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Escucha 11 horas de la música preferida de Philip K. Dick en este excelente playlist

Arte

Por: pijamasurf - 07/28/2014

Philip K. Dick era un amante de la música clásica --la cual es un inesperado fondo para su sci-fi distópico--; aquí, un playlist fruto de una investigación de las obras preferidas de Dick

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Imagina que eres Philip K. Dick escribiendo una novela sobre la programación artificial de la realidad  en sesiones maratónicas de anfetaminas amortiguadas por sinfonías y conciertos de música clásica como grandes templos de hielo matemático. Utiliza este playlist de 11 horas para entrar en contacto con la vasta inteligencia activa de la entidad telepática dickeana y relájate escuchando a los grandes maestros alemanes: Bach, Mozart Beethoven, Wagner, etc. Un combo barroco--romántico-psicodélico; arte imperecedero mirando al futuro en el espejo retrovisor, entre distorsiones líquidas de la mente iluminada-paranoica-delirando-dulce-incendiada.

Dick siempre gustó de la música clásica, aunque hoy lo ubiquemos más cerca de la tecnología sintética (acaso como un hermano gemelo de Aphex Twin: ambos perdieron a sus hermanos poco después de nacer). Escribe Lejla Kucukalic en Philip K. Dick: Canonical Writer of the Digital Age (vía Open Culture):

Después de graduarse de la preparatoria en 1947, Dick se mudó a casa de su madre y continuó trabajando en una tienda de música en Berkeley, Art Music. "Ahora", escribió Dick, "mi pasión de siempre por la música salió a la superficie y pude estudiar y abarcar amplias áreas del mapa de la música; a los 14 ya podía reconocer virtualmente cualquier sinfonía u ópera". La música clásica, de Beethoven a Wagner, no sólo se mantuvo como un pasatiempo a lo largo de su vida, encontró su lugar en muchas de sus obras: Goterdammerung de Wagner en A Maze of DeathParsifal en Valis, y La Flauta Mágica de Mozart en Do Androids Dream of Electric Sheep?

Dick, en su poder visionario inclinado al pesimismo, imaginó en The Preserving Machine la decadencia cultural de Occidente, hasta el punto en que un científico excéntrico decide preservar obras clásicas de la música codificándolas dentro de criaturas vivas; sin embargo, la idea no es muy afortunada, ya que las criaturas evolucionan inesperadamente y distorsionan la música viviente.

El playlist de Spotify aquí presentado vía Open Culture fue compilado por Jason Boog, quien rastreó estas piezas a partir de la obra de Dick y el material bibliográfico relacionado. Disfruten de este oasis de emociones eternas morfogenéticamente conectadas con el opus de PKD.

 

 

 

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La extraña historia de la escultura que dejaron en la Luna

Arte

Por: pijamasurf - 07/28/2014

¿Sabías que hay una escultura en la Luna? El artista Paul van Hoeydonck y el astronauta Dave Scott confabularon para dejarla allí en 1971, en la misión del Apolo 15 al satélite

The Moon after Apollo 12 left lunar orbit. The photo was taken f

Por primera vez, la revista Slate cuenta la rara historia completa detrás de uno de los “logros” más extraordinarios de la era espacial: la escultura que reside en la Luna. En 1971, antes de la misión del Apolo 15 al astro, el artista Belga Paul van Hoeydonck se juntó con el astronauta Dave Scott para ver la manera de mandar una escultura miniatura a la Luna. Sin publicidad, Fallen Astronaut, una escultura de aluminio de tres pulgadas fue llevada allí junto con una placa que honraba a los 17 viajeros espaciales norteamericanos y soviéticos que habían muerto al servicio de la exploración cósmica. Hoeydonck pretendía convertirse en el primer y único artista en tener obra en dos planetas.

Las regulaciones de la NASA para lo que podía llevarse en el “Módulo Lunar” imponían las siguientes limitaciones: debía poder resistir temperaturas diurnas de 250 grados Fahrenheit y de 250 grados bajo cero por las noches. Debía ser pequeño y no podía tener raza (ni blanco ni negro, ni hombre ni mujer).

131209_SCI_Apollo15_Plaque.jpg.CROP.promovar-medium2El 30 julio 1971, el Apolo 15 tocó la Luna. “Nunca tienes suficiente tiempo en la Luna”, apuntó el astronauta Scott; “La gente no entiende que todo toma mucho más tiempo que en la Tierra”. El último día que estuvieron allí, Scott encontró el momento para dejar la estatuilla y quiso mantenerlo privado. Otro astronauta distrajo al Control de la Misión en Houston mientras Scott daba unos pasos flotantes para dejar al Fallen Astronaut como un ciudadano de la Luna.

Cuando los misioneros regresaron, prefirieron no mencionar la escultura ni el homenaje. Van Hoeydonck estuvo de acuerdo y al principio fluyó con ellos, pero luego comenzó a agitarse porque no pudo tomar crédito de lo que él consideraba su creación más épica e histórica. Incluso el nombre --Fallen Astronaut-- fue idea del astronauta Scott, lo cual ofendió al artista ya que “no sonaba como el gran viaje a las estrellas” que él quería.

131209_SCI_Apollo15_FallenFigure.jpg.CROP.promovar-medium2Después de un tiempo, el museo Smithsonian se puso en contacto con Scott y le propuso hacer una réplica exacta de la escultura y la placa para formar parte de la colección permanente. Van Hoeydonck, una vez más, se ofendió porque no lo contactaron a él directamente ya que, por decisión del astronauta, el nombre del artista había permanecido secreto. Pero al final accedió y fabricó otra estatuilla para el museo en Washington, D. C.

Pero ello también detonó que el artista quisiera hacer un anuncio público de que él era el artista de la escultura en la luna. El astronauta Scott no estuvo de acuerdo, como apuntó en un comunicado: “El anonimato era parte de lo que queríamos hacer, no queríamos fanfarrias o comercialización; solo queríamos reconocer a nuestros colegas de manera formal, silenciosa y pacífica en la Luna”.

La emisión tuvo lugar el 16 de abril de 1972, el día del lanzamiento del Apolo 16. Van Hoeydonck, sosteniendo una réplica de la estatuilla en la mano, dijo: “Pensé en el futuro de los hombres; que el único futuro posible del hombre era en las estrellas”. Pero sus visiones soñadoras no duraron mucho. Por ejemplo, un artículo de 1972 del New York Times opinó que el Fallen Astronaut “no se parece a nada más que a un diapasón hinchado”. “La gente odio al Fallen Astronaut”, apuntó van Hoeydonck, aún confundido, 40 años después.

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Pero a partir de la fama (o infamia) de la estatuilla, la galería decidió hacer réplicas y venderlas para al menos generar algo de ganancia a partir de la noticia. Ello enfureció al astronauta Scott (y al mundo, que se enteró), pero no había mucho que decir por parte del astronauta ya que él y sus colegas, en la misión del Apolo 15, habían llevado sobres y guardado allí pedacitos de la Luna para venderlos a coleccionistas en la Tierra. Al final del día, el artista quería fama; la galería, prestigio y dinero; los astronautas, lucro extraoficial.

Apollo 15 mission image.El NYT llamó a esto “la explotación comercial de los vuelos de la nación a la Luna” y Dennis A. Miller, un cineasta canadiense, filmó una película al respecto llamada Space Child. La película nunca vio la luz, pero el astronauta Scott perdió su licencia para viajes espaciales.

Ahora, después de años de oscuridad, el Fallen Astronaut está regresando a la luz pública. El Smithsonian, 40 años después del suceso, llamó a van Hoeydock a dar una --increíblemente anacrónica— conferencia. Scott se rehusó a asistir (no quería volver a ver al artista), pero van Hoeydonck relató  la historia entera de la estatuilla.

Muchísimos de nosotros no sabíamos, en primer lugar, que en la Luna hay una estatuilla en forma de un “diapasón hinchado”, ni que el ego de los hombres se extendiera a los satélites que circundan la Tierra --o esto último quizá sí, pero no de manera tan literal. Pero en la Luna, además del astronauta caído, hay banderas norteamericanas y otro tipo de debris terrícola; y ello puede significar muchísimo para el humano y para la NASA, pero puede no significar nada para la Luna. Esperemos que así sea.