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Una invitación a la Gran Obra: la intoxicación de los territorios incognoscibles y el arte de David Chaim Smith

AlterCultura

Por: David Metcalfe - 01/14/2014

David Metcalfe revisa el trabajo más reciente de David Chaim Smith, The Blazing Dew of Stars, donde plasma la poesía pura de la existencia, el código cabalístico de la creación, espejo radiante del lenguaje secreto del universo.

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“Me considero un cartógrafo esotérico, lo que me interesa es hacer mapas, mapear los territorios incognoscibles para una mente convencional”. 

-David Chaim Smith en una entrevista con Jay Babcock para la revista Arthur

 

“Dividir la fe conduce a un mundo destruido”

-David Chaim Smith, Kabbalistic Mirror of Genesis (El espejo cabalístico del génesis)

Existe una cantidad incontable de libros sobre gnosticismo contemporáneo, incontables celebridades que pretenden haber alcanzado la realización, múltiples esfuerzos académicos que intentan analizar temas esotéricos, y siglos en los que los dogmas religiosos han ensombrecido con todo tipo de formas y tonos cualquier posibilidad de realización, sin embargo, hay unas cuantas personas que sinceramente pueden afirmar que siguen un camino sin camino. Esto es particularmente cierto de aquellos que en público se comprometen con su práctica.

Actualmente pocas personas que publican en el campo del esoterismo de Occidente tienen proyectos que resuenan con las verdades más profundas de la práctica que se encuentra en los clásicos de esta misma tradición. Entre los miembros de este grupo selecto se encuentra David Chaim Smith, un practicante contemplativo que radica en Brooklyn y cuya obra es un ejemplo admirable de la revelación gnóstica contemporánea (¡si acaso la conciencia atemporal se puede calificar como contemporánea!), emplea el lenguaje de la cábala clásica y la tradición esotérica de Occidente para transmitir su mensaje. Nos encontramos con un sutil y sorprendente disfraz, uno de esos momentos preciosos en los que lo oculto a simple vista resuena y brilla con una claridad luminosa en la oscuridad de nuestra sombría era tecnosalvaje.

Sabiduría desde la tierra del sacrificio

A pesar de la promesa de mayor conectividad, los medios contemporáneos tienen una naturaleza constrictiva que con frecuencia permite la demonización acrítica de la espiritualidad tradicional; fomentan una falta de expresión de la complejidad de estas tradiciones y sus formas vivas, en desarrollo. Lo que encontramos en la obra de David Chaim Smith es un ejemplo de cómo estas formas tradicionales pueden ser abordadas, evitando las mundanas fachadas políticas en las que se enfoca el diálogo religioso. También representan una interacción compleja entre el trabajo práctico del autor/artista, el medio a través del cual se expresa ante su público, y el sentido cabal misterioso que abre nuevos caminos para nosotros cuando experimentamos su trabajo.

Al presentar a Smith en una entrevista reciente, Jay Babcock, de la revista Arthur, se refiere a su imaginario como “El tipo de trabajo que generalmente sale a la luz accidentalmente, décadas después de que un recluso ha muerto o desaparecido (o ha sido internado en una institución): es trabajo devocional, extraño y cargado, que ha sido rescatado de un basurero, mientras que los detalles de la vida del artista y su práctica se han convertido en polvo”. Una declaración interesante que nos sugiere un indicio de donde la obra de Smith encuentra su potencia.

La contemplación devota requiere que la persona alcance los siguientes estados: la desaparición, muerte, regreso al polvo y la aniquilación final hacia el ser/no ser, al tiempo que se mantiene vivo. Aun así, ésta es la etapa preliminar antes de la continuación de la práctica. El nombre del tercer libro de Smith The Sacrificial Universe (El universo sacrificial) trata de este estado de desapego, un desapego fuera del nivel consciente al que muchos están acostumbrados, especialmente en este mundo de distracciones.

Si uno busca expresiones de contemplación devota, generalmente encuentra una versión conceptualizada con palabras de más, incapaz de abrir el embriagante perfume de la experiencia misma, el lenguaje del crepúsculo cifrado de ese estado todavía sin nacer que seduce a los que se encuentran al exterior para acercarlos al altar sacrificial que habilita el primer paso del proceso. Es erróneo pensar que aceptar una invitación a los niveles más profundos de la contemplación es otra cosa que aceptar el camino más difícil, requiere la atención más constante e incondicional para llevar a cabo la aniquilación absoluta de los débiles lazos con la identidad filial.

El sacrificio reflexivo es el camino absoluto. Durante el momento intangible de la percepción, cada actividad sensorial ofrece su semilla a la matriz de cada campo sensorial.

-David Chaim Smith

Como parte de su disciplina espiritual, Smith vive retirado y pocas veces hace apariciones públicas. Este estilo de vida es necesario para ayudarlo a cultivar la práctica que le permite crear piezas visualmente asombrosas, sin embargo, lo que vemos en éstas es sólo la superficie de su obra. Muchos de los artistas y creativos de la actualidad crean un culto a su personalidad, sin embargo, en el caso de Smith, su trabajo emerge y eclipsa a su creador, alcanzando una vida propia mediante un acto sacrificial que existe en el centro de la creación.

Smith no se disculpa por esta autoaniquilación en su trabajo. Como dijo recientemente, “Después de que te has lastimado y a otros, cuando has insultado a todos, quemado todo, lo has pisado, has comido todo y lo has hecho mierda… ¿qué queda? Nada. ¿Qué se puede hacer con nada? Nada. Aquellos que saben de lo que hablo lo reconocerán de inmediato, pero pocos podrán hacer algo al respecto. Y serán aún menos los que puedan usarlo para iniciar su proceso más allá de las aspiraciones espirituales en la vida convencional. Es el máximo comienzo: desnudo y crudo. No se puede desvelar más que cuando no se tiene nada que perder. El proceso realmente comienza en ese momento, y solo en ese momento”. Sin embargo, al contrario de muchos artistas que parecen estar mucho más abiertos, él mantiene una presencia activa en Facebook, con el propósito de entablar una relación con las personas que sinceramente buscan explorar el paradójico misterio de la Nada manifestada.

Blazing Dew of Stars- Structural Balance of Substanceless Dreams

La síntesis más allá del sincretismo

Yo enseño mediante libros y el contacto personal. Mi territorio es la ciencia y la universidad, no los llamados círculos ocultos.

-Eugene Canseliet, escritora y alquimista de origen francés

Al estudiar el material de Smith uno encuentra algo fascinante. Donde las ideas sincréticas usualmente tienen grietas causadas por uniones artificiales, aquí encontramos un camino que se enhebra a través del corazón de las tradiciones esotéricas con una integridad obvia. Uno podría considerar de esta manera el eterno discurso filosófico, sin embargo los practicantes de la filosofía perenne rara vez están casados con la misma, más bien se mantiene como el dominio de los académicos, quienes en pocas ocasiones cuentan con la sabiduría o la experiencia práctica para presentar algo sin las sutiles fallas que degradan la enseñanza, a pesar del conocimientos que puedan tener.

El trabajo de Smith nos ofrece una embriagante porción de gnosis, algo que se puede apreciar como la poesía pura de la existencia, o como algo que puede convertirse en un peldaño hacia las profundidades del misterio existencial para aquellos cuya búsqueda es seria. Esta es una invitación, del tipo que ocasionalmente se extiende a las personas que esperan pacientemente la apertura de las promesas del camino sin camino.

Como respuesta al lanzamiento del más reciente libro de Smith, The Blazing Dew of Stars (El abrasador rocío de las estrellas), el maestro budista Traktung Yeshe Dorje Rinpoche reconoció la influyente e integral naturaleza de la obra:

Este tipo de trabajo es como una célula madre en el cuerpo espiritual de la humanidad… capaz de transformarse en formas multicolor para brindar lo que se requiera para la contemplación profunda.

El trabajo de Smith es importante no sólo por su profundidad práctica y filosófica, también lo es por su integración en la práctica contemporánea dentro del desarrollo de una tradición viviente, aunque sea una tradición generalmente ignorada por aquellos que buscan formas externas para satisfacer su curiosidad.

Los secretos más allá de la erudición

La verdadera tradición no se encuentra en la erudición académica. La academia rara vez se interesa en abrir o quitar las persianas mitológicas que mediante el acumulación cultural rodean las cuestiones centrales del trabajo contemplativo. La práctica devota contiene la verdadera tradición. Mientras que la erudición puede ayudarnos a entender algunas de las cuestiones históricas que rodean a Smith, jamás nos guiarán hacia un entendimiento más profundo de la sabiduría a la que podemos acceder a través de sus asombrosas piezas visuales.

Debemos ser cuidadosos cuando descubrimos algo tan audaz como la práctica de Smith, ya que con frecuencia encontramos nuevas ideologías que escarban en busca de símbolos tradicionales que puedan dar profundidad a su práctica. Son raras las ocasiones en las que voces fuertes emergen públicamente para acoger la potencia de las tradiciones vivientes. Sin embargo aquí, en el trabajo de un practicante radicado en Brooklyn, Nueva York, encontramos la clave de una verdadera tradición atada a la existencia y definida por la realidad. Una de las dificultades de acercarnos a ella son los pocos ejemplos contemporáneos capaces de brindarnos un punto referencial. No nos encontramos frente a otro sistema cabalístico interpretativo, y definitivamente no es un ejemplo de esoterismo popular.

Como Babcock apunta en la introducción de su entrevista con Smith:

Lo que más me intrigó de la obra fue su proveniencia difícil-de-entender: estas piezas podrían haber sido incluidas en el compendio de maravilloso arte alquímico medieval Alchemy and Mysticism de Alexander Roob, (Taschen).

De nuevo encontramos un indicio de lo que encontraremos en el trabajo de Smith. Sus piezas pueden ser comparadas con arte medieval alquímico porque Smith no nos presenta una fachada, sino una imagen genuina  de la Gran Obra, en todo su esplendor multicolor, un cuerpo vivo alimentado por distintas corrientes exotéricas pero provenientes de una misma fuente. Sin miedo a acercarse al corazón de la tradición occidental, mediante su trabajo nos asegura que “el mensaje central de la alegoría edénica es que cuando la percepción no oscurece a la Divinidad, todo es dicha. De hecho, la palabra Edén significa DICHA”. El trabajo de Smith desafía una definición sencilla del cuerpo, la mente y el espíritu, y sus dibujos son portales gnosémicos que conllevan una exploración más transingente, un compromiso más profundo con las nociones relegadas a un campo meramente teórico, a la idealización o comprensión periférica de aquellos que se acercan a los caminos devocionales, sean eruditos, escépticos o practicantes especulativos.

Smith ha hecho pública esta invitación a través de sus libros, un sencillo sitio y mediante las imágenes e insights que comparte en su página de Facebook. Él cree que para acceder a la intoxicación de los territorios incognoscibles “debes aprenderlo siguiendo una tradición oral, no una escrita. Se supone que debes vivirlo y hablarlo con alguien que sepa al respecto”. Uno de los aspectos más singulares de su práctica es que, a pesar de llevar una vida retirada y de dedicarse a la contemplación, hace amplio uso de los medios digitales.

He conocido a pocos magos, aquellos cuyas intenciones igualan sus palabras, cuyas letras manan de la perfección de su realidad adoptando la forma de un fluido intercambio de sueños. Alguien así puede utilizar una serie de sílabas cubiertas de aspiración para  pronunciar un gólem, una supernova o una simple profusión de belleza.

No es posible tejer mundos con juegos de palabras, a menos que cese la ficción entre el sujeto y el objeto y la naturaleza de continuum mágico de lleve a cabo. Todo esto está fundamentado en la realización gnóstica de la naturaleza de la mente. ¿Entre nosotros quién podría reivindicar esto? ¿Quién de nosotros se coloca para burlarse del logro?

-David Chaim Smith

Smith ha dejado claro que su trabajo es un trabajo vivo, para entender completamente lo que representa debemos acercárnosle activamente. Algunos pueden burlarse de esta declaración, ya que en la actualidad son pocas las personas audaces que se atreven a creer que algo así es posible, que una tradición viva, con una transmisión de conocimiento real, está disponible abiertamente, pero no sólo es posible, también es muy real y está presente en el trabajo de Smith, con toda la apertura que este le permite.

 

El abrasador rocío de las estrellas

Al presentar su libro más reciente, The Blazing Dew of Stars, Smith nos presenta la expresión más completa de su proceso contemplativo hasta ahora. Es un viaje radical e intransigente que desbarata las percepciones comunes de la realidad y la autoidentificación. Además, desglosa la errónea concepción donde el teísmo y el ateísmo son más que dos polaridades cosificadas en el mismo viaje egoísta.

Con una radical exégesis visionaria no-teística, Smith honra la divinidad de la poesis al pie de la letra, partiendo la cáscara de la vocal y las consonantes para alcanzar su intangencial núcleo interior, el lugar secreto que vierte de la “fuente de la sabiduría” que sólo puede ser descubierta después de que la cáscara externa ha sido digerida. Su práctica es gematría casi pura, pero una gematría del simbolismo, sin el dogma y la mitología que sostiene la conceptualización egocéntrica que ha terminado con el camino de tantos buscadores. Al trabajar con asociaciones mito-poéticas, a un nivel que se mantiene accesible para el pensamiento poético, abre espacios inimaginables para una visión transformativa.

Cada momento y lo que contiene se consume de inmediato por el fuego de la extensión del espacio, se disuelve de inmediato en el instante de la coagulación. Una ofrenda suprema a la Nada, empapada con aspiración gnóstica.

Mi comida, que es una ofrenda del fuego, es un dulce gusto que ofrecerás cuando sea la estación correcta. Esta es la ofrenda hecha por el fuego que traerás a Jehová como una ofrenda ardiendo continuamente (Números, capítulo 28).

Es probable que estas palabras bíblicas hayan sido ignoradas por la gran mayoría de personas que profesa un gusto por ese tipo de cosas. Aquí encontramos el origen común, revelado más allá de los discursos forzados de los tele-evangelistas o hasta de los serpenteantes discursos de los místicos contemporáneos, esta gnosis, cruda y pura, no se parece a nada escrito por un autor vivo. En una fuente tan aparentemente común encontramos que ese calor renovado da pie al florecimiento de la inspiración, el cual ha estado ensombrecido demasiado tiempo.

Una invitación

El trabajo de Smith nos plantea un problema. Con frecuencia aceptamos trabajos estéticamente bellos cuya invitación a una profundidad mayor permanece oculta por la práctica tácita de la creación. Sin embargo, Smith teje un continuum de instrucción textual, simbólica y biomórfica en el cuerpo de su obra publicada, que también incluye su presencia en los medios digitales. Ésta pide a los que la descubren que la acompañen y, al hacerlo, deben también intentar recorrer los caminos sutiles que juegan con la práctica espiritual para entrar en el estado embriagante de la poesis sublime que ahí yace.

¿Cuántos aceptarán el llamado? Nadie puede decirlo, pero aquellos que llegan a probar la fuente reciben un atisbo de asombro poético, poco común en la actualidad —y sólo por esto, sólo para y por ti mismo el trabajo de Smith se convierte en un tesoro digno de buscarse. 

 Twitter del autor: @davidbmetcalfe

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¿Qué tan importante es el secreto para la magia y las prácticas ocultistas? ¿Cómo ha transformado estas prácticas su difusión por Internet? Aquí una reflexión en torno a estas dos preguntas.

El mundo (el nuestro, por lo menos) directamente se ha convertido en las últimas décadas en una revolución, principalmente, del conocimiento. Internet, como tecnología, brinda la posibilidad a cualquiera de acceder a información que previamente era inaccesible. Sea por medio de blogs, artículos, wikis o los viejos y queridos libros, sean digitales o físicos, la información sufrió una profunda transformación hacia el mundo de la democracia. El acceso a la información se democratizó y pasó de estar en manos de una élite intelectual a las manos potenciales de cualquier persona con acceso a una computadora con conexión a Internet.

Son noticias maravillosas para todos, menos para las estructuras tradicionales cuyo sustento radica en la monopolización de la información —las universidades más prestigiosas del mundo intentan por todos los medios posibles de subirse a la ola y no perder el equilibrio. Iniciativas como Coursera y edX, con sus híbridos cursos masivos tanto en inscritos como en abandonos son su gran apuesta, pero como ha dicho el filósofo Alexander Bard, asesor de Google: “la educación es el nuevo MySpace”. Mientras tanto, un doctorado sigue otorgando credibilidad y la figura del profesor, lejos del aura que la podría haber caracterizado hace siglos (o décadas), todavía mantiene un estatus jerárquico que lo sitúa por sobre el estudiante: en una sociedad del conocimiento en proceso de democratización, el que posee un conocimiento determinado y lo enseña sigue teniendo poder.

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Una de las áreas que más ha cambiado en este sentido es el del comercio de la iluminación. A lo largo de la historia, todas las prácticas espirituales se han basado en la relación entre maestro y discípulo y lo que los sufíes denominan “baraka” y los hebreos “qabalah”, basándose en el supuesto de que el contacto humano es indispensable, pues “algo” es transferible únicamente de retina a retina, corazón a corazón. Por más que existan miles de tratados, documentos y libros de todo tipo de culturas, tanto en occidente como oriente, las tradiciones dan por hecho que la palabra escrita no es suficiente —son sólo una ayuda en el camino. Lo cierto es que que, a menudo, la palabra escrita estaba resguardada en templos y monasterios, por lo que una vez que el individuo tenía acceso a ella era porque ya había encontrado a “su maestro”. Con la invención de la imprenta la información dio los primeros pasos hacia la democratización, pero un sector de la tradición espiritual occidental poseyó siempre una relación ambigua con la democracia.

El ocultismo occidental siempre se basó en el secreto. Al día de hoy, en que incontables libros se han escrito sobre el tema, el juramento del alumno suele ser respetado hasta la tumba y no se suelen contar detalles de las ceremonias más importantes de iniciación en las principales sociedades herméticas a pesar del hecho de que ya sean de público conocimiento. La imprenta fue importante para la tradición hermética, pero no tanto: los magos y alquimistas del renacimiento debían cuidar cada una de sus palabras bajo el riesgo de terminar como Giordano Bruno y a menudo el acceso a los escritos seguía en manos de una élite: no cualquiera tenía acceso a Filosofía Oculta de Cornelio Agrippa y, aún de tener acceso, eran prácticamente incomprensibles para el común de la gente. Los clásicos alquímicos evidencian la intención de todos los autores herméticos: sugerir. El conocimiento era transmitido persona a persona, en laboratorios o templos de sociedades secretas como los rosacruces (antecedente renacentista de Anonymous).

teosofia antigua

En la Época Victoriana y en el centro del Universo Conocido por aquel entonces (Inglaterra), durante lo que Kenneth Grant llamó el “Renacimiento Mágico”, se vivió un proceso de democratización que fue, en muchos sentidos, mucho más allá del vivido gracias a la imprenta. Autores como Bulwer-Lytton (amigo de Charles Dickens y creador de la frase “era una noche tormentosa”) y Eliphas Levi, entre otros, fueron sucedidos por la Sociedad Teosófica de Blavatsky (quien buscaba, a su modo particular, quitar el velo que ocultaba los mayores secretos de la tradición) y la Orden Hermética de la Aurora Dorada, dando lugar a una de las épocas en las que el conocimiento oculto fue más popular. Claro que el conocimiento seguía siendo secreto: los libros publicados revelaban algo más de información, es cierto, pero el corazón de las enseñanzas y prácticas seguía estando vedado para todos menos aquellos que atravesaran las iniciaciones correspondientes. Los rituales y operaciones mágicas continuaban vedadas para los “no iniciados”, a pesar (o justamente por esa razón) de ser la heroína de los adictos al secreto. Entonces, en el año 1909, Aleister Crowley: el hombre más malvado del mundo para algunos, profeta de una nueva era para otros, comenzó la publicación de The Equinox, divulgando sistemáticamente rituales y ceremonias mágicas de la Golden Dawn y su propia orden (A.:.A.:.).

Dejando de lado el hecho de que se trataba de ediciones de lujo, de tirada ínfimas, costeadas en gran parte por el propio Crowley y que, por lo tanto, su acceso seguía estando en gran parte restringido, era la primera vez que rituales, operaciones y ceremonias mágicas inspiradas en la tradición hermética, rosacruz y masónica eran publicadas. Dicho sea de paso, otro de los principales aportes de Crowley a la “occultura” es la “interpretación psicológica”, de acuerdo a la cual los demonios, ángeles e inteligencias cósmicas involucrados en los rituales existen únicamente en nuestra mente. El próximo paso lo dio Israel Regardie, secretario por un breve período de tiempo de Crowley y miembro de la Stella Matutina, un spin-off de la Aurora Dorada, quien publicó durante la Segunda Guerra Mundial el grueso del conocimiento de la Orden Hermética.

La popularidad del ocultismo disminuyó considerablemente, de todos modos, desde los primeros años del siglo XX hasta finales de la década del 60, en que la psicodelia y la contracultura reavivaron la pasión por prácticas misteriosas que aseguraban tener el secreto de la exploración y, por qué no, de la iluminación. Este nuevo renacimiento —que en cierto sentido perdura, gracias a los avances tecnológicos, vino de la mano la Magia del Caos y la denominada “corriente 23”, cuyas interpretaciones heterodoxas siguen causando horror entre los ocultistas tradicionales. A pesar de todo, las órdenes (que pasaron a tener centros en todo el mundo en lugar de únicamente en Estados Unidos y Europa) siguieron proliferando: nació la IOT, considerada el medio de los “magos del caos serios”, manteniendo la creencia de que no es posible realizar verdadero progreso interno sin la ayuda de guías y tutores parte de una estructura más o menos jerárquica, aunque sus fines sean más burocráticos que estrictamente espirituales.

Lejos del concepto elitista asociado a las sociedades tradicionales, durante la década de los 80s surgió TOPY (Thee Temple of Psychick Youth), una comunidad mágica y artística caracterizada por la exploración y una visión particular y profética del mundo (al leer algunos de sus textos es imposible no tener tener la misma sensación que nos invade cuando vemos Videodrome de David Cronenberg). El pragmatismo de la magia del caos adquirió nueva fuerza gracias a TOPY, reemplazando a la vez el concepto de orden (hermética, secreta y elitista) por el de una comunidad. Siguiendo la misma línea y bajo la influencia del nuevo milenio, grupos como “KIA Illuminated Adepts”, una “red descentralizada de hechiceros”, continúan la tendencia hacia la democratización de la magia y el ocultismo, cuya herramienta más importante ha sido, sin lugar a dudas, Internet. Cualquier ceremonia mágica se encuentra a unos clicks de distancia —no sólo es fácil encontrar los algoritmos que componen los rituales sino también las explicaciones del simbolismo subyacente y experiencias de personas que lo han realizado previamente.

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A pesar de los avances realizados, muchos de los estudiantes de lo oculto siguen manteniendo la necesidad de formar parte de órdenes mágicas, físicas y locales y consideran peligroso que se publiquen en blogs rituales y operaciones tradicionales y antiguas. En un mundo que se ha modificado drásticamente y en el que las mencionadas sociedades no son necesarias intentan convencer de los peligros asociados a las prácticas mágicas a la vez que intentan proteger el (a menudo escaso) poder imaginario que ostentan. El contacto físico puede ser positivo en extremo para cualquier práctica psicológica y espiritual -esto ha sido verdad durante la Edad Media y lo seguirá siendo tras la Singularidad que nunca ocurrirá y el rol del tutor espiritual, como guía, terapeuta y contenedor, siempre será importante, pero esto no quiere decir que sea necesario o que sea imposible realizar determinadas acciones sin tal guía o maestro.

La mayoría de los manuales de instrucciones y teorías sobre lo oculto continúan informando de los peligros de hacer mal un ritual, advirtiendo por ejemplo que si cometemos algún error en un ritual corremos el riesgo de generar el resultado opuesto: si buscamos dinero, contraeremos mayores deudas; ni se te ocurra olvidar el color asociado a Mercurio en una invocación que lo involucre; más vale que visualices perfectamente el círculo mágico a medida que realizas el final de la operación y, por favor, no olvides tu túnica, tu altar y dedicar una habitación de tu hogar exclusivamente para las operaciones mágicas. De otro modo… El mundo cambió (se movió, diría Stephen King) y cualquier persona de clase media puede hacer terapia, practicar yoga o meditación y tomar sustancias psicodélicas que lo harán cuestionar la naturaleza de la realidad.

Lejos de cuestionar el peligro de la magia (así como la utilidad de las sociedades mágicas), es igual o más peligroso seguir viviendo en un mundo sin Google, Amazon o Skype, yendo a trasmano de la democratización del conocimiento y desaprovechando el inmenso potencial transformador de la magia (con o sin ‘k’) por miedo a poderes invisibles que esperan en el espacio entre las palabras impronunciables de grimorios antiguos escritos a luz de vela en laboratorios que en ese momento ya estaban cubiertos de polvo o para mantener estructuras jerárquicas que tienen más que ver con la necesidad de reafirmación de coleccionistas de iniciaciones que se creen al margen de una humanidad no iluminada y no saben, o no recuerdan, que la verdadera iniciación (la ceremonia mágica más importante de todas) es la vida misma y nunca termina.

 Twitter del autor: @ferostabio