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Un grupo de estudiantes preocupado por los temas migratorios creó una casa de ayuda que en tan solo tres años ha alimentado y asistido a más de 10, 588 migrantes.

 

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 Todos, en mayor o menor medida, nos hemos enterado de los abusos que enfrentan los migrantes en su paso por México hacia Estados Unidos y de las injusticias perpetradas por actores tan diversos como autoridades (en su mayoría policías municipales), ejidatarios o el crimen organizado, todo esto aunado a una sociedad pasiva ante este sufrimiento.

Afortunadamente, frente a esta "crisis humanitaria" (como le llaman algunos al actual atropello de derechos humanos en México), hay personas comprometidas con esta lastimosa realidad, que potencian su opinión con acciones que cambian realidades: tal es el caso de los miembros de  la organización pro migrantes FM4 .

El problema migratorio de centroamericanos en su paso por México es complejo, principalmente porque para  las normas mexicanas ellos son ilegales y, por lo tanto, criminales. Lo anterior los expone a  los abusos constantes, ya que no pueden defenderse ante las autoridades pues serían deportados. Aunque el principal factor estructural que propicia la migración es la pobreza, podemos contribuir a que el paso de los migrantes por el país sea más digno, toda vez que éste es un fenómeno que no cesará nunca.

En este contexto, hace unos años, un grupo de estudiantes de Guadalajara se reunió para discutir el fenómeno de la migración por México; su primer acción fue contundente, se fueron a lo más esencial: intentaron ayudarlos brindándoles comida. Posteriormente, una señora les prestó un pequeño sitio para guardar comida, después lograron alianzas con preparatorias locales para que las alumnas cocinaran la comida. Más tarde, abrieron el comedor CAM (Centro de Atención al Migrante) el cual, con apenas tres años de apertura, ha dado de comer a más de 10 mil migrantes, proporcionándoles además, en alianza con una organización francesa, llamadas telefónicas  nacionales e internacionales por Internet para que puedan comunicarse con sus conocidos o familiares.

Podríamos creer que lo anterior no resuelve los problemas que producen la migración, como la pobreza y la violencia, sin embargo, FM4 se ha integrado a una red de organizaciones que presiona  al gobierno para que cuide los derechos humanos de quienes transitan por México en busca de oportunidades.

En entrevista, Alonso Hernández, miembro de FM4 nos aconseja, entre otros temas, cómo ayudar a los migrantes en su trayecto a Estados Unidos:

Las acciones pequeñas cuentan; pueden organizarse desde el nivel más básico, con los vecinos, para dar de comer en determinados días. Aunque definitivamente  lo mejor es  afiliarse a una organización que se dedique al tema. Creemos que cuando nos enlazamos y  tejemos redes que crean condiciones solidarias, estamos en condiciones de hacer un poquito más que lo que se puede hacer individualmente.

En su último informe ustedes advierten que los migrantes comenzarán a quedarse en México…

Pensamos que de aprobarse la reforma migratoria en EU se  militarizaría la frontera, por lo  que habría más efectivos, tecnología, se consumaría el muro fronterizo y demás, por esto, a los migrantes les será más complicado llegar. En esa lógica, creemos que habrá más centroamericanos en nuestro país,  porque estarán buscando un mínimo de vida para permanecer un tiempo y esperar a que las condiciones cambien.  Por supuesto que se quedan en condiciones de vulnerabilidad porque, hay que decirlo, se están quedando y está pasando… no es una cifra relevante todavía pero ya está pasando.

El reto:

Lo que nos preocupa es que esta población  se quede a expensas del crimen  y de la indiferencia social; tenemos que empezar a preocuparnos por ellos como población, dejemos de pensar que el gobierno va a resolver los problemas.

 En conclusión, no podemos quedarnos inactivos ante un fenómeno de sufrimiento de estas magnitudes (el abuso a los migrantes en su tránsito por México). Podemos ayudar vinculándonos a alguna organización, pero sobre todo evitando creer que los problemas sociales son una responsabilidad del gobierno, para dar paso a una  responsabilidad activa, ciudadana, sobre lo que pasa a nuestro al rededor.

Aquí encontrarás  una lista de organismos que buscan dignificar el tránsito de los migrantes por México, ¡unámonos!

Twitter del autor: @anapauladelatd

 

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La cultura es un programa de realidad que puede, y debe, editarse; tú decides cómo vivir tu propio marco cultural.

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Muchos de nosotros aún tendemos a concebir la cultura como algo esencialmente positivo, relacionado con el arte, la música, la lectura, visitar museos, etc, pero quizá en algún momento nos demos cuenta que la cultura es mucho más que eso. De hecho, es algo parecido a un protocolo que utilizamos para experimentar la realidad, una herramienta para mediar entre nosotros y un todo, esencialmente caótico, que puede interpretarse a partir de infinitas posibilidades. 

En sintonía con lo anterior, pero aplicado a una colectividad, por ejemplo un determinado grupo social, la cultura podría definirse como un patrón dominante –por ser el más popular o el más ampliamente convenido–, de creencias y actitudes. Y si bien éste da vida a un marco referencial compartido, que favorece el funcionamiento coordinado entre los integrantes de dicho grupo, también representa un sistema limitante ante impulsos o iniciativas que decidan explorar más allá de los confines de este marco. En este sentido, la cultura también puede traducirse en una especie de prisión, que condiciona ciertas creencias y experiencias, desalentando todo aquello que aún no le pertenece. 

Sobra decir que no podemos vivir, al menos no por el momento, fuera de este sistema. Es fundamental darnos cuenta que la cultura es a fin de cuentas un mapa de realidad, y que como tal, es imposible que sea el propio territorio –como lúcidamente advirtió en su momento Korzybski. Pero por otro lado la idea de combatirla, o menospreciarla, resulta absurdo. Parece, entonces, que debemos imaginar una manera de relacionarnos con ella, que nos permita aprovechar sus bondades y, a la vez, sacudirnos sus limitaciones.

Frente a este reto nuestro fin debería ser el de tomar control de este sistema operativo, editarlo, resetearlo, incluso reprogramarlo. Nuestra interpretación cultural de las cosas sin duda no es la realidad, pero ello no implica que ese marco no sea de cierta utilidad, como tampoco que debamos aceptarlo ciegamente, excluyendo la posibilidad de crear, conscientemente, nuestra propia realidad (y enriquecer así la cultura colectiva). 

En pocas palabras, tal vez la manera más sana de lidiar con ese programa de realidad que llamamos cultura es, primero, darnos cuenta de su esencia: recordemos que es un cierto sistema, entre infinidad de sistemas posibles, que por diversas circunstancias nuestro contexto sociocultural ha elegido. Luego, tratemos de detectar los múltiples programas insertos dentro de ese gran sistema operativo, por ejemplo el lenguaje, el calendario, la familia, o la pareja. Una vez logrado esto, entonces podemos proceder a seleccionar conscientemente los componentes que de esos protocolos deseamos mantener, e imaginemos nuevos elementos para reemplazar aquellos que entorpecen nuestro desarrollo o exploración. Finalmente, repitamos este mismo proceso las veces que sea necesario con la esperanza de que en algún momento no necesitemos más de un mediador entre nosotros y ese caos infinito que podríamos llamar Unidad o Totalidad.

No, el mapa no es el territorio, pero si nos tomamos el tiempo y la energía de utilizarlo como un instrumento a nuestro favor, entonces seguramente este mapa nos llevará a algún lugar. 

Así que quizá la pregunta más pertinente sea ¿cómo puedo entablar una relación simbiótica con mi actual mapa cultural? y aún más allá ¿como puedo consumar ese proceso alquímico que se requiere para transformar una potencial prisión en un vasto palacio?

Y supongo que aquí nos toca a cada uno, hallar nuestras propias respuestas.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis