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Nada puede extrañarnos ya del director David Lynch, pero esta vez se prestó para diseñar una colección de ropa para hacer yoga y meditación trascendental. Aquí las fotos

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Todos los seguidores de Lynch recordarán aquellos zapatos rojos con suela transparente que diseñó con Christian Louboutin en 2007. Los zapatos fueron parte de una exposición para la Fondation Cartier en París y de alguna manera redefinieron lo que significa el fetichismo tanto por los zapatos como por los pies. Luego, el multifacético director colaboró con Kenzo para su temporada de otoño 2014 (fungiendo como musa también), y ahora se ha embarcado en un nuevo proyecto de moda, pero esta vez inspirada en la meditación trascendental y destinada sobre todo a la gente que hace yoga.

El practicante y divulgador de meditación trascendental colaboró con Live the Process, quienes se describen a sí mismos como “una guía al bienestar y a la salud holística de un grupo de expertos en belleza, fitness, meditación, nutrición, terapias energéticas y física cuántica, vista desde un lente modernista”. La colaboración de Lynch consiste de una colección de seis piezas de tops y leggings con estampados florales suaves, que serán vendidos en nombre de la caridad: parte de las ganancias irán a víctimas de abuso.

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Aunque pueda sonar extraño que Lynch colabore con un estudio tan afectado por la corriente New Age (y a la vez, nada en Lynch es extraño), la marca y el director sí tienen algo en común. La caridad de Lynch está dedicada a enseñar meditación a víctimas jóvenes de estrés postraumático y abuso, mientras que Live the Process es un sitio en línea que promueve la salud mental mediante accesorios y moda. Y, lo mejor de todo, la hermosa modelo de las fotos, Alyssa Miller, también practica meditación trascendental.  

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Por qué debemos de matar a "la mujer más sexy del mundo"

Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/23/2014

La revista Esquire ha nombrado a Penélope Cruz la mujer más sexy del mundo de 2014, una práctica anual que revela toda una serie de improntas sobre cómo juzgamos a las mujeres

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Las revistas para hombres han instituido la presea anual de "la mujer más sexy del mundo", coronando a una celebridad como un imposible objeto del deseo mundial. La dinámica es bastante sencilla y burda: las personas aman consumir información en listas definitivas y a los hombres les encanta ver fotos de mujeres sexys. A la celebridad ganadora es posible que no le guste del todo ser tratada como objeto, pero eso es un nimiedad en comparación con lo que genera para su carrera ser considerada la mujer más sexy del mundo --algo que seguramente los productores toman en cuenta y pueden capitalizar en su siguiente película o programa de TV.

Andi Zeisler, quien escribe sobre feminismo en la revista Salon, sugiere que debemos de matar a la mujer más sexy del mundo; no a Penélope Cruz, la ganadora de este año de la revista Esquire, sino este canon de seleccionar cada tanto a la mujer más sexy del mundo en el que participan numerosas revistas y sitios de internet. Al final estas revistas, incluyendo las que son orientadas al público femenino (como InStyle, People y otras), lo que hacen es permanentemente juzgar a las mujeres: ya sea quiénes son las más sexys, quiénes son las mejor vestidas o quiénes tienen los mejores novios, esta es la norma. El resultado de esto es la introyección del censor, el juez interno que evalúa, ostraciza lo anormal y acepta lo que se alinea con el canon; ver el mundo siempre a través del cristal fragmentario del juicio, un filtro incisivo.

En el caso de Esquire hay un aspecto que hace doblemente ridículo el nombramiento de la mujer más sexy del mundo: el texto que acompaña el shoot de fotos sexys, el cual parece estar motivado por una prerrogativa de justificar con algo de contenido literario lo que es básicamente sólo un spread de carne. Por ejemplo  Rihanna, la ganadora de 2011: "Toma su radiante trasero --lo maneja, lo mece-- es como asado en su punto"; Scarlett Johansson (ganadora en 2006 y 2013), con meta-obviedad: "Se ve como una mujer. Exuda feminidad". En el caso de Penelope, el reino del cliché, metáforas de tauromaquia para describir cómo hace brotar la sangre (inflamación sexual, pasión latina). Preámbulos masturbartorios con pedazos de poesía oficinista. 

Los nombramientos no sólo contribuyen a perpetuar imágenes colectivas de la feminidad objetificada; también son parte de una velada industria de manipulación aspiracional. El timing, por ejemplo, del galardón de Cruz, coincide con el estreno de dos de sus películas, como bien señala Zeisler: todo es parte de una estrategia de comunicación y PR.

Abandonar este tipo de clasificaciones, sin embargo, es más difícil de lo que se podría pensar, ya que en un sentido primigenio estamos cableados biológicamente para crear toda una red de significados y normas que funcionan como pegamento social. Ideales de belleza y estándares de lo que es normal y de lo que es aberrante conforman el tejido social que es también una máquina colectiva de aprendizaje y adaptación. Nuestra mentalidad es mucho más la de una manada que la de un individuo que mira libremente el horizonte