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La fascinante historia de una idea y un lugar: Esalen y la religión sin religión, la divinidad sin intermediarios, desde Emerson hasta su decadencia en Don Draper

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En el último episodio de la serie Mad Men --tan aclamada por mostrar el esplendor, la decadencia y la ubicua influencia de la publicidad en Estados Unidos-- vemos al protagonista, Don Draper, meditando en flor de loto entre la montaña y el mar, en un estado de sosiego extático... Suena la campana astral que lleva el tiempo de la meditación y el "Om" se convierte en un anuncio de Coca-Cola (un hit de 1971) que parece estar vinculado, como por magia simpática, con el escenario en el que Draper no solo ha encontrado la paz, también ha reencontrado su creatividad. Ese escenario pacífico es el Instituto Esalen, en Big Sur, California, la cuna del mindfulness y del movimiento del potencial humano. El lugar que, desde su fundación en 1962, atrajo a personajes como Aldous Huxley, Henry Miller, Gorbachov, Terence McKenna, Joan Baez, Fritz Perls, Ida Rolf o Jack Kerouac, entre otros. Todos unidos por una idea de espiritualidad secular o "religión sin religión", el desarrollo personal, la síntesis entre la ciencia y la religión, la cultura del wellness y la integración (y modernización) de antiguas tradiciones esotéricas. Con este crisol, esta mezcla entre spa metafísico, universidad del futuro y taller de superpoderes, Esalen se convirtió en la meca de la contracultura sesentera y allende, una especie de think tank (con detox incluido) para pensadores que se habían alejado del mainstream para pensar mundos alternos en los que no fuera necesario acceder a lo sagrado a través de intemediarios --ni ser molestados por el mundanal ruido en el proceso. 

El doctor Jeffrey Kripal, quien ha creado su propia célula en la Universidad de Rice para estudiar la espiritualidad desde la academia, al contar la historia de Esalen en The Daily Beast, so pretexto de Mad Men, traza también la evolución de la espiritualidad estadounidense. Específicamente de esa veta tan popular hoy en día que hace que millones de personas se describan de esta forma: "Soy espiritual pero no religioso". La frase es comúnmente "desestimada como superficial, banal y narcisista", dice Kripal, quien, sin embargo, explica que esto no necesariamente es así, puesto que tiene una tradición muy profunda: "después de todo es fundamentalmente emersoniana y profundamente americana". Kripal ve en Esalen la encarnación -- el avatar colectivo-- del pensamiento de Ralph Waldo Emerson (1803-1882), el poeta y filósofo trascendentalista, considerado (con perfecta razón, en lo que a mi concierne) uno de los más grandes escritores en la historia de Estados Unidos.  

Kripal considera lo ocurrido el 15 de julio de 1835 en Divinity School en Harvard, el mismo departamento donde 125 años después Tim Leary iniciara experimentos con LSD, como uno de los momentos seminales en el pensamiento espiritual estadounidense. Ahí Emerson brindó un famoso sermón a seis estudiantes que se graduaban, sus familias y profesores; un sermón que luego sería leído innumerables veces, inscribiéndose transparentemente en el alma de lo mejor de la cultura estadounidense. El "Divinity School Address" es conocido por enaltecer un humanismo espiritual, con el que Emerson exhortó a buscar a la divinidad "sin mediador o velo", a eliminar "las vendas sobre los ojos" que son "la moda, la costumbre, el placer, el dinero" y acceder "al privilegio de la mente inconmensurable". Dice Kripal que para Emerson la vida religiosa no tenía como objetivo el cristianismo, su objetivo era "la conciencia, lo que más tarde llamaría la superalma [oversoul]". Lo que en Esalen llamarían el "potencial humano", siguiendo a Aldous Huxley.

A nosotros nos puede parecer una obviedad que la búsqueda de lo sagrado, lo trascendente, lo divino, no debe estar supeditada a las constricciones de la autoridad y el poder religioso. Queda muy claro (para quien no es un fundamentalista) que la religión organizada históricamente más que abrir las puertas a la divinidad al hombre, las ha reservado para ciertos hombres y para su propio beneficio; y si bien esto ya se hacía patente en la época de Emerson, no había sido formulado con la lucidez y la entereza del poeta bostoniano. Emerson preclaramente anticipa el tedio que genera la Iglesia y nota con preocupación su incapacidad para propiciar experiencias espirituales; diagnostica, como un médico del alma colectiva, la futura muerte de Dios décadas antes que Nietzsche la consumara: "Los hombres han comenzado a hablar de la revelación como si fuera algo dado y ocurrido hace mucho tiempo, como si Dios estuviera muerto". El espíritu, detecta Emerson, ya no está en la Iglesia, los templos religiosos de las masas ya no producen intimaciones divinas. "Hemos contrastado a la Iglesia con el alma. En el alma, entonces, que sea la redención buscada". Y esto significa un riesgo, puesto que conlleva la posibilidad de que "los hombres difícilmente se convenzan de que hay en ellos algo divino". Esto no es menos que la temprana denuncia de la decadencia de la cultura estadounidense, la cual más tarde acabarían de rematar hombres como Don Draper, capitalizando hasta el espíritu; una decadencia del alma, que se vuelve un fantasma; el hombre que no alcanza a percibir su propia alma, y se vuelve una máquina.

emersonEmerson pertenece, con luz propia, a esa tradición filosófica que viene desde Heráclito y que postula al alma como principio y poder supremo de la vida, fuente y destino. "No se necesitan milagros", dice Emerson "para convertir a un hombre", solamente que se instale la belleza, la percepción del alma; haciendo memoria del alma en el sentido platónico, el alma que es llamada también "la bella" y es simbolizada por Venus. La religión de Emerson --poeta de la naturaleza-- es sobre todo una estética: es la percepción individual de la belleza y la unidad lo que lleva a re-ligarnos con la divinidad. "Estos hechos han sugerido siempre al hombre el sublime credo de que el mundo no es producto de un poder múltiple, sino de una voluntad, de una mente; y que esa mente está activa por doquiera, en cada rayo de estrella, en cada onda de alberca", dice en el discurso del Divinity School.

Emerson, como su gran amigo Henry David Thoureau, pertence a la tradición de los naturalistas americanos, grandes mentes que buscaron el recogimiento en el seno de la naturaleza, el sosiego, el silencio y la soledad para meditar sobre los principios y las esencias. Esta es otra de las ideas de Emerson que recala en Esalen, el instituto tan vinculado al movimiento ambientalista, ecológico y hasta orgánico, construido sobre los magníficos peñascos de Big Sur, epicentro donde hace su eterno retorno la idea de que el espíritu se encuentra en la naturaleza. Emerson había dicho: "la naturaleza es símbolo del espíritu", con lo que buscaba eliminar el dualismo entre lo material y lo espiritual: la materia era para Emerson un jeroglífico del espíritu, un templo abierto del divino artificio. Platón, tan caro a Emerson, había dicho que el cuerpo (soma) es el signo (sema) del alma: así la naturaleza se vuelve el símbolo viviente del espíritu subyacente que todo lo permea. 

Kripal cuenta cómo esta idea emersoniana llegó, de manera más directa, a Esalen. Los dos fundadores de Esalen, Michael Murphy y George Price estudiaron en Stanford con Frederic Spiegelberg, profesor refugiado de la Alemania nazi, quien acuñó la frase exacta usada por muchos de los convidados a Esalen: "una religión sin religión". Dice Kripal "esta potente pequeña frase estaba basada en un encuentro místico con la naturaleza que Spiegelberg había tenido de joven cuando era estudiante de teología". Spiegelberg tuvo una epifanía caminando por un campo de trigo que vio iluminarse con "la presencia palpable de lo que entendió era Dios". Siguiendo su trayecto luego se encontró con una gris iglesia la cual le produjo horror, "cómo podía ese aburrido edificio contener esa increíble conciencia cósmica de la divinidad que había experimentado en el cielo, en las flores y los pájaros".

"Lo que la historia de Esalen finalmente sugiere, al menos a mí, es que siempre existen más de dos opciones y no necesitamos elegir entre nuestros cuerpos sexuales y nuestras vidas espirituales, entre nuestra cabeza y nuestro corazón, entre la materia y la mente metafísica. Como Emerson, podemos elegir dedicarnos a la conciencia, no a la religión; a la superalma y no al ego religioso". Kripal rescata la intención al albor de Esalen, la continuación de una visión alternativa, antropocósmica, que zanja un camino para el individuo que busca, en palabras de Emerson, "ver que el mundo se convierta en el espejo del alma; ver la identidad de la ley de gravedad con la pureza del corazón; ver que el Deber, la Responsabilidad sean una misma cosa con la Ciencia, con la Belleza y con la Alegría". Este es el idealismo de Emerson y de Esalen, otra cosa es que llegue alguien con el cinismo de Don Draper y convierta el budismo en un brainstorm para un anuncio y use el poder del espíritu para vender Coca-Cola con un toque de contracultura. Si Emerson estuviera vivo seguramente alertaría sobre los malos usos que se le puede dar a "la religión sin religión" en un mundo donde a veces parece que lo único sagrado es que no hay nada sagrado y todo se vale con tal de que produzca capital (material o metafísico). Solo nos queda, como remedio, como consuelo, como bálsamo para el alma, leerlo.

Twitter del autor: @alepholo

 

 

 

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Siguiendo el camino de aquellos que han mapeado "el otro lado", las zonas liminales de la conciencia
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Hay otros mundos pero están en este.

Paul Eluard

 

Parte I

Usualmente, la primera impresión ante lo desconocido, en la mayoría de los individuos, no va más allá del simple asombro; este asombro, de manera lenta pero segura, termina convirtiéndose al final en una anécdota, un recuerdo o un cuadro vago e impreciso difícil de detallar, que pasará a formar parte del anaquel de los recuerdos al interior de casi cualquier mente; entonces, si este es el estado de cosas frente a lo que catalogamos como inusual, frente a aquello que escapa a nuestros sentidos, qué podríamos afirmar en relación con lo que erróneamente ha sido catalogado como paranormal; en efecto, lo paranormal se ha asociado más con el lado de la pseudociencia, la charlatanería, las artes mánticas o el esoterismo.

En cualquiera de estos casos, es evidente que persiste una animadversión respecto a lo que como categoría implica la noción de paranormal, debemos precisar entonces, apelando al recurso etimológico en relación con este escolio, que el termino proviene del griego παρά, pará, «al lado, al margen» y el adjetivo «normal», lo cual denota que en efecto nos hallamos frente a aquel tipo de experiencias que se encuentran justamente en las antípodas de lo habitual, de lo usual, de la rutina de los días, o, mejor sería afirmar, nos hallamos por primera vez frente a nuestras vidas contrastados con una realidad deliberadamente ampliada, que se manifiesta definitivamente de manera abierta y directa frente a nuestras limitadísimas barreras de comprensión e interpretación del mundo, sus fenómenos y procesos, dentro de los cuales, como seres humanos, tenemos lugar.

Pues bien, esta primer precisión es más que necesaria; si se tiene en cuenta que el propósito real de esta apertura es situar al lector en contexto, se trata entonces de ubicarle en un punto a partir del cual pueda llegar a comprender que los relatos inherentes al ámbito de aquello que llamamos paranormal en modo alguno son ciencia ficción, ficción científica o metarrelato; de hecho, este tal vez sea el carácter débil de lo paranormal, justamente porque no constituye un cuerpo teórico que busca ser validado o fundamentado, pues para ello debería por principio presentarse un consenso intersubjetivo en torno a las posibilidades de lo que implica y abarca el ámbito paranormal. Por ello, lo que se sugiere a los individuos que han tenido algún escarceo con lo desconocido, más que validar, es tratar es de ser fiel a las impresiones, sensaciones y conjunto de experiencias vividas en un entorno al que he optado por denominar “el otro lado”, o lo que exploradores de la realidad más avezados en la materia, como por ejemplo Frank Kepple, denominaron “la realidad ampliada”.

Espero que, si bien no la mayoría de lectores, sí al menos un número significativo se haya percatado, llegados a este punto, que lo que aquí se busca mediante una reafirmación de sentido es comprender la realidad de una forma mucho más amplia, rica y dinámica de lo que tendemos a considerar o siquiera a soñar en los vuelos más ardientes de nuestra imaginación; pero para llegar a este tipo de comprensión es preciso advertir la necesidad de  sumergirse en la exploración, en la búsqueda personal e individual de las capas y subcapas que componen este mundo físico, y una forma alternativa aunque relegada al campo de la superstición en algunos casos y descartada de plano en otros como un mero error de percepción se nos presenta como una herramienta, un instrumento de búsqueda y verificación de lo supuesto o lo sabido. Les hablo, entonces, de la exploración extracorporal o la proyección fuera del cuerpo.

Soy consciente de que el aparato conceptual es amplio al respecto (aunque erróneamente referido a “proyección astral”, cuyo último vocablo alude más a malformaciones de interpretación y tergiversación del tipo Nueva Era y cosas análogas que solo confunden en la materia) y se ha desarrollado mucho más tras el advenimiento del New Age junto con todas sus derivaciones lesivas para una comprensión en términos intelectuales y culturales, claros e inequívocos sobre lo que implica y es realmente la proyección extracorporal; pero acá en modo alguno se pretende dar técnicas inútiles, protocolos de exomática o meras descripciones oníricas, no se puede abordar la experiencia como si de un libro de texto se tratase, ni mucho menos como elucubraciones de onironautas, tampoco el material de un santo occidental, más bien se opta por considerar un fiel relato entretejido a modo de historias descritas por personas como usted, querido lector, o como este servidor, que en algún punto rasgaron el velo de esta “realidad” para aventurarse mas allá.

Personas ávidas de conocimiento y de búsquedas divergentes para lograr el cometido de la comprensión y exploración de la realidad a través del proceso de expansión de la conciencia. Por ello esta breve disquisición tiene por objeto establecer un puente común entre el escéptico y el profano, entre el hombre medianamente cultivado y el académico egomaníaco (en referencia clara a todo aquel investigador obtuso que ante lo evidente se niega tan siquiera a revisar nuevos datos y descarta de plano aquello que no entiende o que es incapaz de explicar). Lo que aquí se describe no es el resultado de una lesión cerebral o un daño irreparable que ha devenido en algún tipo de psicosis y, si llegase este a ser el caso, entonces, bendita locura que ha llegado a mi existencia con un toque revelador, abriendo de forma increíble las puertas de la percepción.

La realidad de la proyección fuera del cuerpo u OBE del anglicismo (esto es, significado de uso) norteamericano, se fundamenta no en la cantidad ingente de relatos por parte de aquellos que en uno u otro punto de su vida han logrado permear la base de la realidad cotidiana; el cimiento de esta experiencia tan particular bien podría hallarse en la arquitectura funcional, misma con la que, como seres humanos, hemos sido dotados desde el punto de vista bioquímico, físico y psicológico. Y aunque suene presuntuosa esta última afirmación, dejo en manos del lector que saque sus propias reflexiones y conclusiones, no sin antes invitarlo a corroborar de primera mano todo lo aquí descrito, ya sea para que comprenda si este asunto ha de ser tomado como un simple cuento o conjunto de microrrelatos o como la antesala de las visiones del otro lado. Un lado que se nos presenta como oculto ante nuestros ojos, ante nuestra percepción en su estado más puro y básico, que de hecho parece ser el estadio funcional por defecto para operar en el día a día.

Finalmente solo resta agradecer a todos los viajeros del otro lado, a los valientes exploradores que con una increíble fuerza de voluntad desarrollaron un proceso de empoderamiento y emancipación de lo establecido para lanzarse a un mar nuevo y totalmente desconocido, a todos aquellos que se dieron a la gran tarea de cartografiar de manera extraordinariamente increíble y desbordante la conciencia y junto a esta, la base de las relaciones para con la realidad ampliada. Este es un viaje solitario casi que intransferible, habrá muchos individuos que, como este servidor, se sintieron impulsados a ir más allá de las instituciones, de los marcos establecidos, a traspasar las barreras de una realidad consensuada que insiste en ser limitada y delimitada; por ello, si al menos un solo individuo llega a experimentar la realidad ampliada y verifica al menos parcialmente lo que aquí se sugiere, entonces y solo entonces será válido afirmar que la labor ha sido llevada a buen término.

Es preciso, aunque no estén presentes en este mismo espacio y campo de tiempo, efectuar un profundo agradecimiento a autores como Valdamar Valerian, Frank Kepple, Robert Monroe, William Buhlman, Thomas Campbell y, finalmente, a un investigador consumado y tal vez uno de los pocos académicos que fue a contracorriente con honor y un real conocimiento de causa, sosteniendo no tanto una teoría o una doctrina sino una nueva actitud científica frente al mundo desconocido: mil gracias al doctor Jacobo Grinberg, cuyas lecturas pueden resultar útiles para estimular e impulsar el deseo de indagar, escudriñar y adentrarse en el mayor  misterio que contiene las llaves de apertura al otro lado: la conciencia humana.

 

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