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Las redes sociales pueden ser un poderoso detonador de sentimientos bajos y estados depresivos, pero Instagram se gana el cuadro de honor. La explicación es esta:

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El Instituto Human-Computer en Carnegie Mellon encontró que tu “consumo pasivo” del historial de tus amigos, y tu propia emisión de contenido hacia grandes audiencias en Facebook se correlacionan con sentimientos de soledad e incluso de depresión. Otro estudio anterior había mostrado que el “seguimiento pasivo” en Facebook detona emociones como la envidia y el resentimiento en muchos usuarios, principalmente los que dedican tiempo a ver “fotos vacacionales” de sus amigos.

Todos estos estudios hacen hincapié en que no es Facebook per se lo que genera estados de desconexión y celos, sino usos específicos del sitio. Si las horas que pasas en Facebook las inviertes en ver estatus y fotos de los demás (especialmente fotos vacacionales), entonces la ciencia confirma que has entrado en una relación sadomasoquista semi-consensual con Facebook y necesitas romper el ciclo.

Ahora, Facebook no es el número uno en fomentar este tipo de ciclos emocionales de baja frecuencia; es Instagram. Esto hace sentido si pensamos que en Instagram sólo hay fotografías, la mayoría de las cuales son auto halagadoras y muestran una edición cuidadosa de la vida de los usuarios. Una que normalmente los exalta. En Instagram “tienes claves más explícitas e implícitas de personas siendo felices, ricas y exitosas que en una actualización de estatus”, apunta Hanna Krasnova, coautora del estudio sobre Facebook y la envidia. “Una foto puede ser poderosa al provocar comparaciones sociales inmediatas, y puede detonar sentimientos de inferioridad. Uno no envidia un estatus”.  

Instagram, también, incrementa tus posibilidades de violar la “delgada línea del acoso virtual”. Es común que los usuarios de Instagram se metan a ver el perfil de alguien que apenas conocen y vean todas sus fotografías (sobre todo las que retratan personas) y caigan, silenciosamente, en el mero “chisme” de lo que hacen los extraños. Pero, por supuesto, Instagram ofrece muchas otras posibilidades estéticas y relacionales, que es lo que lo hace una red social bastante nutritiva. Hay muchos usuarios --aunque lamentablemente sean la minoría-- que utilizan esta plataforma para mostrar instantes seductores de la vida, publicados más para inspirar que para cualquier otra cosa. Habrá que utilizarlo de esta manera, que es la mejor de sus versiones.

[Slate]

 

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El filósofo de la televisión y explorador Jason Silva discute la verdad y la belleza de la ciencia en una suerte de jazz existencial, recordándonos que lo que se busca en la era espacial es no es sólo la expansión del espacio físico sino la expansión de la mente también.

 

Jason Silva estudió cine y filosofía en Miami. En la revista The Atlantic lo llaman "el Timothy Leary de la época del video viral". Presenta el programa de Nat Geo llamado "Brain Games", y se describe a sí mismo como "techno optimista" en su cuenta de Twitter. Dada su manera de transmitir ideas a través de la palabra Silva ha sido descrito como un filósofo-performance, y aquí queda claro por qué. “En su nuevo video Exploring Space: Cosmic Revolutionaries, Silva explora la relación entre la búsqueda de conquistar el espacio y ir más allá de los límites de nuestro sistema planetario con la búsqueda interior de la trascendencia, entendiendo que "como es afuera, es adentro" y las estrellas son parte de una constelación psíquica. En su característico tono de grandilocuencia, este video que nos llama a asumirnos como "revolucionarios cósmicos" está hecho "a partir de imágenes cautivadoras y palabras que inspiran, y nos recuerda que la exploración espacial también es una cuestión existencial que va hacia los confines internos del ser humano".