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El yogurt podría ser el antidepresivo del futuro

Por: pijamasurf - 09/24/2014

La digestión y la depresión están más cerca de lo que podríamos pensar: nuestro sistema digestivo es nuestro segundo cerebro, y cada uno es una pequeña colonia de un innumerable contingente de pequeños organismos

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Tradicionalmente, las emociones están ligadas al corazón. Pero en el plano corporal, sentimos con las tripas: el subidón de la adrenalina, las “mariposas en el estómago” del amor e incluso --paradójicamente-- las corazonadas, son metáforas de algo que ocurre en nuestro sistema digestivo. Y según los microbiólogos, hay una buena razón para ello.

Una veta interesante de investigación es la que busca la conexión entre las bacterias, microbios y gérmenes y la química cerebral. Una ruta puede ser el nervio vago, que va del cerebro al estómago y es constantemente estimulado por bacterias; a su vez, el nervio vago estimula la producción de neurotransmisores, que en gran parte determinan cómo pensamos y nos sentimos.

Y es que nuestros intestinos son el hogar de decenas de miles de bacterias. De hecho, las bacterias constituyen 90% de las células de nuestro cuerpo, y se estima que existen más neuronas en el tracto digestivo que en el cerebro mismo. De hecho, el psiquiatra James Greenblatt incluso ha afirmado que “los intestinos en realidad son tu segundo cerebro”, investigando sus implicaciones para las enfermedades mentales. Pero, en otro ámbito, ¿podríamos decir que nuestra alimentación afecta cómo pensamos a nivel neuronal?

En un experimento del College Cork en Irlanda, el neurólogo John Cryan dejó a una camada de ratones crecer en un ambiente estéril y libre de bacterias, los cuales pronto presentaron comportamientos antisociales y semiautistas. Sus cerebros presentaban también diferencias en los patrones de serotonina y proteínas involucrados en la neuroplasticidad. Aquí entra el yogurt.

Un estudio demostró que darle a estos ratones una dieta que incluyera probióticos revertía los síntomas de autismo. Pero lo más sorprendente es que cierto tipo de probiótico era capaz de calmar a un ratón ansioso. Otro experimento de 2011 en voluntarios humanos mostró similares resultados en cuanto a reducción de ansiedad y estrés al ingerir Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum durante 30 días.

En 2013, un equipo de la UCLA demostró que las mujeres sanas que comen yogurt dos veces al día mostraron cambios en lugares del cerebro asociados al proceso de emociones.

Probióticos evolutivos

La hipótesis de Cryan y otros colegas (aunque ampliamente especulativa) es que las bacterias tuvieron un rol evolutivo en el desarrollo de la sociabilidad humana, o mejor dicho, en el proceso mismo de hominización.

A medida que las sociedades crecieron y se complejizaron las tareas (dando lugar a esquemas de cooperación y disputa en todos los ámbitos), nuestros ancestros cavernarios tuvieron que aprender a lidiar unos con otros. Desde una “perspectiva bacteriana”, mientras mejor adaptados estuvieran los humanos --es decir, mientras más sociables fueran y tuvieran condiciones de vida más estables-- mejor podían prosperar las colonias en la flora intestinal, creciendo y multiplicándose en nuestro interior mientras nosotros hacíamos lo propio en el resto del planeta.

¿Acaso imitándolas sin saberlo?

Por desgracia, Cryan y compañía aún no saben qué tipo de probióticos tratarán síntomas psicológicos específicos --sólo saben que es posible hacerlo. Aún no es tiempo de cambiar los antidepresivos por yogurt, al menos no desde la perspectiva científica.

“Los probióticos son drogas”, dice Cryan. “Las drogas hacen cosas. Si tienes alergia, tomas antihistamínicos, [estos] harán algo, pero si tomas estatina, no pasará nada”. Lo que sigue es diseñar probióticos cuyos comportamientos individuales y colectivos seamos capaces de prever y conocer de antemano, lo que de todas formas alberga una perspectiva estimulante y prometedora para quienes utilizan antidepresivos de prescripción.

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Cannabis transdérmica promete dosificar efectos a lo largo del día

Por: pijamasurf - 09/24/2014

Una nueva alternativa en la marihuana con fines medicinales ha comenzado a circular: son parches transdérmicos que liberan paulatinamente una dosis relativamente alta de cannabinoides, pero que no ofrecen efectos alucinógenos (a menos que tú quieras)

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En un contexto espiritual, la cannabis y otros enteógenos suelen ser referidos como "medicina": además de su aspecto recreativo, la marihuana es una medicina para el alma, pero las recientes leyes que legalizan su consumo en Colorado y Washington, en Estados Unidos, han permitido una interesante innovación: parches transdérmicos.

Los medicamentos en parches ofrecen una buena opción de dosificación en el caso de los anticonceptivos cutáneos y también de tratamientos para dejar de fumar; pero la empresa Mary's Medicinals, con base en Denver, Colorado, está desarrollando una línea de parches que no sólo dosifica el efecto de los cannabinoides a lo largo del día sino que permite utilizar cannabinoides específicos para tratar diferentes enfermedades y padecimientos.

Los parches se aplican en zonas donde confluyen muchas venas, como las muñecas, y según los testimonios de quienes han comenzado a probarlos, los efectos son drásticamente distintos a otras formas de consumir cannabis (por ingesta, vaporización o fumando).

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Cuando se fuma, la cannabis revela sus efectos en unos pocos minutos, mientras que cuando se ingiere en forma de dulces o pasteles son necesarias un par de horas para sentir los cambios en nuestra percepción del cuerpo, pero los efectos son más duraderos. A diferencia de estos métodos, los parches liberan paulatinamente una dosis de entre 10 y 20mg, que no tiene efectos alucinógenos.

Como referencia, una dosis comestible tiene entre 5-10mg de THC (tetrahidrocannabinol). La diferencia de los parches con otros métodos es que una persona enferma de cáncer, diabetes o enfermedades neurodegenerativas puede realizar una vida normal y tener más energía disponible, pues los efectos alucinógenos ceden ante la preeminencia de otros cannabinoides, por lo que no se trata de una dosis "agresiva" o recreativa.