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El cine en México: un duopolio que nos obliga al cine comercial

Por: Ana Paula de la Torre - 11/13/2013

En México las cadenas de cine dominantes están concentradas en las empresas Cinemex y Cinépolis, las cuales favorecen el cine comercial sobre la diversidad; por su parte las pequeñas cadenas se encuentran rezagadas por la fuerza de las anteriores.

cineEl gran efecto negativo derivado de que las masas consumamos películas comerciales (generalmente ligadas a  historias predecibles, trilladas, materialistas, promovedoras de estereotipos de belleza, o de ciertos estilos de vida), es que este fenómeno genera un círculo vicioso en el que las cadenas de cine están interesadas únicamente en ofrecer contenidos fáciles y aceptados culturalmente, que no generen polémica o rupturas de paradigmas, para que puedan ser digeridos y comprados fácilmente por la mayoría. Nos venden lo fácil porque es lo que consumimos, pero a la vez lo consumimos porque es a lo que estamos acostumbrados.

Las nuevas ideas, las propuestas filosóficas, las historias que cambian la perspectivas de la vida y las cintas que nos confrontan son piezas que popularmente son consideradas de arte, por lo tanto, no comercializables, pero ¿en qué momento las historias fáciles se convirtieron en lo más vendible?, ¿no será más bien que la propia cultura consumista nos educa para elegir lo desechable? Lo cierto es que éticamente los criterios financieros no deberían ser los únicos considerados en  la exhibición de cine, pues desde ahí se genera cultura; se trata de un espacio que debería promover la pluralidad en la exposición de contenidos, como una forma de responsabilidad democrática y social, favoreciendo también la iniciativas independientes, generalmente portadoras de narrativas distintas que pluralizan, y por lo tanto enriquecen, el panorama.

En este sentido, en México las cadenas de cine se han regido tradicionalmente bajo criterios exclusivamente comerciales, y aunque es cierto que estas tienen qué sobrevivir financieramente, también es verdad que, como generadoras de cultura, debieran cumplir con cierta responsabilidad social promovida y exigida desde el gobierno, o al menos desde nosotros como sociedad.

En nuestro país, además de Cinemex y Cinépolis, Cinemark es la tercer cadena de cine con mayor presencia, en este contexto la Comisión Federal de Competencia acaba de autorizar la fusión de esta última con Cinemex. Para darnos una idea, en México Cinépolis cuenta con 3,104 salas y genera el 63.88% de los ingresos de taquilla, Cinemark tiene 290 salas y Cinemex, 210.

Entre otras cadenas de cine pequeñas, y las cuales frente al anterior duopolio cada vez  presentan menos probabilidades de subsistencia, están: Henry Cinemas, CineMagic, Citicinemas, Cinemanía, Rio Cinemas, Xtreme Cinemas, Gaviotas, Cinemas Rally, TuCine, entre otros pocos.

El problema más importante generado por el duopolio existente es que estos eligen a las distribuidoras que privilegian las películas comerciales, de esta forma, todas las distribuidoras pequeñas de cine independiente o alternativo terminan rezagadas, pues las demás cadenas de cine con interés en proyectar sus propuestas tienen muy poca presencia. Por lo anterior, las historias y propuestas de cine que consumimos terminan siendo aquellas más rentables, que, por consiguiente, poseen contenidos superficiales o desechables, repetidos  o fáciles de digerir, desperdiciando colectivamente el gran potencial que tiene el cine como generador de cultura, identidad y realidades.

En México, las distribuidoras de películas para las cadenas de cine son principalmente diez: Disney, Fox, Sony Columbia, Warner, Universal, Paramount, Videocine, Corazón, Gussi y Zima; las últimas cuatro con muy poca presencia en el mercado.

Como consumidores de cine interesados en la calidad, resultaría excelente que exigiéramos a la CFC que favorezca la competencia para las pequeñas cadenas de cine (quejándonos aquí de la resolución de su presidenta Alejandra Palacios Prieto sobre la fusión de Cinemark y Cinemex), pero además, deberíamos demandar que este gobierno, en alianza con CONACULTA por ejemplo, obligue a las grandes cadenas a que difundan el cine de las distribuidoras de películas no comerciales, como un derecho al arte y la información.

Es una necesidad que los medios masivos contribuyan a la evolución social, que abran nuestra mente y generen conciencias más críticas hacia una realidad cultural generalizada, basada en el consumo, el éxito y los estereotipos de vida que se promueven constantemente desde las historias de cine rentables.

Twitter del autor: @anapauladelatd 

 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.