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Estudio concluye que Estados Unidos no es una democracia: es una oligarquía

Política

Por: pijamasurf - 04/19/2014

Prestigiosas universidades parecen confirmar lo evidente: Estados Unidos es el gobierno de la élite económica (del llamado 1%). ¿Es la demoracia la gran farsa moderna?

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Prestigiosas universidades concluyen algo que era evidente para cualquier persona con el más mínimo pensamiento crítico: Estados Unidos es una oligarquía: el gobierno representa los intereses de una élite adinerada y no del pueblo.

El estudio realizado por investigadores de Princeton y Northwestern analizó extensivamente información de políticas públicas aprobadas de 1981 a 2001 para determinar el estado del sistema estadounidense. Estas leyes implementadas fueron comparadas con las preferencias de los estadounidenses promedio, las preferencias de los más ricos y las preferencias u opiniones de grupos con intereses especiales. Los resultados muestras que la política estadounidense sirve los intereses del grupo afluente o de la élite económica que despliega una poderosa influencia a través del cabildeo. Lo cual sugiere que la democracia es una gran farsa –una representación teatral que sirve para que el pueblo no reclame el poder y se mantenga relativamente cómodo, y ciertamente inofensivo, observando la televisión, el espectáculo de los republicanos vs. los demócratas.

Los investigadores concluyen que: "El punto central que emerge de nuestra investigación es que las élites económicas y los grupos organizados que representan los intereses de las corporaciones tienen un sustancial impacto independiente en la política del gobierno de Estados Unidos, mientras que los grupos masivos y los ciudadanos promedio tienen poca o nula influencia independiente". Aún cuando estos grupos manifiestan su desacuerdo con la política pública, rara vez ven reflejados sus intereses en cambios puntuales. Otro estudio reciente muestra cómo las protestas y las manifestaciones públicas tienen también poca o nula efectividad para cambiar la política pública.

Ante este estudio, que confirma lo que ya era obvio, lo mismo que argumentaba el movimiento Occupy (y no sólo en Estados Unidos, seguramente en tu país también), resulta pertinente preguntarnos si ¿no es absurdo participar en el teatro de la democracia y perder nuestro tiempo?   No resulta tampoco descabellado preguntarnos sobre la naturaleza ilusoria de la democracia como la vivimos –esta gran superstición propagandística de nuestra era– y si no es mejor desengañarnos y elegir a nuestros gobernantes por lotería.

También en Pijama Surf: ¿Trabajan los gobiernos para las corporaciones?

 

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Política

Por: pijamasurf - 04/19/2014

Para las leyes de inmigración, no todas las personas son iguales; muchas cargan lastres políticos de países considerados indeseables

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El planeta Tierra, con todos sus países y su diversidad, es un constante estímulo para aquel a quien le gusta viajar y conocer otras culturas. Sin embargo, no es fácil para todos acceder a esta riqueza promisoria de la otredad y de lo exótico. Algunas personas tienen que hacer largos tramites, esperar y pagar para ingresar a otros países, y cuando lo logran (muchos son rechazados sólo por haber nacido en un país poco congraciado con otro) son cuestionados, cateados y vigilados.

El poder del pasaporte y el número de acceso libre que tiene cada una de las nacionalidades es un emblema de la situación geopolítica del mundo. Vemos que países escandinavos, junto con países colonizadores como Reino Unido y Estados Unidos, tienen la mayor cantidad de accesos, seguidos por los países del oeste de Europa. Una clara imagen de que Occidente ha conquiestado sociopolíticamente el mundo y ejerce su pleitesía.

Vemos el efecto del narcotráfico y la inmigración masiva en México (117 países y en Colombia, 63); los efectos de la guerra contra el terror de la cual han sido víctima las relaciones de países árabes como Pakistán, Afganistán e Irak, que están en los últimos lugares de la lista. El otro factor considerable parece ser la pobreza: países centroamericanos y africanos son marginados por su falta de recursos --y acaso, por no ser muy atractivos para los países occidentales en ese movimiento hacia el Norte que caracteriza a la inmigración.

Lo que resulta deplorable es que personas que no tienen nada que ver con la política de un país (el suyo o el que promueve la imagen de que ciertos países son peligrosos e indeseables) tengan que cargar con este estigma y no puedan rondar por el mundo libremente. Esto se acentúa cuando pensamos en las leyes laborales: un escandinavo o un británico no tendrá los mismos problemas para encontrar un trabajo en otro país que un guatemalteco o un nigeriano.

Curiosamente, en 1955, Orson Welles anticipaba el estado de vigilancia policial global. Para el genial director, todo empezó con el requerimiento de pasaportes. Hoy tenemos PRISM y la máquina de vigilancia global electrónica.

“El burócrata o el policía es como un chantajista: nunca le puedes pagar lo suficiente; si le llenas una forma, tendrás que llenarle 10… y preguntan ¿por qué causarles problemas? pero, ¿por qué deberían ellos de causarnos problemas?”, había dicho Welles con enorme lucidez. No sólo es represivo y contra la libertad; es una molestia poco elegante.