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Exconvicto regresa a prisión a enseñar a internos meditación y “dharma en el infierno” (VIDEO)

Salud

Por: pijamasurf - 01/08/2014

Al salir de prisión Maull siguió estudiando meditación y psicología para luego fundar el Prision Mindfulness Institute y participar en el programa "Path of Freedom", que enseña meditación a internos.

 

Fleet Maull es un hombre que pasó 14 años detrás de las barras por tráfico de drogas y que ahora ha implementado un programa en diferentes prisiones para ayudar a los internos a asimilar su experiencia. Maull se interesó en la meditación desde antes de su encarcelamiento e intensificó su práctica siguiendo el trabajo de Chogyam Trungpa Rinpoche durante el cumplimiento de su sentencia. Practicando una veta meditativa del "mindfulness" (o atención consciente), Maull pudo soportar de mejor manera su encarcelamiento.

Al salir de prisión Maull siguió estudiando meditación y psicología para luego fundar el Prision Mindfulness Institute y participar en el programa "Path of Freedom", que enseña meditación a internos e intenta transmitir una serie de valores que pueden encontrarse en el budismo o en algunos autores de psicología (el budismo mismo para algunos es, más que una religión, una psicología).  Junto con una serie de investigadores, Maull se encuentra haciendo una investigación en la Prisión de Rhode Island, en la cual se documentan los beneficios que genera la meditación en la rehabilitación de los prisioneros. Como puede verse en el video, los internos parecen vivir una serie de transformaciones que les permiten hacer más llevadera su estancia en la cárcel. El mismo Maull llama en ocasiones a lo que hace "la práctica de dharma en el infierno".

El zen de la cárcel parece ser una de las disciplinas más prometedoras para verdaderamente rehabilitar y ayudar a los internos, pues cumple con el espíritu que inspira la fundación de estas instituciones de readaptar a los prisioneros y no servir como un semillero de más crimen. El trabajo de Maull recuerda el experimento del entonces profesor de Harvard, Tim Leary, que intentó rehabilitar a convictos administrándoles psilocibina.

A propósito de este singular caso, recordamos el libro Dharma Punx, de Noah Levine, reseñado hace un tiempo en Pijama Surf:

Lo que mayor empatía me genera del trayecto que nos comparte en Dharma Punx su autor, es que desmitifica la práctica espiritual como un recinto elitista, poco accesible, y completamente uniformado. Noah combina sus retiros de meditación con tocadas de bandas como Operation Ivy, Monster Crew y Fury 66, lo cual, más allá de resultarnos simpático, también nos muestra que las antiguas tradiciones místicas pueden ser perfectamente compatibles con nuestras circunstancias personales (lo cual nos remite al experimento de Budismo Open-Source de Kint Finley). Además, más allá de la virtual comodidad de trabajar tu merkaba desde templos, retiros, o talleres, este punk budista sale al llano y se involucra con múltiples programas de ayuda comunitaria y servicio social, lo cual es dificil dejar de admirarle a cualquiera que lo haga.

Curiosamente Noah era un perfecto candidato para caer en el puritanismo del cual les platicaba hace unas líneas, sobretodo si tomamos en cuenta que durante varios años estuvo nadando en las estepas inferiores del fango existencial. Por otro lado, fácilmente habría podido perfilarse en dirección del jet-set espiritual, y en particular del budismo Theravada –su padre, Stephen, es un reconocido maestro de meditación, cercano a otros machos alpha del budismo en occidente como Jack Kornfield o el buen Ram Dass). Pero no obstante su cercanía con estas inercias que hubiesen podido desacreditar su historia, convirtiéndolo en un predicador más del budismo pop, nuestro autor y protagonista sale avante de tan comunes tentaciones. Y tal vez aquí radica el mayor valor no solo de su aventura ahora impresa, sino de su integridad como “observador”. Por si no fuese suficiente para calificar esta obra como una crónica útil, Noah no desaprovecha la oportunidad para compartir su desilusión ‘gúrica’, con el afán, supongo, de alertar a todos aquellos que depositan su propio camino espiritual en las manos de un cuasi-iluminado maestro o incuestionable gurú (“Be yourself, everybody else is taken”). Lo anterior toma aún más valor si reconocemos que este es uno de los más nefastos vicios de aquellos que buscan reflorecer su espíritu.

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¿Es el hombre el verdadero sexo débil?

Salud

Por: pijamasurf - 01/08/2014

Estudios sugieren que los hombres tienen un sistema inmune más débil y son más susceptibles a factores externos que afectan su salud.

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La impronta de nuestra cultura nos dice que los hombres son más fuertes que las mujeres, tanto física como emocionalmente. Esta noción, herencia del paternalismo, puede ser hoy refutada por la ciencia.

Por su propia constitución genética los hombres son más frágiles y susceptibles a insecticidas, contaminación ambiental y exposición a metales y diferentes químicos; tienen un sistema inmune menos eficiente que el de las mujeres —quienes, entre otras cosas, se enferman menos de gripes.

Alicia Shabecoff en la revista Scientific American compila una serie de estudios que apuntan a que el "hombre es el sexo débil". El primer punto es que si bien a lo largo de la historia el número de niños que nacía era superior al de niñas en una relación de 106 a 100, esto es casi una forma de providencia de la naturaleza, ya que los niños suelen tener mayores complicaciones para superar el parto, ahora esta relación parece haberse alterado. En Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón y en la mayoría de los lugares en los que ha investigado, el número de hombres que nace ha ido disminuyendo en relación a las mujeres. Los niños tienen 2/3 más probabilidades de nacer prematuramente y 30% más posibilidades de morir antes de su primer año que las niñas. Esta diferencia también se ha incrementado, como si las mujeres se estuvieran haciendo más fuertes. 

Shabecoff continúa: Los niños tienen un mayor índice de autismo, hasta cinco veces más; son más susceptibles a la exposición al plomo;  y tienen más asma.

Los problemas parecen empezar en el útero. Los humanos inician con características femeninas (por eso los hombres tienen pezones). La transformación de femenino a masculino tiene una serie de peripecias. "En la octava semana, cuando llega la primera secreción de testesoterona del gen Y, el cerebro unisex tiene que transformarse en un cerebro masculino, matando algunas células en los centros de comunicación y generando más células en los centros sexuales y de agresión". La complejidad reproductiva del hombre hace que tenga mayores divisiones celulares y con cada una de ellas el riesgo de tener errores y una mayor vulnerabilidad a la polución. El cromosoma X es más grande, tiene mayor información genética y brinda mayor protección; el hombre, al sólo tener uno de estos cromosomas, es más vulnerable. 

El sistema inmune de las mujeres es más fuerte ya que está empaquetado con estrógeno, la hormona femenina que contrarresta el proceso antioxidante. El estrógeno repara al cerebro después de una lesión neural. Bajos niveles de estrógeno hacen que los niños sean más sensibiles a lesiones en la cabeza. Por otro lado las mujeres suelen tener repuestas genéticas que favorecen sistemas inmunes más fuertes, como su tendencia a tener más orgasmos con hombres de rostros simétricos (lo cual es una señal de un sistema inmune más fuerte). 

Altos niveles de testosterona en el vientre materno son responsables de lo que el neurocientífico Simon Baron Cohen llama "el extremo cerebro masculino", el cual suelen exhibir los niños autistas, bajo en empatía y alto en sistematización.

La mejor inmunología de la mujer, de manera especulativa, podría entenderse en tanto que evolutivamente es más importante para los hijos que su madre esté más sana que su padre, esto por su mayor cercanía durante los primeros meses de existencia —lo cual evita contagios— y por el tiempo que pasan en su vientre.

Es curioso pero en los textos bíblicos y demás escrituras de creación se habla de que dios o los dioses preñan a la mujeres, "a las hijas del hombre" y en menor medida de que los hombres inseminen a las diosas —aunque en Grecia hay algo de esto. 

La menor empatía, aunada a una educación que fomenta en los niños un distanciamiento de sus propias emociones, hace que algunos hombres tengan problemas para comunicar y expresar sus sentimientos, lo cual puede provocar que presenten problemas para tener relaciones íntimas y emocionalmente profundas. Estudios recientes muestran que uno de los factores más ligados a la enfermedad y a la menor longevidad es la soledad.

Quizás sea hora de cambiar el paradigma de nuestra sociedad y de entender los valores femeninos, genéticos y culturales, para asimilarlos e incluirlos en la evolución misma del hombre, inextricable de la mujer. Aprender también de la lección de siglos en los que el hombre fue considerado como superior,  a través de la empatía, y buscar la igualdad sin dejar de reconocer la diferencia.