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Contemplar rayos siempre parece ser un acontecimiento singular, mezcla de maravilla y terror

La aparición del rayo en la atmósfera terrestre ha sido desde siempre percibida como una irrupción de la divinidad, una teofanía en la prístina asociación entre la luz y el poder divino (son la herramienta esencial para regular la creación del demiurgo). Contemplar rayos siempre parece ser un acontecimiento singular, mezcla de maravilla y terror, especialmente también porque no es del todo fácil captar exactamente el momento, de suyo fugitivo, de la conexión entre el cielo y la tierra. Los relámpagos irrumpen a una velocidad de 360 mil km/h y el ojo humano los capta a la velocidad de la luz, 1079 millones km/h, según explica The Smithsonian.

En este notable video del usuario de Vimeo ZT Research podemos ver este momento mágico del rayo, casi detenido por una cámara de alta velocidad en las planicies de Dakota del Sur. La carretera, las nubes y textura en blanco y negro le dan un aire poético a estas hermosas imágenes, entre melancólicas y espectrales. Una gloria de 2 mil cuadros por segundo. El deleite del arte de Zeus, el gran artesano.

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