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Manual de gestos para convertirte en un referee de filosofía (INFOGRÁFICO)

Arte

Por: pijamasurf - 08/21/2014

Una serie de ademanes técnicos para conducir una discusión de filosofía y llevarla a buen puerto

Hablamos también con las manos y muchas personas, ya sea por la complejidad de su razonamiento o por la afectación y pedantería, suelen realizar una serie de ademanes que se van identificando con ciertos signficados. Así, quizás para ahorrar tiempo y para facilitar la discusión filosófica "con eficiencia alemana" pero con "sensualidad italiana", tenemos esta pequeña guía para hablar de filosofía.

 

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Las discusiones pueden llegar a ser airadas, especialmente si metes a Freud, a Marx y a Nietzsche en un bar, así que es recomendable tener a un avezado árbitro que pueda determinar puntos con estricto apego a la razón. Los argumentos tienen su par gestual, por ejemplo: "premisa aceptada" se parece a un gol de campo, "argumento circular" es naturalmente un círculo con las manos que podría penalizar a Wittgenstein. Existen algunos más complejos, como "apelación poco iluminadora a la intuición" o "ese artículo que citas era de una publicación".

Los gestos fueron derivados por el  profesor Landon Schurtz para un match en la APA (American Philosophy Association).

Si te gusta equiparte con armas gestuales para la correcta o pintoresca expresión, seguramente te interesará este manual para hacerte pasar por un sesudo intelectual. 

 

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La etapa secreta que Walt Whitman pasó en un bar

Arte

Por: pijamasurf - 08/21/2014

Aunque pocas personas lo sepan, Walt Whitman fue "el primer bohemio americano"; pasó cuatro años de su vida en un bar en Manhattan, junto a otros bohemios decimonónicos

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Walt Whitman fue todos los hombres del mundo. Él era everyman, ese individuo cualquiera que, desprovisto de marcas particulares, creaba un universo con todos. “Yo me celebro y yo me canto/ Y todo cuanto es mío también es tuyo/ Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca”. El bardo tuvo una época poco conocida en la que salía a las calles y gritaba poemas con todas sus fuerzas para contrarrestar el ruido de los camiones que atravesaban Nueva York. Así equilibraba el mundanal ruido con sus hojas de hierba.

Durante esa misma época, entre 1858 y 1862, Whitman pasaba casi cada noche en un sórdido saloon subterráneo en Broadway 647, Manhattan. Era lo que le llaman los gringos un barfly. Esos cuatro años de su vida --aunque hubo tendencia a calificarlos como poco propios para un poeta serio-- fueron una expansión vital para el poeta, llenos de intensidad creativa, tormentos y triunfo. Pero fueron, sobre todo, los años en los que el mundo conoció a “los primeros bohemios americanos”, y Whitman fue la figura central.

Walt_Whitman_-_Brady-Handy_restored-copyCuando frecuentaba el Pfaff’s, Walt se estaba acercando a los 40 años de edad, estaba desempleado  y vivía en Brooklyn en casa de su madre. No había publicado un solo poema en dos años y tenía todo el tiempo del mundo. Para llegar a Pfaff’s caminaba horas, luego tomaba un ferry y después un camión. Pero estaba ahí casi todas las noches, encantado con el público formado por artistas excéntricos y bohemios talentosos. Entre ellos estaba Henry Clapp Jr., quien acabaría publicando una tercera edición aumentada de Hojas de hierba y lo defendería de la crítica conservadora de las revistas neoyorkinas de la época. Clapp se sentaba a la cabecera de una mesa larga y su corte incluía, entre varios otros, a Fitz Hugh Ludlow, pionero de la psicodelia y autor de Hasheesh Eater, uno de los libros más vendidos de 1857.

Dentro del Pfaff’s, a la mesa del Sr. Clapp, los bohemios compartían sus trabajos en proceso y los criticaban entre ellos. Pero Whitman no sólo encontró allí un impulso creativo y una suerte de “existencia” tangible (llevaba tiempo encerrado en su casa sin salir al mundo), sino que encontró un paraíso de hombres hermosos que coqueteaban entre ellos antes de que la palabra gay estuviera claramente definida o delineada. El poeta se refería a ellos como “mis queridos y chismosos” y “mis hermosos niños”. Quizá estaba aludiendo a esa época en el Pfaff’s cuando, en su “Canto a mí mismo”, escribió:

Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo y
engendrando

Después de esta época, pasaron muchos años hasta que el bardo adquiriera fama. Para entonces era un hombre más viejo, con un talante y un temple muy distinto. En lugar del barfly, era el querido hombre barbón que vemos en sus retratos. El Good Gray Poet de América. No obstante, incluso si el mundo pocas veces menciona estos cuatro años que pasó de bohemio en el Pfaff’s, fueron una vida entera en su universo de vidas, y el salón subterráneo fue imprescindible para que completara su transformación en everyman, todosloshombres.