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Estudios revelan lo que la sabiduría budista nos ha dicho desde hace mucho: que el desear posesiones materiales nos hace cada vez más infelices, y nos vuelve incapaces de apreciar lo que tenemos.

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Lo dice la segunda de las cuatro nobles verdades del budismo: el origen del sufrimiento es el tṛṣṇā (el deseo, el anhelo, la sed). El deseo nos ata al mundo con una fuerza superior a la de la gravedad, nos impide aceptar el flujo cambiante de la vida. Vivimos encadenados voluntariamente a un sistema que se alimenta de nuestro deseo, de nuestro permanente estado de insatisfacción, de un hambre de posesiones que somos incapaces de saciar.  

Nuevas investigaciones exploran la idea de que la gente más materialista tiende más a deprimirse y a estar insatisfecha con la vida.

Estar enfocado todo en tiempo en lo que quieres, y aún no tienes, hace que no puedas apreciar lo que te rodea, de acuerdo con la investigación de la Universidad de Baylor.

Para el estudio fueron reclutados 246 universitarios en los que se evaluó qué tan materialistas eran, qué tan satisfechos estaban con su vida, y qué tan agradecidos están con lo que tienen. Encontraron que la gente más materialista sentía también menos gratitud, la cual es una forma muy efectiva de medir qué tan poco satisfechos están con la vida.

Los psicólogos explican que la gratitud es un estado de ánimo positivo que muestra empatía con los otros, y poner nuestra atención en los demás es bueno para nuestra salud emocional.

En contraste, un enfoque materialista hace que acumulemos cosas pero nunca alcancemos a tener contacto con lo que queremos, pues todo el tiempo están cambiando nuestras expectativas. Perdemos el contacto con nuestra realidad y con los demás. Mientras más compramos cosas, más se aleja el horizonte de nuestra felicidad.

Quizá haga falta voltear al pasado y poner atención a esta sentencia de Epicuro: “No desperdicies lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estaba entre las cosas que alguna vez deseaste”.

[PsyBlog]

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100 años de testimonio revelan que las niñas son mejores estudiantes que los niños

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/11/2014

En todas las materias, las niñas se desempeñan mejor que los niños. Y de acuerdo a este estudio, así ha sido por más de un siglo.

Girl writing a sum on a blackboardDe acuerdo a numerosos estudios, los niños están en crisis. En el 2006, la revista Newsweek declaró, en su portada, que los niños se estaban quedando atrás de sus contrapartes femeninas en la escuela. Estaban teniendo peores calificaciones, fallando en exámenes estandarizados y no atendiendo a la universidad en el mismo número que las niñas. Ahí comenzó una larga conversación acerca del fin de los hombres, y de cómo hacer que mejorara el desempeño de los niños en el salón de clases.

Esta “crisis de niños”, sin embargo, estaba basada en una suposición: que previamente los niños estuvieron al tope. Tradicionalmente, las educaciones institucionales han favorecido abiertamente a los niños. Y antes de la década de los noventa, se cree que los niños sí tenían mejores resultados en exámenes de matemáticas y ciencia. Pero en esta década, las niñas empezaron a desempeñarse mejor en matemáticas, y más niñas que niños estaban tomando biología y química avanzadas. Los investigadores Daniel y Susana Voyer, sin embargo, se han dedicado por mucho tiempo a coleccionar resultados que prueben que alguna vez los niños fueron mejores estudiantes.

En su mega-meta análisis encontraron que, “si encuentras diferencias de género, todas ellas están a favor de las niñas, sin importar de qué materia se trate”. Su conclusión fue que no sólo las niñas son mejores estudiantes, sino que lo han sido por al menos 100 años. Los niños puedes estar en “crisis” cuando se trata del salón de clase, dicen, pero siempre ha sido así. Esto sólo refuerza el estereotipo impuesto a los niños desde chiquitos, que se cree que tienen más capacidades.

Las teorías sobre por qué las niñas superan a los niños son abundantes. Algunos dicen que las niñas tienen más voluntad para buscar ayuda cuando la necesitan, que son más pacientes y atentas en clase, que la estructura del salón de clase está mejor diseñada para su psicología. El New York Times publicó esta semana que “en el kínder, las niñas son sustancialmente más atentas, mejor portadas, más sensibles, más persistentes, más flexibles y más independientes que los niños”. Todo lo cual podría ser verdad. Pero la realidad es no podemos saber de cierto.

“Hay algo sucediendo”, apuntan los investigadores. “Y hay algo que lleva sucediendo por 100 años. ¿Qué está pasando? Realmente no lo sé”. Todo parece indicar que las niñas están (y lo han estado por alrededor de cien años) llevando a cabo una silenciosa e inteligente revolución.