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Tu gato no es tuyo, no te respeta y probablemente cree que eres idiota

Por: pijamasurf - 01/23/2015

Se apropiaron de tu casa, de tu corazón y de tu internet: conoce las verdaderas intenciones de los adorables felinos, que no desaprovechan ninguna oportunidad para hacerte notar su superioridad
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Me rozaba con orejas cónicas y yertas,
pero nada decíamos –hasta que no resistí
sin susurrar sus dos sílabas, tres,
y al acariciarle la garganta con los dedos
sentí vibrar el torno de su dicha. Media hora.
Gerardo Deniz

El internet se divide entre los amantes de los perros y los devotos de los gatos. Pero aunque los perros parezcan corresponder a nuestro afecto por ellos, los gatos siempre serán un misterio. Y es que un corpus creciente de estudios muestra que no sólo los gatos domésticos no se apegan afectivamente a la idea que tenemos de ellos, sino que incluso parece que nosotros somos sus mascotas.

Tu gato no es “tuyo”

Los perros y los seres humanos compartimos 32 mil años de historia evolutiva, desde que comenzamos a cazar y coexistir juntos; sin embargo, los gatos sólo han estado alrededor nuestro por unos 9 mil años, y la mayor parte del tiempo comiendo ratas que medran los despojos de nuestra vida doméstica. El gato se domesticó para una razón muy práctica: limpiar la casa de roedores.

Los humanos, además, han criado distintas razas de perros para cumplir diferentes tareas: seguridad, pastoreo, compañía, etc. Los gatos, por otro lado, tienen una evolución independiente, al elegir sus propias parejas. Aunado a esto, los gatos nos eligieron a nosotros como proveedores de comida. En cierto sentido, el gato es un parásito de los humanos.

Prueba del poco aprecio que sienten los gatos hacia los humanos, incluso hacia sus dueños, fue un estudio realizado por Daniel Mills en la Universidad Lincoln, donde se monitorearon las reacciones de los gatos cuando entraban extraños a una habitación y después sus dueños. En un primer estudio con perros, la respuesta de los caninos es igual a la de los niños: reaccionan con entusiasmo y se mueven ante una presencia conocida, mostrando signos de apego. Pero en el caso de los gatos, estos ignoraron a sus dueños cuando entraron a la habitación e incluso, reaccionaron ante la presencia de extraños.

Territorio

Otro mito dice que los gatos son más limpios que los perros, ¿cierto? Más o menos: los gatos entierran sus heces como táctica para evitar disputarse el territorio con otros felinos dominantes, a diferencia de los perros, que depositan sus desechos en los límites de su territorio.

Por otra parte: si tu gato no se molesta en enterrar sus heces, es un claro signo de que no respeta ninguna otra autoridad (incluyendo la tuya). Al limpiar de nuevo, sólo enfatizas ese dominio gatuno. Estás atrapado en tu propia casa con un Garfield al que no le importas. A menos –tal vez— que reafirmes tu superioridad orinando en su territorio, es decir, en sus juguetes. Yuck.

El verdadero motivo tras sus despliegues de afecto

Probablemente crees que cuando el minino se posa majestuoso en tu regazo y comienza a ronronear está diciéndote que te ama. Falso: en realidad es un despliegue de propiedad. Observa que no sólo se restriega contra tus piernas, sino contra las de las sillas y las mesas, contra las esquinas de las paredes, en fin, contra todo lo que asume como suyo. Tú sólo estás dentro de ese territorio.

Al restregarse, los gatos presionan glándulas de feromonas que utilizan para comunicarse con otros gatos, para comunicar su disponibilidad sexual y, como dijimos, para asentar su propiedad sobre un territorio.

Cuando un gato se restriega contra ti, está realizando el mismo gesto que Cristóbal Colón sobre una isla desierta cuando le entierra una bandera y somete a toda la población indígena a la esclavitud forzada: te está conquistando.

 

Eres muy tonto para alimentarte solo

Los gatos enseñan a sus crías a cazar y luego se olvidan de ellas, les disputan el territorio o mantienen relaciones pasivo-agresivas con ellas a medida que crecen. Esto no es diferente con los humanos: cuando crees que tu gato te da un regalo en forma de pájaro, ratón o lagartija, en realidad te está diciendo que cree que eres demasiado estúpidx para cazar por ti mismo. Su intención es más didáctica que amorosa. En el fondo (todos lo sabemos) los gatos son más listos que nosotros, y todas sus acciones parecen tener segundas y terceras intenciones.

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Entre los árboles puedes no sólo encontrar ese sentido de protección que necesitas, también puedes recolectar inmejorables estímulos metafísicos

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Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol.

No desea ser más que lo que es.

Hermann Hesse

Como dice alguien que sabe: "en el fondo lo que todos buscamos es sentirnos a salvo". Y a lo largo de la vida, junto a los ventarrones que acompañan todo recorrido existencial, también brotarán diversos refugios, espacios tan accesibles como protegidos, dispuestos a alojarnos en momentos decisivos.  

Contrario a lo que podríamos suponer, estas guaridas no requieren de contenernos espacialmente. En muchos casos un recuerdo específico, una textura o un determinado paisaje pueden servir como refugio y transmitirnos esa necesaria dosis de protección. 

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En mi experiencia, uno de los lienzos más propensos a cumplir con este papel, el derramar refugios, son los árboles. Las redes de rincones que se forman en sus copas, la elusiva ligereza de su follaje y los insinuantes ritmos que imprimen sus ramas, son configuraciones particularmente fecundas en el arte de abrigarnos. 

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Si a lo anterior añadimos que los árboles son seres que probablemente gustan del misterio, y que en su interacción con otros elementos, por ejemplo los rayos solares, el viento o la lluvia, adquieren un inusual bagaje metafísico, entonces basta dedicar unos instantes a observarlos para ubicar incontables refugios en sus troncos y entre sus ramas. 

Sin descartar que la previa hipótesis esté más cerca del delirio que del lúcido descubrimiento, estas imágenes sugieren, creo, la posibilidad de que en verdad los árboles actúan como refugios brujos, espacios discretos pero afables, que no sólo pueden proveernos con ese “sentirnos a salvo”, sino que también, simultáneamente nos inducen estados de percepción refinada –algo así como los dralas, esos minúsculos estímulos que, como una especie de glitches epifánicos, “nos recuerdan una cualidad extravagante de la realidad”, o el espíritu de las cosas. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Imágenes vía Instagram / ParadoxeParadis

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