras se pasea a través del lugar, a veces sin tener en cuenta la exposición. "Al caminar alrededor, las perspectivas siguen cambiando", dice el investigador.

Este deseo de lo nuevo, y por lo general de "lo mejor”, es lo que nos  ha llevado desde la cabaña estándar hasta los edificios que hoy vemos.

"Siempre hay algo que nos empuja a ir más allá del uso utilitario de un espacio", dice Gallese. "Nunca estamos satisfechos con los resultados inmediatos".

 

Fuente: Temples of the mind: The mysterious neuroscience of holy buildings