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Nuestra realidad es un simulacro en donde sólo somos marionetas (Philip K. Dick sobre la naturaleza de lo real)

Por: pijamasurf - 03/22/2015

En un ensayo de 1978, Philip K. Dick notó cómo eso que llamamos realidad es una ilusión creada ex profeso por agentes de poder con propósitos específicos

alix¿La realidad es real? Esa pregunta ha circulado por la mente humana desde tiempos remotos. Hay algo en la realidad o en la relación de nuestra mente con el mundo que nos hace dudar y preguntarnos cuál es la naturaleza auténtica de lo que percibimos. ¿La realidad es una ilusión? ¿La realidad es un velo que podemos correr para descubrir lo que se oculta detrás? ¿Nuestros sentidos pueden engañarnos?

Este problema puede ser respondido de diversas maneras y desde distintos puntos de vista. También desde distintas circunstancias. Ontológica y epistemológicamente, desde la religión o desde la ciencia. También social y materialmente, sobre todo en nuestra época en que la realidad se ha convertido en un mecanismo complejo y delicado en donde se superponen múltiples planos, como una suerte de laberinto de espejos en donde es muy fácil perderse y después decir dónde estamos realmente, qué es realmente la realidad.

Hacia finales de los años 70, el gran Philip K. Dick ya lo había notado e incluso lo anunciaba con profética lucidez. Un poco en el sentido del hiperrealismo de Jean Baudrillard, Dick se dio cuenta de cómo la “realidad” de su época se había convertido en una red tejida cuidadosamente por agentes de poder con propósitos específicos. ¿Qué tan real, por ejemplo, es nuestra intención de comprar algo y qué tanto es una ilusión creada por un conjunto de marcas para las cuales nuestro consumo es imprescindible? ¿Qué tanto los trabajos que realizamos a diario son reales o sólo invenciones sostenidas por un engaño colectivo y necesario para mantener en funcionamiento una maquinaria también ilusoria?

En Cómo construir un universo que no se derrumbe en dos días, el escritor expone esta situación que en nuestra época ha alcanzado un grado de refinamiento que podría rayar en lo espeluznante. En efecto, como bien ha explicado Slavoj Zizek, actualmente pareciera no existir una realidad fuera de esta realidad, un lugar fuera de la ideología. En otras palabras, no existe un velo que nos oculte el mundo tal como es: nuestra realidad es ya su simulacro. Escribe Philip K. Dick:

Siempre tuve la esperanza, cuando escribía novelas e historias donde surgía la pregunta “¿Qué es la realidad?”, de que alguna vez obtendría una respuesta. Esta era la esperanza de muchos de mis lectores, también. Los años pasaron. Escribí más de 30  novelas y alrededor de 100 historias, y seguía sin saber qué era real. Un día una estudiante universitaria en Canadá me pidió que le definiera la realidad, era para un artículo que escribía en su clase de filosofía. Ella quería una respuesta de una sola frase. Yo pensé al respecto y finalmente dije, “La realidad es lo que no se esfuma cuando dejas de creer en ello”. Esto fue todo lo que pude decir. Era 1972. Desde entonces no he sido capaz de definir la realidad de una manera más lúcida.

Pero el problema es real, no un mero juego intelectual. Porque hoy vivimos en una sociedad en la cual realidades espurias son creadas por los medios, por los gobiernos, por las grandes corporaciones, por los grupos religiosos, grupos políticos --y existe el hardware electrónico necesario para llevar estos pseudo-mundos directamente a las cabezas del lector, del espectador, del oyente. Algunas veces cuando observo a mi hija de 11 años ver televisión, me pregunto qué le están enseñando. El problema es el desvío de la señal; piensen en eso. Un programa de televisión producido para adultos es visto por un niño pequeño. La mitad de lo dicho y hecho en un drama televisivo es probablemente malinterpretado por el niño. Quizás todo es malinterpretado. Y la cosa es, ¿cuán autentica es la información de cualquier modo, aun si el niño la entiende correctamente? ¿Cúal es la relación entre el sitcom promedio y la realidad? ¿Qué hay de los programas de policías? Coches que continuamente se desbocan fuera de control, se estrellan e incendian. La policía siempre es buena y siempre gana. No ignoren ese punto: La policía siempre gana. ¿Cuál es la lección? Tú no debes confrontar la autoridad, y si lo haces, perderás. El mensaje ahí es, sé pasivo. Y coopera. Si el oficial Baretta te pide información, dásela, porque el oficial Baretta es un buen hombre y es de fiar. Él te ama, y tú debes amarlo.

Y entonces yo me pregunto, en mi escritura, ¿qué es real? Porque incesantemente somos bombardeados con pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada usando mecanismos muy sofisticados. Yo no desconfío de sus razones; desconfío de su poder. Tienen mucho. Y es un poder inmenso: ese de crear universos enteros, universos de la mente. Yo lo tengo que saber, hago lo mismo. Mi trabajo es crear universos, una novela tras otra. Y debo construirlos de tal manera que no se derrumben a los dos días. O al menos eso es lo que mis editores esperan. Sin embargo, les voy a revelar un secreto: A mí me gusta construir universos que se derrumban. Me gusta verlos deshacerse, y me gusta ver cómo los personajes en las novelas lidian con ese problema. Tengo un amor secreto por el caos. Debería haber más. No crean --y lo digo en serio-- no asuman que el orden y la estabilidad son siempre buenos, en una sociedad o en un universo. Lo viejo, lo caduco, siempre debe hacer espacio a nuevas vidas y el nacimiento de nuevas cosas. Antes de que las nuevas cosas nazcan, las viejas deben perecer. Reconocer esto es peligroso, porque nos dice que nosotros, tarde o temprano, partiremos con gran parte de lo que nos es familiar. Y eso duele. Pero eso hace parte del guión de la vida. A menos que seamos capaces de acomodarnos psicológicamente al cambio, empezamos a morir. Lo que quiero decir es que los objetos, las costumbres, los hábitos, y modos de vida deben perecer para que el auténtico ser humano pueda vivir. Y es el ser humano auténtico quien más importa, el organismo viable y elástico que puede rebotar, absorber, y hacer frente a lo nuevo.

“La realidad es lo que no se esfuma cuando dejas de creer en ello”, nos dice Philip K. Dick, pero quizá actualmente cabría preguntarse si esa última visión no es también un glitch, un holograma, la imagen residual de algo que nunca existió realmente.

Puedes leer el ensayo completo y traducido en este enlace. Asimismo, en Biblioteca Pijama Surf contamos con un post dedicado al autor, en donde se encuentran digitalizadas varias de sus novelas más conocidas y celebradas.

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Nuevo estudio advierte que la conciencia es omnipresente en nuestro cerebro

Por: pijamasurf - 03/22/2015

Un estudio reciente comprueba propiedades únicas que denota el proceso de hacer algo consciente en nuestro cerebro

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Por lo menos desde el siglo XVII, la ciencia ha perseguido la respuesta a una interrogante que al menos parece esencialmente elusiva: ¿qué es la conciencia? Y a pesar de decenas de intentos por asir esta pregunta y contestarla, si somos objetivos, o mejor dicho categóricos, parece que esto aún no se ha conseguido. 

Pero si bien debemos ejercer la humildad existencial y aceptar que, por lo menos en un plano racional, no somos del todo capaces de definir con precisión qué es la conciencia, tampoco podemos negar que poco a poco la ciencia parece profundizar en su arrojo y su acercamiento a este fenómeno es cada vez más claro.

Entre los numerosos logros que recién se han conseguido en pro de entenderla, se acaba de publicar en el diario científico Proceedings of the National Academy of Sciences una investigación de la Universidad de Vanderbilt que advierte que a diferencia de cualquier otra función cerebral, la conciencia es una cualidad que no se ubica en región específica alguna de nuestro cerebro, sino que se activa de manera "omnipresente". 

Descubrieron que no existe un área o un circuito de regiones en el cerebro particularmente activo durante el proceso de conciencia; todo el cerebro pareció intensificar su conectividad durante este acto. 

Como bien señala Orion Jones en su artículo para Big Think, estudios anteriores han demostrado que diversas regiones del cerebro modulan distintos componentes de la conciencia, por ejemplo el lenguaje, la atención o el autocontrol. Sin embargo, ninguna de estas cualidades es suficiente, por sí sola y ni siquiera sumadas, para comprehender integralmente lo que ocurre al momento de ejercer la conciencia. Algo así como "el todo es más que la suma de sus partes", y ese todo parece por momentos inabarcable para nuestro entendimiento ya que es a partir de la misma conciencia que tenemos que explicarlo –lo cual implica un confuso proceso autorreferencial.

En todo caso quedó comprobado, o al menos así lo sugiere este estudio, que la conciencia no es un fenómeno que puede simplemente ubicarse dentro de una porción de nuestro cerebro como ocurre con el resto de actividades. Esto parece insinuar la posibilidad de que la conciencia sea algo que está más allá del tradicional "tabulador" que utilizamos para entender la mente humana y en especial el funcionamiento de nuestro cerebro. Es decir, esta reciente investigación refuerza la posibilidad de que la ruta para llegar a un pleno entendimiento de qué es la conciencia sea una muy distinta a la que usualmente seguimos.

Y aquí aprovechamos para recordarles un artículo publicado anteriormente aquí, que se titula: "¿Qué es la conciencia y por qué tal vez esta pregunta sea imposible de responder?".