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El agua y el hombre: ensayo fotográfico revela la poética de las construcciones hidráulicas

Por: pijamasurf - 06/06/2015

El fotógrafo japonés Toshio Shibata realizó esta serie en la que muestra la inesperada comunión poética entre el agua y edificaciones como las presas o las plantas hidroeléctricas

Actualmente, la relación entre el hombre y el agua es sobre todo técnica, pragmática, quizá como ha sido siempre pero con la diferencia de que, como muchas otras cosas en la modernidad, el agua también ha perdido la naturaleza sagrada o poética que alguna vez tuvo. ¿O no?

La serie fotográfica que presentamos en este post es obra del japonés Toshio Shibata, cuyo trabajo hemos seguido en Pijama Surf. Desde el inicio de su trayectoria, Shibata se ha distinguido por la fotografía de paisaje pero con la mirada puesta sobre todo en estructuras que dan un significado específico a la toma que de otro modo sería solo estática, contemplativa.

En este sentido, en las imágenes de esta serie los protagonistas son dos: el agua y edificaciones que el hombre ha construido para aprovecharla, en especial presas y plantas hidroeléctricas, esto con un estilo que privilegia la exposición prolongada ―para hacer énfasis en el movimiento― y la toma desde un ángulo en que su presencia quede excluida casi por completo, como si no hubiera fotógrafo detrás de la cámara.

El resultado final es impresionante, pues el agua se nos presenta en toda su potencia y su portento, majestuosa, incluso contenida como está por las construcciones de los hombres.

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De cómo Wayne Shorter decidió ser feliz luego de la muerte de su esposa gracias al budismo

Por: Edmée García - 06/06/2015

“La muerte no es definitiva. La razón por la cual la muerte ocurre una y otra vez es porque no es el fin”

  La más noble conducta humana puede permanecer oculta, a menos de que despierte a causa de las dificultades y las tribulaciones. 

Wayne Shorter

El 17 de julio de 1996, Ana María Shorter —esposa del saxofonista Wayne Shorter, quien es  una leyenda viva del jazz— tomó un vuelo de Nueva York a París. Obtuvo dos boletos de último momento  cuando su vuelo de Nueva York a Roma fue cancelado. Ella viajaba con su sobrina, pues le había prometido un viaje a Roma como regalo de graduación. Estaba feliz de que las hubieran ascendido a primera clase en los asientos 3A y 3B del vuelo TWA-800, el cual explotó al llegar a la costa de Long Island. No hubo sobrevivientes.

Los padres de Ana María eran fanáticos del jazz. Tenían los discos que Shorter grabó con Blue Note. La madre de Ana María le contó al saxofonista que cuando su hija tenía 12 años al ver su rostro en la portada de un disco dijo: “Ese es el hombre con el que me casaré.”

Se encontraron por primera vez en un concierto. Wayne Shorter estaba tocando con Miles Davis esa noche. Eventualmente se casaron y pasaron 26 años juntos. “No es verdad que cuando una pareja está junta un largo tiempo las luces menguan, la oscuridad se instala y todo cambia tanto que ya ni se conocen. Lo opuesto nos estaba pasando”, reflexionó posteriormente el saxofonista en su biografía.  

wayne-shorter

Shorter se encontraba en Francia cuando supo la noticia. Su mejor amigo y mente gemela en los juegos del jazz, Herbie Hancock le llamó por teléfono. Ambos habían compartido una práctica budista, bajo la tradición nichiren durante más de 20 años. Juntos entonaron cantos en la línea.

Los budistas nichiren creen en una continuidad del ser, para ellos la muerte no es el final de la vida. Pasada una etapa de un duelo que según sus allegados llevaba con mucha gracia, Wayne Shorter llegó a la conclusión de que la mejor forma de honrar a su esposa —quien a su vez compartía su práctica budista— era ser feliz. “La muerte no es definitiva. La razón por la cual la muerte ocurre una y otra vez es porque no es el fin”, dijo Wayne Shorter a los medios cuando el accidente ocurrió, añadiendo que su esposa “había completado su misión”.

Más tarde, en marzo de 1997, Shorter y Hancock grabarían un álbum juntos titulado 1+1. Al referirse a la música del disco, Herbie afirmó que era una elegía para Ana María. “Cuando hicimos 1+1 era como si su presencia estuviera ahí. No como una persona sentada en ese lugar sino en el cuerpo de la música. Algo acerca de la forma en la que la música fluía y la sensibilidad que había ahí me recordó mucho a ella.  Al mismo tiempo había una apertura hacia el nuevo día y lo que emergería, como siempre”.

 

Twitter de la autora: @diosaloca