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¿Por qué procrastinamos? Porque pensamos en nuestro futuro "yo" como un extraño

Por: pijamasurf - 01/23/2014

De acuerdo a una nueva teoría, tendemos a pensar en nuestros futuros "yos" como pensamos en los otros: en tercera persona. Esto tiene cientos de implicaciones en nuestro comportamiento cotidiano.

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El filósofo inglés Derek Parfit recientemente postuló una teoría acerca de la identidad que ha generado olas de discusión y seguimiento por parte de algunos psicólogos. En su libro Reasons and Persons, Parfit argumenta que no existe una identidad consistente que se mueva en el tiempo, sino una cadena sucesiva de “yos” que está tangencialmente ligada a, y sin embargo distinta de, las identidades previas y subsecuentes. De acuerdo a esta teoría, un niño que, sabiendo que sufrirá el hábito años después, comienza a fumar, no debe ser juzgado gravemente. “Este niño no se identifica con su “yo” del futuro”, escribe. “Su actitud hacía sí mismo en el futuro es de muchas maneras como su actitud hacia otras personas”.

A partir de este postulado, muchos psicólogos están considerando que esto podría describir precisamente nuestras actitudes en torno a nuestra propia toma de decisiones: resulta que vemos nuestros futuros “yos” como extraños. Esto, obviamente, afecta nuestra habilidad para tomar buenas decisiones para su –que es por supuesto el nuestro—bienestar. Aunque inevitablemente compartamos su destino, la persona en la que nos convertiremos en una década o en veinte años es desconocida para nosotros.

Esto hace bastante sentido y tiene un sinnúmero de implicaciones. Podemos elegir procrastinar, y dejar que alguna otra versión de nosotros se encargue de resolver las consecuencias después. O, como en el caso del niño de Parfit, podemos disfrutar del placer ahora e ignorar a aquél que pagará el precio.

Pero, si la procrastinación o la irresponsabilidad pueden derivarse de una conexión defectuosa con nuestras identidades futuras, es lógico pensar que al reforzar esta conexión podemos remediar hasta cierto punto el problema. Ésta es precisamente la táctica que algunos investigadores están implementando. Anne Wilson, psicóloga de la Universidad Wilfrid Laurier en Canadá, ha manipulado la percepción del tiempo de algunas personas al presentarles una línea de tiempo en progresión hacia un evento próximo. “Usar una línea de tiempo más larga hace que las personas se sientan más conectadas a sus futuras identidades”, apunta Wilson. Eso alentó a los estudiantes a terminar sus quehaceres antes y ahorrarse el estrés de su identidad de fin de semestre. Lo que sucede con las líneas de tiempo es que forman algo así como una cuerda entre el presente y el futuro, y permiten que no podamos desligarnos de nuestros “yos” futuros tan fácil. Las metáforas visuales siempre han sido efectivas para concebir lo ignorado.

Otro experimento, llevado a cabo por Hal Hershfield, ha tomado un método un poco más sofisticado. Él y sus colegas llevaron a los participantes a un cuarto de realidad virtual y les pidieron que se vieran en un espejo. Los sujetos vieron ya sea su rostro presente o una imagen digitalizada de sí mismos que los hacía verse viejos. Cuando salieron del cuarto se les preguntó cómo gastarían mil dólares. La mayoría de aquellos expuestos a la foto envejecida dijeron que gastarían el dinero en una cuenta de retiro. Aquellos que vieron su imagen fiel dijeron toda suerte de otras cosas.

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Ambas técnicas parecen eficaces. Pero puede ser aún mucho más práctico: si esta teoría está en lo correcto, y la manera en que tratamos a nuestros “yos” futuros es igual a como tratamos a alguien más, podemos tratar mejor a los demás. En relaciones o en matrimonios, por ejemplo, hacemos sacrificios por el otro todo el tiempo. Entonces el hilo de plata que podría remediar nuestra disociación con el futuro es una razón más para ser buenos con los otros. Para tener empatía con ellos, que también somos nosotros en algún momento.

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Similar a lo que ocurrió en el siglo XVI con la llamada Era del Descubrimiento —durante la cual occidente se autoimpuso la misión de explorar el mundo—, tal vez pronto estaremos frente a una situación que demande nuestra naturaleza exploradora. La 'apertura' del espacio exterior sería el detonante de este nuevo, y esencialmente aventurado, 'expedicionismo', pero también aplicaría en distintos niveles metafóricos, con la necesidad de referenciar otros mundos, por ejemplo el ya consolidado, pero aún incierto, hiperespacio, o incluso los ecosistemas generados a partir de la interacción en torno a nuevos paradigmas socioculturales.

Ya sea en un plano físico, virtual, metafórico, imaginario, o todos juntos simultáneamente, parece buen momento para definir los instrumentos que nos serían útiles en esta nueva exploración colectiva. Recordando aquellos tiempos en los que azarosos marineros debían entregarse a la suerte de rutas virginales, con mapas plagados de suposiciones geográficas, el desdoblamiento de nuevos paisajes nos exige nuevas cartografías. Y de acuerdo a esta misión parece que deberíamos voltear hacia herramientas trascendentales, aquellas que puedan servir en contextos ajenos, lejos de las comodidades ideológicas y prácticas que florecen en nuestro actual jardín cultural. En este sentido, si tenemos que recurrir a algo trascendental pero ya familiar, o al menos conocido, parece que la respuesta está en los antiguos conocimientos, gestados hace milenios, cuando la cotidianidad era ineludiblemente sagrada. Y me refiero a la química medicinal, aquella popularizada por Paracelso, la perspicacia que dio lugar a la botánica, el entendimiento de los astros, como un ecualizador de patrones naturales,  así como nociones de pragmatismo intuitivo.  

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Partiendo de la pregunta ¿qué otros sistemas de conocimiento ancestral tendremos que redescubrir de acuerdo a los retos que tenemos por delante? nace el taller The Age of Re:Discovery (La Era del Re:Descubrimiento), invitando a artistas, estudiantes, académicos, libres pensadores y demás fauna altercontemporánea a descubrir colectivamente la respuesta. A lo largo de nueve meses (29 de enero-19 de octubre) "se contempla estudiar las técnicas históricas de navegación, como espina dorsal de la narrativa; y luego mostrar su asociación a la biología, la botánica, astronomía, mecánica, física, química, comercio y medicina, a lo largo de la historia".

Este tan poco usual, como altamente estimulante taller, será impartido por Rohit Gupta, un lúcido autodidacta, especializado en la historia de la ciencia y, en particular, de las matemáticas. Algunos de sus proyectos anteriores han sido cubiertos por medios como la BBC y Wired. El taller tendrá un costo de $180 dólares y si quieres más información puedes encontrarla aquí. Tal vez ésta sea una oportunidad para construir la brújula que ayudará a tu camino personal. Pero sólo tal vez. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis