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Confabulación: cuando las historias que cuentas sobre ti no son realmente ciertas

Por: pijamasurf - 09/09/2014

La memoria no es un lugar sino una red de asociaciones que no permanecen inmutables en el tiempo, y que a menudo obedecen a las exigencias o limitaciones del momento presente

bigfish

En la película Big Fish, Edward Bloom es un joven (Ewan McGregor) con una gran imaginación que crece para convertirse en un viejo y divertido contador de historias (Albert Finney); la trama toma otra dimensión cuando su hijo cuestiona la veracidad de estas historias. Edward defiende hasta la muerte, literalmente, su derecho a contar su pasado no como realmente fue, sino como le gustaría que hubiera sido. Estrictamente no miente: retoca, añade, suprime; en suma, vuelve su vida una obra de ficción.

¿Pero es esta capacidad narrativa una cualidad unívoca de aquellos con el don de contar grandes historias, o es más bien una necesidad de nuestro cerebro para encontrar sentido en una realidad que –a todas luces— parece carecer de sentido?

Las memorias no sólo son maleables, sino que son manipulables por procedimientos optogenéticos. El cerebro tiene una poderosa habilidad de llenar huecos y encontrar asociaciones en tramas, en fin, de crear historias que tengan sentido utilizando los materiales de nuestra percepción y memoria; el problema es que estas historias no son recuentos necesariamente veraces, sino recolecciones o summas parecidas a sueños.

El psicólogo cognitivista Ulric Neisser describe la memoria como una paleontología: los fragmentos de experiencia se encuentran dispersos y en diferentes niveles de conservación al interior de nuestra codificación inconsciente. Al recordar, reconstruimos los eventos como si fueran dinosaurios hechos de memorias inexactas o piezas que no encajan.

El proceso de confabulación fue descrito primero por el psiquiatra ruso Sergei Korsakoff, como parte de la sintomatología del Alzheimer y el síndrome de Korsakoff, donde los pacientes a menudo describen eventos que no ocurrieron realmente como si hubiesen ocurrido. Oliver Sacks ha escrito sobre confabulaciones en amnésicos que “no son fabricaciones concientes. Son, en lugar de esto, una estrategia, un intento desesperado –inconciente y casi automático— de otorgar algún tipo de continuidad, una continuidad narrativa, cuando la memoria, y por tanto la experiencia, se escapaba a cada instante”.

Sentido a partir del caos

Aunque la confabulación parece estar ligada a un contexto patológico, la verdad es que es un proceso perfectamente normal (e incluso necesario) en la conformación de nuestras historias personales.

La existencia no viene con instructivo: cada uno de nosotros se encarga de dar sentido a la vida a través de ideologías, tradiciones y expectativas sociales, pero también de elecciones y aprendizajes personales. La memoria no es un lugar sino una red de asociaciones que no permanecen inmutables en el tiempo, y que a menudo obedecen a las exigencias o limitaciones del momento presente.

Tal vez el ejemplo de Edward Bloom enfatice la creatividad como posibilidad mnémica, pero el caso del asesino John Pridmore podría ser su reverso exacto: luego de matar a un hombre, Pridmore comenzó a elaborar explicaciones más y más elaboradas para justificar su crimen y mantener una sensación de control. Pridmore podría ser un psicópata, pero en su propia mente, el poder de la confabulación ha creado una historia paralela: se convenció a sí mismo de ser más listo que sus acusadores, y eventualmente se redimió a sí mismo por la fe, reinventándose como pastor cristiano que anuncia la buena nueva de la redención.

Pero no necesitamos ser héroes ni criminales para crear historias acerca de nuestro lugar en el mundo: más allá de la moral, más allá incluso de la ley, el poder de confabulación de la memoria podría ser interpretado sobre todo como una herramienta evolutiva para crear resilencia y sobrevivir a los eventos más traumáticos. Crear incluso la memoria de futuros eventos con la esperanza de materializarlos puede ayudarnos a crear con más claridad el futuro que deseamos, más allá de ayudarnos a borrar un pasado que se nos presenta como intolerable.

 

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CocoRosie, Antony Hegarty y el movimiento Future Feminism

Por: pijamasurf - 09/09/2014

La Historia fue masculina, pero el futuro es femenino, dice este movimiento artístico ubicado en Nueva York, e integrado por algunas de las mentes más provocadoras de la música y el performance de los últimos años

future feminism

El feminismo (o diversas interpretaciones, mezcla de ignorancia y militancia) está en boca de todos hoy en día, al menos en las redes sociales: como movimiento social, el feminismo de primera ola logró avances en la forma en que concebimos nuestras sociedades en términos de derechos sociales, laborales y reproductivos, pero nos engañaríamos o nos llamaríamos ingenuos si creyéramos que vivimos en una sociedad igualitaria.

Un nuevo “igualitarismo”, una nueva noción de lo que hombres y mujeres merecen es el germen de movimientos artísticos como el Future Feminism, un colectivo de artistas, performanceras y músicos que buscan reavivar el feminismo de segunda ola en una perspectiva de pensamiento utópico, pero no por ello menos ambicioso.

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Sus integrantes son Antony Hegarty, vocalista de la banda Antony and the Johnsons, la Dj y artista performática Johanna Constantine, las hermanas Sierra y Bianca Casady (también conocidas como CocoRosie), y la artista Kembra Pfahler de The Voluptuous Horror of Karen Black.

El nombre Future Feminism engloba 13 dogmas o posiciones que el grupo reivindica a través de una exposición de arte en la galería The Hole de Nueva York, además de una serie de conciertos (agotados), mesas redondas y discusiones sobre el estado del feminismo en nuestros días. Otros artistas invitados fueron Lydia Lunch, Laurie Anderson y Marina Abramović.

La meta de Future Feminism es “un llamado a las armas para organizarnos como especie y afirmar valores femeninos arquetípicos”. Como explica Antony Hegarty en entrevista con el HuffPost:

La Historia ha sido masculina y el futuro es femenino. Inclinándonos en las mujeres en tanto cuerpo y arquetipo femenino, y no sólo las mujeres sino los hombres –pedimos que los hombres vean profundamente en sí mismos y deconstruyan su lugar de privilegio. Porque esta es una emergencia. Estamos en riesgo de perder nuestros hogares, el futuro de las futuras generaciones, y el paraíso biológico del que somos parte. Es por el bien de toda la gente que nos inclinamos por el arquetipo femenino en nuestro movimiento hacia adelante. Y esa es la raíz de nuestro movimiento en tanto grupo de feministas duros y fronterizos.

Bianca Casady, por su parte, afirmó en Dangerous Minds que el grupo surgió hace unos tres años, y que en realidad “no teníamos ningún modelo” de organización en mente. “Éramos cinco artistas –así que lo más obvio era hacer un proyecto de arte juntas, una pieza en coautoría”. Esta pieza es escultórica y será presentada el 11 de septiembre, pero se trata sólo de uno de los muchos proyectos multimedia surgidos en o desde Future Feminism.

[caption id="attachment_84186" align="aligncenter" width="465"]feminist2poanpgasfd Kembra Pfahler[/caption]

Casady desmarca Future Feminism de otros movimientos feministas en el sentido de que “nosotras no buscamos realmente igualdad de derechos… No buscamos escalar verticalmente el esquema piramidal masculino y tratar de asimilarnos en él para encontrar algún tipo de balance. Estamos proponiendo un viraje completo, con el equilibrio como meta, pero no es como si quisiéramos reencontrarnos en el medio. Tenemos que alcanzar una nueva definición de en medio”.

Tal vez esa sea una continuidad con otros movimientos feministas: la certeza de que los privilegios masculinos históricos no pueden ser la meta de un cambio social: es preciso crear un tipo de sociedad (de ahí el término utópico) donde tanto hombres como mujeres tengamos la responsabilidad de velar por los derechos de unos y otras, sin perpetuar falsas oposiciones entre sexos, creando un futuro realmente nuestro.