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"Molly", la nueva encarnación del MDMA

Por: pijamasurf - 06/24/2013

El MDMA (o Éxtasis) ha pasado de ser una droga de fiesta a una droga de convivencia social para la generación Starbucks; sin embargo, su nueva presentación como "Molly" no hace menos peligrosos sus efectos adversos.

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En el mundo de las sustancias ilegales y su relación con la investigación de la conciencia (o el simple entretenimiento y el simulacro de iluminación y comunidad que aportan), el nombre comercial de las sustancias juega un importante papel en la narrativa dentro de la cual se inscribe la sustancia y los usuarios. Los ravers de los 80 y 90 no andaban por ahí diciendo que toman 3,4-metilendioxi-N-metilanfetamina (MDMA) --tomaban "Éxtasis" o "M", al igual que en los 70 los hippies no buscaban dietilamida de ácido lisérgico, sino LSD.

La última reencarnación del MDMA se comercializa como "Molly", y su presentación ha variado también: el MDMA fue patentado por los laboratorios Merck en 1914 y no volvió a aparecer hasta los años 70, cuando se buscaron algunos usos psicoterapéuticos debido a la empatía que la sustancia produce en los usuarios. Euforia, cercanía y disminución de la ansiedad, el MDMA pasó de ser una droga de fiesta durante los 90 a ser una sustancia casi tan común como la cafeína en algunos círculos de la población neoyorkina, por ejemplo en los gestores de bolsa de Wall Street.

La leyenda negra del MDMA afirmó durante mucho tiempo que la sustancia producía Parkinson, depresión aguda y "agujeros en el cerebro". El psiquiatra de la universidad de Harvard, John Halpern, afirma que esto es falso, y que la FDA ha aprobado que se investiguen los beneficios del MDMA en pacientes con estrés post traumático y control de ansiedad en pacientes terminales. "Una droga que de hecho mata células del cerebro --lo que no hace el MDMA-- es el alcohol", afirma. Esto, sin embargo, no quiere decir que el MDMA, aún en su nueva encarnación de Molly, sea una droga inocua o que deba tomarse a la ligera.

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Molly viene como un polvo cristalino, lo que le ha dado la impresión de ser una forma más pura de MDMA a algunas personas que nunca habían probado ningún tipo de drogas. Además "Molly" en el nombre mismo tiene algo de infantil, maternal y seguro, como "Mary Jane" para la cannabis o "Lucy" para el LSD. Así, Molly se abre paso a gran velocidad no en la escena de la fiesta y el baile como en los 90, sino en una generación de profesionales jóvenes que realizan cuidadosas decisiones de compra sobre su comida orgánica, su café hiperpersonalizado y su ropa libre de texturas sintéticas.

El peligro sigue siendo confiar en que la sustancia que se consume sea lo que efectivamente dice ser: nadie puede comprobar a primera vista la pureza de una sustancia, y nuevos compuestos son probados tanto para generar nuevos efectos como para comprometer la pureza de una sustancia (la cual, según una vieja ecuación, es menos pura mientras más lejos se encuentre de su fuente de producción, como la cocaína, cuya pureza es inversamente proporcional a la distancia del comprador con Colombia.)

Otros peligros propios del MDMA son efectos secundarios como rigidez en la mandíbula, deshidratación, ansiedad, insomnio, fiebre, pérdida de apetito, además de hipertermia, espasmos, alta presión sanguínea y depresión durante los días posteriores a su uso, debido a la caída en los niveles de serotonina del cerebro (que son llamados por algunos "Suicide Tuesdays", la resaca retrasada de la fiesta del fin de semana.) Por si sola, sin embargo, la sobredosis es poco común: sólo dos personas han muerto en Nueva York a causa del MDMA según un estudio en las salas de emergencia de Nueva York, entre 1997 y el 2000, aunque el uso de la sustancia se ha incrementado desde entonces.

Una dosis de Molly puede costar entre $20 y $50 dólares y es una droga de mayor aceptación social que la cocaína, puesto que no produce adicción física. La cocaína es sórdida, peligrosa y adictiva; la cannabis tiene un olor demasiado fuerte; Molly, en cambio, es una droga discreta, pero sería peligroso decir que es inocua: "Es cierto que [Molly] no es como la cocaína", afirma Car Marnell, una antigua usuaria, "y no hace que te raspe la nariz, pero a veces la tomas y no puedes dormir o te pones muy enfermo. Con todo, es una droga dura."

También en Pijama Surf: "Mitos psicoactivos: cómo las narrativas de las drogas alteran sus efectos en nuestra psique."

[NYTimes]

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Noam Chomsky: los seres humanos se están destruyendo a sí mismos

Por: pijamasurf - 06/24/2013

Chomsky habló sobre la situación en diversos países de medio Oriente y expresó su deseo de un futuro próximo de paz, aunque no cree que ocurra demasiado pronto.

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Noam Chomsky, el famoso lingüísta y activista antibélico, estuvo en Beirut la semana pasada para recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de dicha ciudad. Ahí aprovechó para hacer algunas declaraciones en torno al conflicto en Siria y sus peligrosas implicaciones para la región; además, con vocación filosófica que recuerda a la de Bertrand Russell, Chomsky afirmó que un mundo sin guerra donde sus nietos pudieran crecer seguros era una meta aún lejana.

"Los seres humanos están destruyéndose a sí mismos", dijo. 

Los acontecimientos que desencadenaron la primavera árabe el año pasado, donde el pueblo sirio tuvo parte activa, provocaron a su vez una brutal respuesta del gobierno, la cual amenaza con convertirse en un conflicto entre los sunis y los chiitas en Siria, lo que fue descrito por Chomsky como un "suicidio".

"Las protestas [del 2012] estuvieron enteramente justificadas, la gente no pudo haber predicho que existiría esta respuesta brutal, y una vez que la respuesta brutal tuvo lugar era casi inevitable evitar convertirla en un levantamiento armado. El país se dirige al suicidio, se está destruyendo a sí misma y es muy peligroso... La única y ligera esperanza que puedo ver es una solución negociada al estilo Ginebra, aunque sus prospectos son muy limitados."

Igualmente, el activista lamentó el aumento de la presencia de Hezbollah en Líbano, del que afirmó que "cualquier tipo de militarización ampliará ese conflicto". A un año de la primavera árabe, Chomsky afirmó que las libertades de expresión y prensa en países como Egipto llevan a creer que los logros de la gente podrían ser permanentes, pues "nadie hace el cambio si no está dispuesto a participar de los cambios", aunque matizó su entusiasmo con un poco de escepticismo en las perspectivas a futuro:

"Los gobiernos democráticos son mejores que los gobiernos totalitarios, pero no debemos volvernos dementes: ellos no reflejan el público. La brecha entre lo que el público desea y lo que el gobierno desea, la brecha es enorme."

Chomsky, de 84 años, se refirió al sueño que había motivado toda su labor intelectual durante la mayor parte de su vida como "un mundo donde mis nietos puedan vivir en paz, y no veo que vaya a ocurrir pronto. Pienso que si alguien nos está mirando desde Marte ahora, podría estar pensando que los seres humanos se están destruyendo a sí mismos justo como Siria se destruye a sí misma."

[The Daily Star]