*

X
Las redes sociales pueden ser un poderoso detonador de sentimientos bajos y estados depresivos, pero Instagram se gana el cuadro de honor. La explicación es esta:

2544572ee4a811e1985822000a1d011d_7_large beach-desconhecidas-girls-instagram-Favim.com-680236

 

El Instituto Human-Computer en Carnegie Mellon encontró que tu “consumo pasivo” del historial de tus amigos, y tu propia emisión de contenido hacia grandes audiencias en Facebook se correlacionan con sentimientos de soledad e incluso de depresión. Otro estudio anterior había mostrado que el “seguimiento pasivo” en Facebook detona emociones como la envidia y el resentimiento en muchos usuarios, principalmente los que dedican tiempo a ver “fotos vacacionales” de sus amigos.

Todos estos estudios hacen hincapié en que no es Facebook per se lo que genera estados de desconexión y celos, sino usos específicos del sitio. Si las horas que pasas en Facebook las inviertes en ver estatus y fotos de los demás (especialmente fotos vacacionales), entonces la ciencia confirma que has entrado en una relación sadomasoquista semi-consensual con Facebook y necesitas romper el ciclo.

Ahora, Facebook no es el número uno en fomentar este tipo de ciclos emocionales de baja frecuencia; es Instagram. Esto hace sentido si pensamos que en Instagram sólo hay fotografías, la mayoría de las cuales son auto halagadoras y muestran una edición cuidadosa de la vida de los usuarios. Una que normalmente los exalta. En Instagram “tienes claves más explícitas e implícitas de personas siendo felices, ricas y exitosas que en una actualización de estatus”, apunta Hanna Krasnova, coautora del estudio sobre Facebook y la envidia. “Una foto puede ser poderosa al provocar comparaciones sociales inmediatas, y puede detonar sentimientos de inferioridad. Uno no envidia un estatus”.  

Instagram, también, incrementa tus posibilidades de violar la “delgada línea del acoso virtual”. Es común que los usuarios de Instagram se metan a ver el perfil de alguien que apenas conocen y vean todas sus fotografías (sobre todo las que retratan personas) y caigan, silenciosamente, en el mero “chisme” de lo que hacen los extraños. Pero, por supuesto, Instagram ofrece muchas otras posibilidades estéticas y relacionales, que es lo que lo hace una red social bastante nutritiva. Hay muchos usuarios --aunque lamentablemente sean la minoría-- que utilizan esta plataforma para mostrar instantes seductores de la vida, publicados más para inspirar que para cualquier otra cosa. Habrá que utilizarlo de esta manera, que es la mejor de sus versiones.

[Slate]

 

Te podría interesar:
Jeffrey P. Bezos, fundador de Amazon, adquirió ayer el emblemático diario The Washington Post por la suma de 250 millones de dólares, una compra que tal vez confirma el inevitable tránsito de los medios impresos al mundo digital.

bezos_washington_post

El día de ayer se dio a conocer que el fundador de Amazon, Jeffrey P. Bezos, compró uno de los periódicos más emblemáticos de Estados Unidos, The Washington Post, por la suma de 250 millones de dólares.

El anuncio provocó cierto revuelo no solo por la importancia histórica del diario (entre otros momentos significativos, en el Washington Post comenzó la caída de Richard Nixon, al publicarse en sus páginas las filtraciones que después se conocerían como el “Watergate”), sino por el estado mismo de la prensa escrita, que según parece ya se encuentra más que encaminada hacia el terreno de lo digital.

En este sentido destaca que una de las causas por la cual la familia Graham decidió vender el diario, después de tres generaciones que lo han dirigido, es la crisis económica que no pudo superar desde que en los últimos años los anunciantes se volcaron a Internet, entre otras circunstancias de nuestra época que han convertido la red en la fuente principal de acceso a la información, relegando a segundo plano medios como los periódicos y las revistas.

La revista The Atlantic, una de las de mayor linaje en Estados Unidos, reflexiona sobre si la adquisición de Bezos marca el fin de una era; no sólo del periodismo tradicional cediendo a lo digital, sino del periodismo de investigación, de largo aliento, como caracterizó en su momento al Post (pero que no era ya rentable), éste cediendo a la dinámica de los snippets, propia de la atención fragmentada de nuestra era.

[NYT]