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Cómo las palabras que usa un doctor pueden enfermarte

Salud

Por: pijamasurf - 06/01/2015

Experimento muestra el fascinante poder del nocebo, el oscuro hermano del placebo

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El doctor es una figura investida por un halo casi sagrado, pese a que cada vez la sociedad es más secular. Otorgamos, consciente o inconscientmente, una especie de onmipotencia a los médicos, los cuales no sólo simbolizan el conocimiento sino también nuestra esperanza. Es por esto que el efecto nocebo, el hermano gemelo maligno del placebo, se potencia tanto en los actos de los médicos. Más allá de la medicina puntual, muchas veces lo que no sana o nos enferma es su rapport, su amabilidad, su seguridad y, en la ausencia de este trato dirigido más a la mente y al alma que al cuerpo, nos podemos enfermar.

La BBC realiza un interesante ejercicio en el que el doctor Mark Porter ensaya una consulta médica en la que utiliza palabras intencionalmente negativas para crear una respuesta de nocebo en un paciente. Porter dice que tiene malas noticias y que sus "rodillas están desgastadas" o que las medicina "tal vez un ayuden un poco" pero que "podrían tener efectos colaterales". Palabras que un médico debe evitar si quiere fomentar la respuesta del placebo, aunque a veces (es polémico) podría ser más ético hablar así.

Según la BBC, el experimento muestra que advertir a las personas sobre los posibles efectos secundarios de un medicamento hace más probable que se presenten efectos como nausea, fatiga, diarrea o dolor de cabeza --esto incluso sucede cuando se administran pastillas de placebo. El periodista de la BBC concluye que "es más fácil hacer daño que bien", y recomienda tener cuidado porque la influencia negativa del nocebo "puede encontrarse merodeando en casi cualquier aspecto de la vida médica".

El nivel al que llega el nocebo es notable. Algunas personas, según el doctor Dimos Mitsikostas, llegan a tomar pastillas de azúcar y cuando se hacen pruebas en las enzimas del hígado muestran indicadores elevados. Es sorprendente lo que la mente puede hacer, y la ciencia no se lo explica del todo.

La dualidad placebo-nocebo nos coloca, sin embargo, en una posición de responsabilidad personal sobre nuestra salud y apela a nuestra capacidad de relajarnos o estresarnos, conocer nuestro cuerpo e incluso curarnos. Las palabras del doctor nos pueden enfermar o dar un empujón para curarnos, pero nada puede ser más poderoso que nuestra propia determinación para catalizar un proceso de sanación. "La sanación es un fenómeno real", dice Paul Dieppe del Exeter Medical School, "todos tenemos la habilidad de curarnos en muchas condiciones y eso puede ser activado por nuestra interacción con las personas". Lo cual nos lleva al hecho de que una de las medicinas más poderosas es el contacto íntimo y la empatía entre los seres humanos.  

 

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El enigma de las personas que duermen entre 4 y 6 horas sin que eso afecte su salud

Salud

Por: pijamasurf - 06/01/2015

¿Mutantes genéticos? Eso parecen ser las personas que, a diferencia de la mayoría, no necesitan dormir las 8 horas que dicta la regla del sueño y el descanso, sin que por ello su salud se vea afectada

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En términos generales se considera que el lapso apropiado de sueño para el ser humano es de 8 horas, poco más o poco menos, pero nunca lejos de ese límite. Si bien se sabe que, en el pasado, este período no era tan riguroso y más bien se acostumbraban lapsos cortos y espaciados a lo largo del día, en los últimos siglos se asentó la práctica de dividir tajantemente la vigilia y el sueño, con la fijación de dicha temporalidad.

Con todo, la generalización no se impone sobre la singularidad. Desde hace tiempo se sabe que existen personas capaces de dormir un promedio de 4 horas diarias sin que eso afecte su salud de la manera en que sí sucede con la mayoría e incluso provocando que tengan vidas de mayores logros (ese fue el caso, por ejemplo, de Winston Churchill y Margaret Thatcher). Según ciertas estimaciones 1% de la población se beneficia de esta anormalidad que, como veremos, podría estar relacionada con una mutación genética.

Hace unos años, Ying-Hui Fu, genetista de la Universidad de California en San Francisco, se encontró con un par de mujeres, madre e hija, cuyo lapso de sueño era usualmente de 6 horas por día. Fu, que entonces estudiaba los efectos de la privación de sueño en el ser humano, analizó con más detalle los genes de estas mujeres y encontró que al menos uno de ellos mostraba una variación inusual. El científico replicó esta mutación en ratones de experimentación y, en efecto, los animales también comenzaron a dormir menos, sin que ello tuviera efectos evidentes en su salud general.

Poco después, siguiendo los resultados de Fu, el también genetista Allan Pack, de la Universidad de Pennsylvania, analizó el material genético de 400 personas hasta que dio con una mutación parecida a la de las mujeres de Fu pero en dos hermanos mellizos (a diferencia de los gemelos, los mellizos comparten únicamente 50% del ADN). Aunque Pack no encontró la misma mutación en el gen DEC2, sí observó otras parecidas que le llevaron a concluir que quizá no es un único cambio el que provoca la resistencia a la privación de sueño, sino que tal vez sea una suma de variantes lo que genera esta cualidad. Asimismo, por tratarse de una condición genética, es posible también que sea hereditaria.

Este par de estudios y otros experimentos afines sugieren el origen genético de dicho comportamiento, enigmático y quizá incluso envidiable.

 

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