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Sicilia es un museo vivo, un gabinete de maravillas que asombra aun a quien regresa del centro de la Tierra

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De los muchos viajes que ayudan a comprender la historia y la geografía de nuestro mundo, pocos habrá que, además de ello, sean tan evocadores y obsequien tantos placeres, lo mismo intelectuales que sensoriales, como aquel que toca Sicilia.

El emplazamiento de esta isla en un crucero señalado de todos los tiempos, mirando a la vez África, el Medio Oriente, Europa y, con énfasis, Grecia, la hizo un verdadero punto de encuentro y crisol de civilizaciones: estuvieron allí Fenicia, Cartago, Grecia, Roma, Bizancio, árabes, normandos, angevinos, aragoneses, prusianos... e italianos.

Como en una real sinergia, en Sicilia la mezcla produce algo único, singular, equiparable al emblema que la distingue: el trisquel o trinacria (así llamaron los helenos a la gran ínsula). Simboliza al país mismo la trinacria, extraño signo que revela tres piernas en forma de hélice, en cuyo núcleo aparece la cara de una Medusa cuya cabellera serpentina se entrelaza en su cuello con tres espigas de trigo:

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Emblema muy antiguo que habla de evolución, comienzo y desenlace; de los tiempos que hubo, hay y habrá, y de la conciencia en expansión en tanto resultado del aprendizaje permanente. Ni más ni menos.

Cada rodilla de este peculiar diseño helicoidal representa una esquina del dilatado territorio triangular que ocupa la isla, en donde se encuentran diversos tesoros, a cual más apreciable. Entre ellos los paisajes y los paisanos, el generoso producto de las vides de esta tierra volcánica, las criaturas oceánicas y las telúricas: la oveja y la cabra, ¿qué más?

Mucho más: el triple escenario de un arte griego del mayor refinamiento, véase si no el Templo de la Concordia, en Agrigento, tomado con buen juicio por la UNESCO como su signo emblemático; la muy feliz combinación de las arquitecturas árabe y normanda adornadas con impresionantes mosaicos bizantinos como la que presenta, en Palermo, el Palacio de los Normandos con su excelsa Capilla Palatina, o ese gran monumento catedralicio: el Duomo de Monreale, edificio portentoso al cual volveré más adelante (sí, es una advertencia).

A tal díada se suma el arte barroco transformado en ciudad, como es la suerte de Ragusa, Módica y Noto o la misma Palermo, pero, sobre ellas, Siracusa, que reúne en Ortigia --su centro primigenio-- historia, arte y mito dentro de una escenografía fantástica: a la vez quimérica e imaginativa, excelente y magnífica.

 Hay una recompensa adicional: cerca de Piazza Armerina, camino a Siracusa desde Agrigento, se levanta la villa romana del Casale, adonde yacen muy extensas superficies de pisos recubiertos por los mejores mosaicos romanos existentes, hechos al gusto de algún dignatario del Imperio, en los primeros siglos de esta era: escenas de caza en África para proveer de fieras al Circo, jóvenes deportistas en atuendo de bikini pre-moderno, en acción o recibiendo los premios del certamen, Eros y Psiqué entregados a sus vocaciones complementarias, rondas de juegos infantiles...  

Quien ello desee en Sicilia, podrá asimismo otear la silueta o aun hollar enormes continentes de magma, volcanes como el Etna o el Estrómboli, éste en el haz pelágico de las Eolias.

Si se tienen curiosidad, voluntad --y medios-- para intentar vislumbrar siquiera apenas una porción del maravilloso puzzle terráqueo, asómense a Trinacrio: hay algo allí que aporta un sentimiento de pertenencia a una estirpe firme y noble, y una reconfortante plenitud.

MonrealeCathedral-pjt1 Como epílogo de estas líneas, y luego de mi advertencia arriba, relataré una anécdota, un suceso significativo en la nimia escala personal. En la casa familiar crecí acompañado por dos enormes volúmenes llamados Il Duomo di Monreale. Illustrato e riportato in tavole cromo-litografiche, Palermo, 1859-1869, dos tomos en folio imperial abierto, formato 71 x 52cm, de D. Domenico-Benedetto Gravina, abad casinense, impresa en los Establecimientos Tipográficos de Francesco Lao. Obra abrumadora según su tamaño, peso y

contenido, pues reproduce planos arquitectónicos y diseños de todos los murales de mosaicos, y es difícil cambiar de página sin utilizar casi toda la fuerza del torso y ello aun con el auxilio de un atril inmenso.  

Al principio supuse que se trataría de un templo en el Canadá francés, luego aprendería que Monreale es idéntico a Monterrey, Monterey, Montreal o Königsberg, es decir: monte real, sólo que ese Monreale se hallaba en Italia, específicamente en Sicilia, y se refería a una de las más grandiosas catedrales existentes, tanto por sus espacios perfectos tan dilatados y aéreos como por la vasta riqueza inigualable de sus inmensos muros cubiertos con mosaicos bizantinos policromos con acentos áureos, de altísima manufactura. Un verdadero icono (¡y vaya que lo es!) del arte arábigo-normando.

Muchas décadas después, en este 2014, pude visitar la reminiscente y hermosa ciudad de Palermo, en cuyas goteras se yergue tal templo; llevaba conmigo una fotografía de aquellos voluminosos tomos relativos al Duomo, por si acaso algún librero anticuario pudiera darme mayores datos. La gentil dependienta del establecimiento que encontré al azar me respondió: no conozco esos libros, pero tengo algo que acaso le interese, y me mostró un bello ejemplar con el mismo título que aquel de mi infancia, este sí con un tamaño manejable: una reproducción integral del tomo de ilustraciones original de 1869, impreso apenas en 2007, con un texto de Monseñor Cataldo Naro, por esos años arzobispo de Palermo, a quien sedujeron lo mismo el admirable edificio entonces su sede y su encargo, como la obra decimonónica que lo plasmó en el papel.

El Arzobispo no cejó hasta saber que Edizione Lussografica se haría cargo de la reimpresión de las tablas cromo-litográficas del original, misma que no pudo ver completa en vida y la cual, sin embargo, presenta un texto previo de dicho monseñor ("Los mosaicos de Monreale como experiencia de gracia"), cuyo buen sentido y tenacidad no puedo sino reconocer aquí.

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Después de sufrir las peripecias acostumbradas de los servicios postales trasatlánticos, este ejemplar que adquirí llegó a mí y ahora me sirve como referencia para consultar luego los viejos volúmenes, cuya gran dimensión los hace irremplazables, sin acudir al engorroso empleo de la polea (exagero, evidentemente, aunque solo un poco).

Julio Verne, al cabo de su Viaje al centro de la Tierra, hace emerger al profesor Lidenbrock desde la boca del Estrómboli, en la costa siciliana, completando así su asombroso recorrido de 1,200 leguas desde Islandia. No es algo casual en lo absoluto.

Sea dicho todo lo anterior para demostrar que Sicilia es un museo vivo, un gabinete de maravillas en donde todo fue, es y, de seguro, será posible: un lugar utópico e intemporal, a la vez que tangible y simultáneo. 

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La secreta razón por la cual la escuela y la política aburren tanto

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Por: pijamasurf - 08/06/2014

Un nuevo documental llamado Boredom explica la principal razón por la cual tanta gente se aburre en clases y escuchando discursos políticos

APTOPIX China 30 Years Reforms

El aburrimiento en las escuelas es imperante, pero no por las razones que la mayoría cree. De acuerdo con el nuevo documental Boredom no son los temas a estudiar lo que hace que los alumnos se aburran terriblemente, sino la cultura sedentaria de estar constantemente sentado. “Estar sentado demasiado tiempo hace que el cerebro de la gente se convierta en papilla”, apunta Albert Nerenberg, director del documental.

El psicólogo Earl Henslin explica en la película que es la naturaleza inmóvil de los estudiantes lo que eventualmente hará que la mayoría de las experiencias sean aburridas. “Cuando una persona deja de moverse, el cerebelo comienza a ir más lento”. Debido a que el cerebelo, el cual se activa principalmente con movimiento, es tan central al cerebro, cuando se desactiva, todo el cerebro va más lento. Literalmente, la inmovilidad física se traduce en inmovilidad mental --la mente y el cuerpo tienen menos división de lo que pensamos.

Hace sentido pensar que, si no podemos poner atención porque nuestro cerebelo está aletargado, eventualmente caeremos en un aburrimiento brutal. Pero no sólo son los salones de clase los que fomentan esta niebla mental; el efecto sedentario también se da en arenas políticas donde se sabe que algunas personas incluso se desmayan mientras escuchan un discurso político. Por si fuera poco estar sentados, en esa oprimente inmovilidad, hay que aguantar la retórica de los discursos que se repiten --lo que llamaba Baudrillard "el infierno de lo mismo". 

“Cuando el cerebelo se aletarga y la respiración se ahoga, es más fácil desmayarse”, anota Nerenberg. “Particularmente cuando un discurso es extremadamente monótono (como suelen ser)”.

Una escena impresionante en Boredom muestra a personas cayendo inconscientes mientras atienden a discursos del presidente Obama y el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, entre otros. Palabras que literalmente dejan inconscientes, llevan al cuerpo a escapar del tedio que lo invade.

“Lo que la gente no comprende es que una cultura monótona y sedentaria es una amenaza para la sociedad”, comenta Nerenberg. “Es aburrido y es fatal”. El comportamiento sedentario, de hecho, ha sido vinculado a condiciones crónicas que incluyen la depresión, la diabetes, enfermedades del corazón y paros cardíacos. Existe, entonces, la muerte por aburrimiento.

Numerosos científicos coinciden en que uno de los principales problemas de salud en la actualidad es pasar 8 horas al día sentados trabajando; este hábito, propio de la era de la información y los ordenadores, merma al cuerpo y la mente de diferentes maneras que apenas estamos detectando. Algunos estudios han vinculado el estar sentado por mucho tiempo con el cáncer de cólon, pecho y endometrio. La razón no es clara, pero se cree que el exceso de insulina favorece el crecimiento celular del cáncer. También debido a que moverse regularmente provoca la liberación de antioxidantes, los cuales acaban con los radicales libres que atacan a las células.

Otras enfermedades vinculadas al sedentarismo son la degeneración muscular, el cansancio crónico, problemas en la columna, pancreatitis y paros cardíacos, estas últimas debido a que los músculos queman menos grasa y la sangre fluye más lentamente cuando se pasa mucho tiempo sentado, haciendo que los ácidos grasos puedan atascar más fácilmente alguna arteria. Además, se ha relacionado el estar mucho tiempo sentado con un aumento en la presión sanguínea y con el colesterol elevado. Tus hábitos sedentarios pueden hacerte más proclive a tener algún problema cardíaco.