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Perú reabre división de la fuerza aérea para investigación de ovnis

Por: pijamasurf - 11/11/2013

El DIFAA fue creado en el 2001, pues los avistamientos ovni no son extraños en Perú. Con ella se espera saber qué son las luces que los pobladores y turistas han reportado hace años.

La fuerza aérea de Perú ha anunciado que reabrirá su Departamento de Investigación de Fenómenos Aéreos Anómalos (DIFAA), inactivo durante los últimos cinco años, y que volverá a funcionar a causa del incremento en el número de reportes de ovnis en los medios de comunicación del país.

El coronel Julio Vucetich, vocero de la nueva etapa de la fuerza aérea peruana, afirma que muchas personas no reportan sus avistamientos al temer ser etiquetados como "locos", pero "esta nueva oficina necesita que esa gente venga y comunique sus observaciones para que podamos abrir un expediente y usar la información, hacer el respectivo análisis y la correspondiente investigación."

El militar declaró en entrevista con The Guardian que "hay varios lugares en Perú donde hay avistamientos regulares. Lo malo es que esos informes no se han probado, así que no puedo verificarlos en nombre de la Fuerza Aérea", y añadió a título personal su convicción de que "no estamos solos en este mundo o en el universo".

El DIFAA fue creado en el 2001, pues los avistamientos ovni no son extraños en Perú. Paulina Jiménez de 82 años vive en Chilca, en la costa, a 59 km al sur de Lima, y recuerda cómo hace 16 años observó "muchas luces brillantes" en el cielo. El investigador chileno del fenómeno ovni, Antonio Huneeus, afirmó por su parte que  este movimiento del gobierno peruano obedece también a que, en la región, "el público tiene la mente más abierta acerca del fenómeno ovni".

El DIFAA cuenta con una línea para reportes, la dirección de correo electrónico dinae@fap.mil.pe, y un sitio web donde las autoridades recaban materiales y dan seguimiento a los casos.

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Pianista en España enfrenta 7 años de cárcel por vecina que la acusa de contaminación acústica

Por: pijamasurf - 11/11/2013

En una ciudad de Cataluña una mujer denunció a su joven vecina por practicar piano con tal insistencia, que le causó ya “lesiones psíquicas”.

piano

Los conflictos entre vecinos de un mismo edificio son legendarios, fuente de anécdotas insólitas que demuestran lo compleja que puede ser la convivencia entre semejantes y cercanos.

Sin embargo, pocos casos como el sucedido hace unos días en España, concretamente en la localidad de Puigcerdà, en Cataluña, donde una mujer denunció a su vecina y a los padres de ella, acusando a la familia entera de “contaminación acústica”, porque la joven, estudiante de piano hace algunos años y ahora concertista, practicaba el instrumento “hasta ocho horas y cinco días a la semana”, según la versión de la quejosa recogida por el diario El País.

De acuerdo con la denunciante, de nombre Sonia, entre octubre de 2003 y septiembre de 2007 la recurrencia y la intensidad de la práctica fueron tales, que la mujer ha sufrido ya importantes secueles, entre ellas una “lesión psíquica consistente en un trastorno adaptativo con síntomas de ansiedad reactivo al estrés ambiental de tipo auditivo”.

La joven inició sus estudios de piano desde los 6 años, aunque fue sólo hasta los 18 cuando se entregó de lleno al instrumento. Actualmente cuenta con 28 años y, por otro lado, asegura que la queja de Sonia es insostenible debido a que durante el tiempo que ella señala como el de mayor molestia, la pianista se encontraba cursando un máster en Italia.

En cuanto a los padres de la muchacha, parte de su responsabilidad estriba en que no cumplieron adecuadamente las obras de insonorización que hubieran impedido o al menos aminorado la resonancia del sonido del piano en puntos localizados afuera de donde practicaba su hija.

De proceder la queja, la pianista enfrenta una pena de cárcel de poco más de 7 años: seis años por un delito contra el medio ambiente y un año y medio más por lesiones psíquicas contra la denunciante. Asimismo, la familia se haría acreedora a una multa de 10.800 euros por la misma falta de “contaminación acústica” y una indemnización de 9,900 euros.