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Selectos cursos universitarios en línea para pasar los días más calurosos del verano

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/22/2013

Las altas temperaturas del verano son un buen pretexto para pasar la temporada en la comodidad de interesantes cursos que prestigiosas instituciones ofrecen gratuitamente por Internet.
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"The Dog Days Of Summer", Janet Hill

El verano llegó, y con este los días más calurosos del año, la llamada canícula que tiene este nombre porque en la antigüedad la temporada más ardiente coincidía con el avistamiento por la mañana de Sirio, la estrella principal de la constelación del Can Mayor (“Latiendo el Can del cielo estaba”, dice Góngora en su Fábula de Polifemo y Galatea, aludiendo a este fenómeno astronómico y su incidencia sobre el enardecimiento súbito e incontrolable de las pasiones amorosas).

Y si bien estos días pueden pasarse en la playa o en algún lugar donde el calor sea motivo de placer antes que de pesar, lo cierto es que aliviar de esta u otra manera la circunstancia climática no siempre es posible.

Para aquellos que encuentren en esta situación, compartimos, vía el sitio Open Culture, una lista de cursos en línea sobre diversos temas que, además de estar abiertos para el público en general, pueden seguirse sin ningún costo.

Después de todo, la canícula bien puede pasarse con una buena bebida fría, ropa ligera, un asiento cómodo y, digamos, una buena plática sobre la sonata Waldstein de Beethoven.

The Modern and the Postmodern, Wesleyan, 29 de julio (14 semanas)

A Brief History of Humankind, Universidad Hebrea de Jerusalén, 11 de agosto (17 semanas)

Think Again: How to Reason and Argue, Duke, 26 de agosto (12 semanas)

Age of Globalization, UT Austin on edX, 1 de septiembre (15 semanas)

Exploring Beethoven’s Piano Sonatas, Curtis Institute of Music, 3 de septiembre (5 semanas)

Ideas of the 20th Century, UT Austin, 15 de septiembre (13 semanas)

 

[Open Culture]

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La oposición entre la escuela y la vida se condensa en la capacidad de cada una para la sorpresa: mientras que en una podemos ir de admiración en admiración, la otra parece confinada a la monotonía y el aburrimiento.
[caption id="attachment_62760" align="aligncenter" width="512"]sillas Salón de clases en De La Salle Dasmariñas, Filipinas (Eric James Sarmiento / flickr)[/caption]

La escuela, no.

La escuela nos da monotonías, previsibilidades, controles y cerrazones como si fueran un valor. Pero no lo son. La escuela se precia de lo que no vale.

Si algo introducen PISA y el marco conceptual pedagógico del desarrollo de competencias en el debate educativo es, precisamente, que las competencias clave para la vida se verifican mediante el desempeño y ese desempeño necesita, para ser tal, plasmarse en situaciones abiertas, inciertas, no predefinidas.

Seré bueno para la vida el día en que mi desempeño en la vida misma así lo evidencie. Cuando sea capaz de actuar donde no sé qué pasa y desarrollarme donde no conozco; cuando consiga imponer mi parecer en medios nuevos y negociar con aquéllos con los que no tengo antecedentes. Enfrentarme a situaciones no laboratorizadas. Aprender del desamor.

Pero la escuela no. La escuela me vuelve a poner, una y otra vez, el mismo reactivo ante mi pupitre para que yo acierte como los que acertaron antes o falle como los que ya fallaron antes. La escuela no me sorprende ni mucho menos se sorprende conmigo. La escuela no me subjetiviza; me estandariza. El maestro ya sabe qué puede pasar con ese ejercicio; ya se aburre y se ha vuelto solo un ser reflejo. Yo soy, para él, una previsión y acabo creyéndomela.

Pero la capacidad de sorprender y de sorprendernos es, probablemente, la capacidad fundacional de nuestra condición humana plena. Quedar pasmados es una señal máxima de humanidad. No saber es el gesto más sabio. Enfrentar a tientas es vivir la vida. Arriesgar es el DNA de los procesos vitales.

Hay pocos laboratorios de escuelas, pero la escuela es un laboratorio. Y sería mucho mejor exactamente a la inversa. La escuela no se aventura y hay pocas escuelas aventureras; muy pocas, que más que marcar una tendencia confirman la regla de las demás que se exculpan en ellas. La escuela se refugia y controla sus variables (de laboratorio) para que allí, en su ámbito y su alcance, no suceda lo que ella misma no sabe cómo gestionar. Las comunidades escolares repudian los experimentos, pero aman sus laboratorios. Detestan ser ámbito de innovación. Queremos (inmoral e inconvenientemente) que las pruebas educativas las “hagan en África” y no con nuestros hijos. Solo queremos lo probado, que es lo aplastado.

¿A poco que las pruebas, las audacias, las innovaciones y las aventuras educativas en general son peores que las consuetudinarias prácticas anquilosadas? Tengo para mi que no. Por eso dejo que mis hijos sean cobayos de laboratorios nuevos, a ver si se salvan. Y te invito…

Conservamos hasta lo indecible lo que ya no vale. Cerramos hasta lo inaudito lo que acaba aburriéndonos de previsibilidad. Tiramos para abajo, en general. Nosotros, la opinión pública; el sentido común. Entorpecemos las audacias a cuenta de lo que nos entierra a cada día. Negamos la vida creando microclimas insólitos. Nos autocomplacemos mintiéndonos y arrastramos a la institución en esas fantochadas. Sacamos miles de fotos de lo que no somos. Exigimos seguridad en el siglo XXI. Nos asustan las sorpresas. Nos preocupa si la tarea no llega, si el profesor es gay, si la bandera no se iza algún día, si la maestra olvidó la letra del himno o si la mochila no porta transportador. Nos indigna la maestra despeinada y con caligrafía desalineada. Nos da insondable sospecha la directora joven. Nos inquieta la falta de recordatorios de la escuela al padre para que mi hijo asuma alguna de sus propias responsabilidades.

La vida te da sorpresas porque así es la vida. Y la escuela, que dice que educa para la vida (y lo diga o no, es para lo que debe educar), se aterra con ellas. Es verdad que las sorpresas inquietan, cómo no; como movilizan, hinchan las venas, dan adrenalina, excitan, dan ganas, fuerzan, jalan, exigen y nos impulsan. ¿Cómo, si no? La escuela, no.