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¿Cuáles son los países que están mejor preparados para el futuro?

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/09/2013

Ranking de consultoría revela qué países se perfilan a un mejor futuro a largo plazo, tomando en cuenta factores ambientales y de calidad de vida.

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Entre la plétora de índices económicos que existen para medir el status de un país, la mayoría suelen dejar a un lado una visión integrar de la economía –que después de todo tiene que ver ante todo con la calidad de vida más que con la cantidad de recursos.

Un nuevo reporte realizado por la consultoría RobecoSAM toma en cuenta diferentes indicadores y los resultados, como puede esperarse, difieren de la narrativa estándar. El reporte toma 17 factores ubicados en los sectores de medio ambiente (emisiones de carbono, energía renovable, etc.), gobierno (corrupción, inequidad) o sociales (expectativa de vida, nivel de satisfacción laboral, etc.). De aquí se obtiene un ranking más completo que mide el bienestar potencial de un país a mediano y a largo plazo –una pauta de estabilidad en relación a la naturaleza y a la sociedad.

Los resultados muestran a Suecia en primer lugar, Australia, Suiza, Dinamarca y Noruega. Como suele ocurrir en las mediciones de calidad de vida, Escandinavia claramente lleva la ventaja.  Chile es el prime país latinoamericano en el lugar 18, lo sigue México en el 30, Perú en el 38, Colombia y Argentina en el 42 y 43 respectivamente y Brasil en el 45. Así más o menos pintan las cosas según la firma RobecoSAM, cuyo reporte hace énfasis en la planeación futura integral, no dejando de lado factores ambientales y humanitarios en la vorágine del crecimiento bruto.

[FastCoExist]

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La realidad es un concepto político. Lo real es una construcción social eficiente para la dominación. Para la sujeción. La realidad no es una condición, pero se hace pasar por ella; por eso es política.

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No acepto el argumento de que una idea se impone porque es real. Propondría eliminar de nuestro vocabulario palabras como realidad y real. No son útiles; confunden demasiado.

Si hubiera –en el plano de las ideas- cosas reales y cosas irreales, todo sería muy evidente. Pero no lo es. Ese adjetivo impositivo no nos sirve, aunque no lo parezca.

La realidad no es una condición, sino una construcción. Las ideas no son reales, las volvemos reales.

¿Cómo funciona ese mecanismo?

Un marco conceptual, una cosmovisión, un paradigma define lo que dentro de su malla semántica es real y lo que no lo es. El capitalismo, el heliocentrismo, el existencialismo, el psicoanálisis y el constructivismo son cosmovisiones. Ahí dentro, hay cosas que son y otras que no son o son imposibles. El marco genera un espectro y fuera de él quedamos confinados a la irrealidad, con sus diferentes nombres y desprestigios: marginales, irreales, faltos de sentido común, artistas, locos, idealistas, tontos, narcisistas y demás.

La realidad -quiero decir- es un concepto político. No una inmanencia. Lo real es una construcción social eficiente para la dominación. Para la sujeción. La realidad no es una condición, pero se hace pasar por ella; por eso es política. Se presenta como condición y niega u oculta su condición de construcción.

Y con ella siempre viene su primo, el sentido común. Es el sentido que percibe lo que la cosmovisión define como verdadero. Es decir, es lo que alinea la determinación ideológica con la percepción sensorial. Y más. Más porque el sentido común muchas veces es más que sentido, para ser inteligencia común. (Común en el sentido de cierta, no de vulgar, claro está.) Sentimos y pensamos con criterio -“común”- si nuestras conclusiones caben en la trama semántica del paradigma dominante. Si no, carecemos de criterio; carecemos de equilibrio; estamos descarriados.

Por eso me niego a todo esto. Como aquéllos célebres que se negaron en los 60 pregonando –geniales- que fuéramos realistas haciendo lo imposible. Tenían razón. Es la única manera.

Cuando de transformaciones se trata (y en ésas andamos con la educación y la escuela), este tema de la realidad y el realismo juegan un papel clave. Transformar quiere decir quebrar la malla semiótica. Romper bolsa. Conectar lo interno con lo externo, e hibridizar. Válgame dios la blasfemia! Confundir un poco las cosas y anular el peso político de la realidad en el debate y el juicio. No aceptar que lo real juzgue. Solo queremos hacer una realidad nueva, como construcción.

Por eso es tan difícil transformar; que es lo mismo que innovar, cambiar y el resto de los verbos de la familia. Porque toca ideología, intereses, poderes. El transformador es siempre loco, antes que otra cosa. Maniático, idealista, iluso, manipulador, ingenuo, carente de sentido común, ridículo. Siempre es así. Por eso es tan difícil. Porque hacen falta las agallas, y la suerte, para atravesar ese fuego denso del ridículo y la exclusión para poder ponernos a la par, o a algo parecido a la paridad al menos. Y desde ahí empezar.

A veces nos ayudan las fisuras de la malla realista; porque a veces caduca. A veces sus flagrantes huecos nos ayudan a denunciar que el barco se hunde y que no era tierra firme, que era embarcación. Que el paradigma se hunde en su propia lógica quebrándose y se devela como construcción imperfecta, maniquea.

A veces tenemos esas chances y no hay que desperdiciarlas. Chances que no nos libran de nuestros riesgos, pero que nos dan oportunidades buenas de socavamiento eficaz.

La educación está agrietada. Está entrando aire en su acética cámara histórica y lo que era puro comienza a pudrirse, a velocidad. Hay muchas evidencias de eso; ya huele.

Preparémonos para los ridículos que haremos; soportemos la incomprensión general que padeceremos; sepámonos locos coyunturales y avancemos, convencidos de que lo imposible es, ahora, posible. No habrá otras oportunidades como esta.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

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