*

X

¿A qué suena el color azul? La extravagante psicoldelia de la sinestesia

Arte

Por: pijamasurf - 08/13/2013

La sinestesia es la percepción conjunta de varios tipos de sensaciones diferentes captados en un mismo acto perceptivo. "Oir" colores o "ver" sonidos son algunas de las interferencias de la sinestesia, que por claras razones es un gran detonador del proceso creativo. En esta nota dos artistas que han compartido su (¿envidiable?) condición con el mundo.

La sinestesia es uno de esos desórdenes neuronales tan extravagantes que a veces desearíamos tenerlo. Se trata de una rara condición neuronal que lleva a la estimulación por un sendero sensorial que detona una experiencia por medio de otra; es decir, un corto circuito en las neuronas que permite que fenómenos tan extraños como escuchar colores, ver sonidos y probar olores tengan lugar. El parecido con lo que sucede con drogas psicodelicas como el LSD o la mescalina no es coincidencia; ocurren las mismas detonaciones neuronales y por lo tanto las correspondencias entre los sentidos se agudizan.

Hasta ahora se han identificado más de sesenta tipos de sinestesia. Algunos de los más comunes son las experiencias sensoriales cruzadas de color y sonido (“escuchar” un color o “ver” la música), y normalmente las personas que sufren de esto también tienen una memoria virtuosa o capacidades impresionantes para aprender idiomas.

Estas excentricidades neurológicas pueden, por razones obvias, ser una fuente de tremenda inspiración artística. Un ejemplo de esto es el trabajo de Michael Levy, quién cuando escucha música observa formas y colores en diferentes tonos, modulaciones, frecuencias y armonías. Su película animada Giant Seps captura esta experiencia única al visualizar la música de John Coltrane mediante su ojo sinestésico.

Otro fascinante ejemplo es el del ingeniero de software Stephen Malinowski quien ha estado trayendo al mundo una manera más intuitiva y visceral de entender la música clásica. Su “Máquina de animación musical” transforma algunas de las composiciones más complejas en la historia de la música en hermosas visualizaciones.

“La música se mueve y puede ser entendida sólo con escucharla. Pero una partitura convencional se queda quieta, y puede ser entendida sólo después de años de entrenamiento. La Máquina de Animación Musical une este espacio y puede ser entendida sólo con verla”, apunta el artista.

Lo que hace tan fascinante al fenómeno de sinestesia es que aunque a la mayoría de las personas no nos sucedan estos afortunados cortos circuitos, sí podemos entender que la música evoque colores, o que una letra del alfabeto suene más azul que otra. Por lo tanto, desde un lugar extraño y difícil de localizar, podemos entender perfecto los colores de Vivaldi.

[Brain Pickings]

 

Te podría interesar:

Una lúgubre pregunta: ¿qué imagen tuya quieres que las personas contemplen cuando mueras? ¿Cuál sería tu profile pic para la posteridad? Una pregunta que en primera instancia parece recargada de vanidad --además de colocarnos en un aprieto, en la era de la proliferación de las imágenes en las redes sociales, qué pesadilla elegir sólo una... y no poder actualizarla o destagearnos. Elegir sólo una imagen, conscientes del poder de la imagen, aunque con la posibilidad de que nuestra conciencia no sea más y nada de lo que generemos a la postre tenga un efecto sobre nuestro ser... Este es el predicamento en el que nos coloca el fotógrafo Frieke Janssens, quien a la vez lleva el luto al lucro, cobrando 1,100 dólares por la imagen perfecta, sucedáneo de la inmortalidad.

Janssens y su equipo tomarán tu retrato, antes con una asesoría estilística, y retocarán la imagen para obtener un resultado inmaculado, el cual se imprimirá sobre una placa de porcelana ovalada --en la muerte aún deseamos la pureza. 

La propuesta de Janssens tiene una clara lectura usurera y de vanidad de ultratumba, pero por otro lado me parece bienvenida en tanto a que nos hace reflexionar sobre la muerte,  fortuitamente nos regala un memento mori. Y meditar sobre la muerte es, me parece, una de las acciones más provechosas para el ser humano, ya que pocas cosas nos sitúan en el presente, en una posición panorámica tan vital como pensar en la inminencia de nuestra muerte. Muchas tradiciones místicas recomiendan todos los días dedicarle un momento --puede ser en la mañana ante el espejo-- a recordar que en cualquier momento podemos morir. La muerte es el más grande acicate de vida, como un reloj que sólo escuchamos correr pero que no podemos leer, y que nos persigue con una luz fantasma, que es a fin de cuentas nuestra amiga... nos persigue pero es una puerta.  

En ocasiones nos puede parecer tétrico pensar en la muerte, dedicarle nuestra energía a pensar que moriremos --a que todas las cosas se desvanecen y se corrompen, a esa bisagra ubicua y agusanda que todo lo devora y lo reinicia. Pero si somos conscientes de la impermanencia inherente a todas las cosas --la firma de la muerte--, entonces la riqueza de la vida estará en la plenitud de los instantes, cada uno tan valioso como una vida entera y de toda potencia (granada secreta). O, en otro aspecto, si buscamos trascender la impermanencia, entonces la muerte será la gran meta, y la vida el entrenamiento para cruzar, con la conciencia, esa puerta perpetua. Así, si te preocupa la imagen que mostrarás el día de tu muerte, entonces debe se saber que esa imagen se está formando en este momento.

Twitter del autor: @alepholo