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¿Es el Hot Dog Pizza una señal de que se avecina el fin de la civilización occidental?

Por: pijamasurf - 06/11/2015

¿Comida de Frankenstein o una formidable invención que combina lo mejor de dos mundos?

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El Hot Dog Pizza ha llegado como un Mesías de la comida de confort, y no sin controversia. Algunos ven en este invento de Pizza Hut una forma creativa de ofrecer pizza, uno de los alimentos más populares del mundo y quizás también, en las versiones que ofrecen las grandes corporaciones de fast food, uno de los menos sanos del mundo. A esto se le suma el clásico hot dog, en este caso una pizza con un halo de 28 mini hot dogs, una corona angelical de harina, queso y salchicha --para algunos, el cielo está en una pizza. Otros seguramente le verán más cara de monstruo a esta pizza.

Los puristas reclaman que este concepto tal vez ni siquiera debería ser considerado una pizza, pero un prestigioso pizzero, según The Atlantic, ha confirmado que se trata de una pizza (no viola la esencia, el arquetipo, la forma platónica de la eterna pizza). En el Washington Post se preguntan si es una señal del final de la civilización occidental (¿pagados por Pizza Hut?). ¿Somos una armada de zombies con serios problemas de sobrepeso marchando hacia nuestra propia destrucción? O, ¿quizás deberíamos de aprender a relajarnos y disfrutar de la vida (y de la fritura) sin tanta moralina, de lo mejor de Alemania e Italia en la masa de Estados Unidos: el Hot Dog Pizza, la gran creatividad de la mente humana?

El Hot Dog Pizza recuerda los spoofs de Saturday Night Live de Taco Bell: tacos que eran también hamburguesa, pizza y hot dog, todo en uno, en una ciencia alimenticia a la Frankenstein.

Lo peor de todo es que de manera oscura, para algunas personas ya salivando, víctimas de la programación mental y la concupiscencia, este post sobre el Hot Dog Pizza servirá como un anuncio. Quizás para dejar algo positivo, valdría recordar que un mundo donde existen cosas como el Hot Dog Pizza no debe tomarse muy en serio (es como si hubiera caballos con cabeza de cerdos y alas), de hecho, quizás pueda servir como la señal perfecta para recordarnos que es un sueño, como suelen repetirse algunos monjes budistas constantemente, para despertar de la ilusión.

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Así era el año 2000 que ilustradores franceses imaginaron en 1900

Por: pijamasurf - 06/11/2015

Un ejercicio de futurismo con un siglo de distancia: así fue como artistas franceses pensaron que sería el mundo en el año 2000.

¿El ser humano siempre ha especulado sobre su futuro? Posiblemente sí. Quizá se trata de un comportamiento propio de nuestra naturaleza intentar adivinar qué nos deparan los días que aún no existen pero creemos que llegarán. Sin embargo, también puede decirse que esto no se ha hecho siempre de la misma manera, que, culturalmente, ciertas circunstancias han provocado que dicho ejercicio tome formas distintas.

En este sentido, podríamos ubicar momentos en que la tecnología da un salto en su desarrollo y, de manera paralela, la imaginación colectiva comienza a generar escenarios en donde dicha intervención tecnológica sobre el presente se despliega exponencialmente.

Dicha hipótesis nos sirve para pensar las varias expresiones futuristas que surgieron como efecto de la Revolución Industrial y la irrupción de las máquinas en la vida cotidiana del hombre. Como quizá no había sucedido antes en la historia, desde finales del siglo XVIII la vida común comenzó a poblarse de mecanismos que realizaban acciones que antes solo correspondían al ser humano, lo cual detonó un intenso fantaseo en torno a la comunión entre el hombre y la máquina.

A esa época pertenece, por ejemplo, la fascinación por los autómatas, esa especie de antecesor del robot en donde se condensó el sueño de fabricar seres inertes idénticos a los humanos para que ejecutaran tareas simples. Además de la historia de los autómatas, sorprendente por sí misma, al respecto también pueden consultarse el ensayo de Edgar Allan Poe sobre el famoso turco jugador de ajedrez o el cuento “El hombre de arena”, de E. T. A. Hoffmann.

Otras expresiones igualmente fantásticas son las postales que ahora compartimos, obras de artistas franceses realizadas entre 1899 y 1910 para adornar cajas de cigarros y puros, en parte por causa de la Exposición Universal que tuvo lugar en París en 1900. El motivo fue el año 2000, que entonces estaba a un siglo de distancia. ¿Cómo sería el mundo entonces? Jean-Marc Côté y otros artistas respondieron a esa pregunta desde las condiciones de su presente. Curiosamente, las imágenes pasaron desapercibidas y cabría decir que quizá incluso ignoradas hasta que el gran Isaac Asimov las recopiló en el libro Futuredays: A Nineteenth Century Vision of the Year 2000, publicado en 1986.

Las predicciones son sin duda extravagantes y, como tantas otras que se hicieron antes de arribar a dicha época, distan mucho de lo que sucedió en realidad. Una prueba, quizá, de que nuestra imaginación vuela ahí donde nuestras posibilidades solo caminan.

También en Pijama Surf: Predicciones de Isaac Asimov para el año 2014 (escritas en 1964)