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La estimulación con luz azul tiene numerosos beneficios para el ser humano.

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Entre todas las graduaciones de la luz visible, el azul parece distinguirse como el color más poético y preciado. Sondeos muestran que el azul es color predilecto de la mayoría de las personas en el mundo y para algunas culturas el pigmento azul es más valioso que el oro (es el color de los dioses).  El azul ha sido inspiración de numerosas obras y movimientos artísticos al encarnar la ingravidez onírica y la amplitud celeste —una especie de frecuencia armónica en el extremo más sutil de la existencia.  Tomando esta intuición cromática en consideración, quizás no sea del todo extraño que la luz azul se haga manifiesta con una serie de propiedades que pueden ser utilizadas para mejorar el desempeño cognitivo o incluso para tratar ciertos padecimientos.

Investigadores del hospital de Brigham en Boston notaron que personas expuestas a la luz azul (de una longitud de onda corta) tuvieron mejor desempeño en diferentes actividades, que las que fueron expuestas a luz verde. El grupo que recibió un baño de luz azul en el día tuvo mejor reacción auditiva, mayor concentración —y sus patrones de ondas cerebrales mostraron estados relacionados con mayor alerta. El neurocientífico Steven Lockley, uno de los autores del estudio dijo:

Los resultados contribuyen a nuestro entendimiento de cómo la luz afecta el cerebro y abren una gama de posibilidades en el uso de la luz  para mejorar la alerta, productividad y seguridad humana. Mientras que mejorar la alerta de trabajadores en la noche tiene claros beneficios, los trabajadores diurnos también se benefician de una mayor cualidad de iluminación que también los ayuda a ver mejor.

El estudio realizado en Boston confirma uno previo realizado en Suecia y apunta a que la luz azul puede usarse también de día (¿en saunas lumínicos?), esto sin perturbar la producción natural de melatonina, la cual afecta especialmente cuando se expone a una persona a luz azul en la noche haciendo que sus efectos sean más bien nocivos para la salud —en realidad  toda la luz artificial, cuando es posible, debe de evitarse en la noche para no afectar los patrones de sueño naturales.

La luz azul parece tener también otros posibles beneficios, como combatir la depresión a través de la inducción de estados de alerta. En Japón se instalaron paneles de luz azul en estaciones de metro para combatir el alto índice de suicidios en estas locaciones. Existe información que sugiere que la luz azul puede combatir el tastorno afectivo estacional, curiosamente llamado en inglés "winter blues", (la añoranza es azul). Otra investigación explora la posibilidad de que pulsos de luz azul ayuden a combatir la diabetes generando proteínas. La cualidad de sanación o de aumento cognitivo de la luz se debe a su longitud de onda, una de las más cortas en el espectro de la luz visible, misma que hace que la luz azul se esparza en el aire limpio y tiña el cielo de azul. En lo que puede considerarse una correspondencia cósmica, la luz azul es la marca de galaxias que se encuentran activas o "despiertas" en el espacio (también en el cosmos es signo de alerta y actividad).

Las aplicaciones de la luz azul aún son inexploradas y van desde la iluminación urbana dirigida hasta el uso de máquinas de estimulación fótica combinando pulsos binaurales y luz azul a frecuencias que emulen las ondas cerebrales, también para propiciar estado de alerta y aumento cognitivo. Será nuestra labor futura canalizar el poder de la luz azul.

También en Pijama Surf: La luz es la droga: estimulando la glándula pineal con máquinas de luz y  La luz puede usarse para interrumpir hábitos

Twitter del autor: @alepholo

 

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¿Te puedes morir de un corazón roto?

Salud

Por: pijamasurf - 02/19/2014

Los médicos tomaron cientos de años para tomar en serio algo que los veterinarios llevan tiempo sabiendo: las emociones extremas pueden matarnos.

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En 1986 hubo un caso en Massachusetts en que una mujer de 44 años fue admitida al hospital con unos terribles dolores en el pecho y el brazo izquierdo. Un signo clásico del ataque al corazón. Sin embargo, lo extraño fue que no estaba sufriendo cardiopatía isquémica. No había ningún coágulo en las arterias que rodean el corazón.

En la publicación del caso en el New England Journal of Medicine, los doctores Thomas Ryan y John Fallon sugirieron que el daño aparente al músculo del corazón era emocional en lugar de fisiológico. Ese mismo día en la mañana, la mujer se había enterado de que su hijo de 17 años se había suicidado.

Se preguntaban si la mujer estaba sufriendo de un –metafórico o “fantasma”− corazón roto. Y la respuesta, sorprendentemente, fue afirmativa. Este tipo de síntomas cardiacos ya se había estudiado profundamente, pero en animales.

Los doctores han rechazado por muchos años la idea de que exista una relación entre la psicología y la fisiología. Pero por alguna razón, los biólogos y veterinarios siempre han estado más "abiertos" a entender este tipo de relaciones. En su libro Zoobiquity, Kathryn Bowers y Barbara Natterson-Horowits describen esta actitud:

Entre muchos médicos, la idea de que las emociones puedan causar eventos físicos reales dentro de la arquitectura del corazón era visto con casi el mismo reojo como un interés en cristales sanadores u homeopatía. Los cardiólogos verdaderos se concentraban en problemas reales que puedes ver: placa arterial, coágulos de sangre, y aortas rasgadas. La sensibilidad era para psiquiatras.

Así, mucho antes del caso de Massachusetts, biólogos y veterinarios ya habían notado que emociones extremas podían hacer una ruina de la fisiología del cuerpo. A mitades del siglo XX notaron que, cuando un animal experimenta un golpe repentino de miedo, la adrenalina llena el torrente sanguíneo a tal grado que se la sangre se vuelve como veneno, y daña los músculos del animal, incluyendo el corazón. Esto se llama “miopatía de captura”.

Es verdad que en los humanos también ya se conocían casos de este tipo, pero nadie los había tomado en serio, y por lo tanto no formaban parte de la literatura médica del siglo XX. Fue hasta el 2005 en que, debido a que había varios casos descritos, la medicina empezó a poner atención. Ese año se estableció el término “cardiomiopatía”, aunque muchos médicos aún le llaman “síndrome del corazón roto”.

De esta manera, mientras no es necesariamente la tristeza o el rechazo lo que pueda lastimarnos físicamente (aunque puede), ahora no cabe duda de que la mente y nuestras emociones tienen un efecto directo y cuantificable en nuestros cuerpos físicos. Y cuando las cosas resultan terribles, puede ser catastrófico.